Opinión
José Juan Cervera
05/08/2026 | Mérida, Yucatán
Las publicaciones periódicas de varias épocas contienen abundantes referencias que atraen el interés de estudiosos de la historia de la cultura, sumergidas en una dispersión que obliga a escudriñar sus páginas con paciencia y disciplina hasta dar forma a un sistema coherente de datos esclarecedores que sugieran nuevas búsquedas. Además, en sus páginas perviven textos que han permanecido al margen de los libros que recogen una parte de la obra de sus colaboradores, de tal manera que complementan los materiales expuestos en aquellos volúmenes.
La Revista de la Universidad de Yucatán publicó “La caricatura en Yucatán. Ensayo histórico”, de Roldán Peniche Barrera (1935-2024), en sus números 117-118 (mayo-junio, julio-agosto de 1978) y 119 (septiembre-octubre del mismo año), que también apareció en una separata en 1979, cuando dicho escritor dio a conocer, en el mismo órgano universitario, sus “Necesarias apostillas” al ensayo mencionado.
El escrito brinda un panorama del desarrollo de la caricatura en suelo yucatanense y de la trayectoria de sus más distinguidos creadores, tomando como punto de partida la extraordinaria labor de Gabriel Vicente Gahona (Picheta) en Don Bullebulle (1847); es así como se enfoca en los diversos medios de prensa que albergaron muestras de esa modalidad artística. Inserta el tema en un contexto que aborda las expresiones del ingenio popular, el humor característico que atribuye a los habitantes de la península, el repentismo y el llamado cultivo yucateco. La memoria colectiva evoca a numerosos personajes que animaron la vida cotidiana en Mérida y en otras poblaciones del estado con ocurrencias y excentricidades que a su vez nutren tales vertientes.
En el repaso de los impresos periódicos de ese tono figuran los decimonónicos que son de mención obligada, como el ya referido Don Bullebulle y La Burla (1860-1861). No todos se dedican preferentemente a la ilustración jocosa, pese a cederle espacio en la medida de cumplir un propósito definido dentro de su línea editorial. Pimienta y Mostaza, la revista literaria y de humor que registra tres épocas entre 1892 y 1903, alojó algunas caricaturas como las de su director Miguel Nogués (Becuadro) y Eduardo Urzaiz Rodríguez (Zeuxis). Observador atento de estas creaciones, el maestro Roldán señala que era común acompañarlas de textos versificados en distintos metros y combinaciones, práctica que fue perdiéndose con el paso del tiempo.
El recuento de los periódicos en que la caricatura hizo acto de presencia incluye, por ejemplo, a El Padre Clarencio –motivo de un libro que el historiador Felipe Escalante Tió publicó en 2014–, editado entre 1903 y 1909, cuyo director Carlos P. Escoffié se desempeñó al mismo tiempo como uno de sus ilustradores; Peniche Barrera le concede tal importancia que apunta: “podría ser el primer caricaturista moderno de Yucatán”. Sin embargo, introduce algunos matices cuando examina su proceder en este terreno: “Aunque no pocos de sus dibujos están muy bien logrados, algunos delatan defectos que no encontramos en otros dibujantes, como son la mala perspectiva, deficiente manejo de la anatomía y un sombreado que deja mucho que desear”. Añade que dicho semanario, entre sus entregas, reproducía caricaturas de publicaciones foráneas.
El autor clasifica por décadas los órganos de esta índole a partir del año de su aparición, con muestras tan significativas como La Campana (1906-1915), que tuvo entre sus colaboradores a Patricio Pérez Amora, Bernardino Mena Brito y Conrado W. Massaguer; La Caricatura, “el más longevo de los periódicos humorísticos” (1931-1970), forjó un prestigio que trascendió generaciones. Y muchos más, cada uno con particularidades de enfoque y tendencia.
El ensayo lleva como apéndice cinco entrevistas a dibujantes de caricaturas, algunos más recordados por destacar en otros campos humanísticos. Ellos son Alonso Rejón Montalvo (Rex), Humberto Lara y Lara, Arturo Abreu Gómez, Alfredo Barrera Vásquez y Pedro Vadillo Bojórquez. Otros caricaturistas de mérito fueron Ariosto Evia, Xavier Batista, Genaro Cocom, Fernando Castro Pacheco, Raúl Maldonado Cetina, Edgar Ceballos Escalante y el propio Roldán Peniche Barrera, quien deplora la escasez de cultores de este género alrededor de los años en que apareció su texto, arte que en la actualidad ha tendido a degradarse al punto de servir como instrumento de intereses retardatarios.
Edición: Fernando Sierra