Opinión
José Juan Cervera
08/07/2026 | Mérida, Yucatán
Para el maestro José Luis
El estudio de las ciencias sociales lleva a discernir los significados que pueden atribuirse a las relaciones humanas en su dimensión colectiva e incluso en la interpersonal, cuando las fronteras disciplinarias admiten combinaciones fecundas, tal como lo demuestran los géneros híbridos que resultan de ellas. Se trata de aproximaciones a la realidad con apoyo en marcos conceptuales que redundan en modelos básicos para explicar procesos de amplio alcance. El siglo XX fue pródigo en esta búsqueda de sentido de prácticas y sistemas emanados de la convivencia y del conflicto.
El auge de las investigaciones en este ámbito se reflejó en Yucatán con la creación del Departamento de Estudios Económicos y Sociales del Centro de Investigaciones Regionales de la entonces Universidad de Yucatán, en octubre de 1976. En el año siguiente apareció el primer número de Yucatán: Historia y Economía. Revista de Análisis Socioeconómico Regional, fechado en el bimestre mayo-junio. Sus ediciones se extendieron hasta 1983, reanudándose en 1986 con una entrega más, ya con un nombre distinto (Región y Sociedad), aunque asimiló el anterior a modo de subtítulo. Tuvo como coordinador a Francisco Anda Vela, y su consejo editorial varió con frecuencia, si bien en su inicio lo conformaron Jorge Montalvo Ferráez, Constantino Paz H., Luis Vera Abad y Tomás Vera Pren; después incorporó a investigadores que colaboraron con textos de su autoría. En su número 9 añadió a los ayudantes de investigación como una manera de apoyar su tarea, abriendo espacio para que también dieran a conocer sus escritos, además de hacerlos partícipes en la toma de decisiones: “En cumplimiento de las normas que el colectivo que labora en el Departamento se ha dado, se deposita la dirección de la revista en el Consejo Editorial que está compuesto, desde ahora, en la totalidad de los ayudantes de investigación y los investigadores que aquí trabajan”.
El formato cómodo de su edición distribuyó los textos en páginas a dos columnas impresas en papel bond, con un tiraje de 1500 ejemplares en 1979. Sus primeros números fueron ilustrados con reproducciones de imágenes litográficas, pero con el tiempo las sustituyeron fotografías de Christian Rasmussen y de Humberto Suaste. Si bien abordó tanto problemas urbanos como rurales, su contenido hizo énfasis en los asuntos vinculados con la industria henequenera, tanto en lo que se refiere a sus fases agrícolas como en lo que atañe al procesamiento de la fibra, formas de organización y luchas políticas asociadas con ella, más aún si se considera que en ese lapso, de acuerdo con lo que apunta Pedro Echeverría Várguez en uno de sus artículos, “más del 40 % de la población económicamente activa del estado de Yucatán tiene que ver con el henequén”. Esto explica la presencia de una sección fija que recopilaba notas periodísticas ligadas con aspectos diversos en torno al agave.
También era posible hallar materiales acerca de otros cultivos, estudios sectoriales, asuntos educativos, religiosos y metodológicos. Se nutrió, de igual modo, con avances de proyectos de investigación, ponencias llevadas a varios foros y traducciones. En su número 7 reprodujo el opúsculo El socialismo en Yucatán, de Carlos Loveira, que se publicó originalmente en La Habana en 1923. Hay artículos que resultan memorables, sea porque aportaron sugestivas líneas de investigación, por abrir brecha en el debate de ideas o por introducir temas que luego fueron tratados con amplitud en libros monográficos. Son de señalarse como ejemplos los que abordan el episodio azucarero en Yucatán (Howard Cline), las élites porfirianas en la península (Gilbert Joseph) y la música maya (Max Jardow-Pedersen). “Aquí se estrelló la ciencia”, de Silvia Terán, incidió en la polémica acerca de los métodos en la antropología y motivó una crítica de Samuel Villela en las mismas páginas, algunos números después de que las reflexiones epistemológicas de la autora salieron en la edición de enero-febrero de 1980; Luisa Paré participó igualmente en la controversia con un texto al respecto en la revista Cuicuilco, de la Escuela Nacional de Antropología e Historia.
Sus notas de presentación editorial resultan de sumo interés porque tocan pasajes sobresalientes de la vida universitaria, como la que evoca un incidente que tuvo lugar en las jornadas de la Semana de la Historia en Yucatán, cuando estudiantes y trabajadores impidieron la intervención de Carlos Loret de Mola en calidad de conferenciante, en vista de que durante su mandato gubernamental se perpetró el asesinato del joven asesor jurídico Efraín Calderón Lara; la prensa conservadora reaccionó con sus acostumbrados excesos ante esa muestra de indignación popular. Por otra parte, a partir del número 17, varios investigadores del Instituto Nacional de Antropología e Historia contribuyeron con trabajos suyos en el proceso de divulgar estudios sociales, al punto de crear una sección especial para darles cabida.
Yucatán: Historia y Economía incluye en sus colecciones dos índices generales: uno de ellos abarca los números del 1 al 30 (hasta marzo-abril de 1982), y el otro registra títulos, autores y temas comprendidos entre los años 1977-1987, preparado por Raúl García Velarde y Arminda Ceballos Ferráez. Los apuros económicos que aquejaron a esta publicación impresa se agudizaron con la devaluación del peso mexicano en febrero de 1982, si bien un acuerdo entre la Universidad de Yucatán y la Fundación Ford le permitió editar algunos números, hasta que llegó el momento en que los costos para producirla impidieron darle continuidad. Su legado editorial queda a la vista como parte de un esfuerzo académico en el que concurrieron múltiples plumas y perspectivas.
Edición: Estefanía Cardeña