Política
Rubén Torres Martínez
08/07/2026 | Mérida, Yucatán
A un año de las elecciones intermedias de 2027, la política de Yucatán empieza a llegar a ese punto en el que las decisiones de gobierno importan tanto como en las campañas que aún no han comenzado. Aunque formalmente no existe un proceso electoral en marcha, los partidos ya disputan el terreno donde realmente se construyen las campañas exitosas: las percepciones entre los votantes, la preeminencia para garantizar credibilidad y liderazgo, y la habilidad analítica para comprender un territorio que ha cambiado de manera acelerada durante la última década.
El proceso electoral de 2027 no sólo implica renovaciones de los ayuntamientos y del Congreso local, sino que representa el primer gran desafío de una configuración política inédita en el estado, resultado de las elecciones de 2024. Durante décadas, Yucatán fue de los pocos estados en los que la competencia giraba en torno a dos fuerzas políticas: PRI vs. PAN. Hoy, dicho mapa es más complejo. Morena gobierna el estado donde el PAN mantiene su principal bastión político con la capital, Mérida; paralelamente, el PRI continúa buscando cómo frenar su irrelevancia electoral; Movimiento Ciudadano trabaja en consolidarse como opción viable para los yucatecos, y Somos México añade un nuevo componente a una oposición todavía en proceso de redefinición.
El caso más ilustrativo es el PRI. Para el partido tricolor ya no se trata solo de un problema electoral, sino de un asunto de identidad política. El priismo yucateco durante décadas mantuvo una gran maquinaria electoral-territorial, contó con operadores experimentados y poseyó una importante presencia municipal. Sin embargo, las transformaciones del sistema de partidos y la pérdida del gobierno federal modificaron profundamente esa capacidad de articulación. El PRI aún conserva competencia y presencia en las regiones, pero nunca reconstruyó una narrativa que cautivara a un electorado que busca algo más que experiencia administrativa. La política moderna yucateca exige identidad, causas y algo que parezca un proyecto con futuro. Mientras no llegue esa redefinición, el PRI permanecerá como un agente local, a nivel municipios y comisarías, sin capacidad para liderar una opción alternativa a nivel estatal.
Por otro lado, debe observarse con cautela el surgimiento de Somos México. Toda nueva fuerza política genera expectativas que pocas veces corresponden con sus resultados iniciales. Pero su importancia no dependerá de la cantidad de votos que obtenga, sino de la procedencia de dicha votación. Todo indica que su espacio electoral se encuentra en los sectores urbanos, profesionistas, clases medias y ciudadanos desencantados de los partidos tradicionales, hoy oposición a Morena. Es decir, segmentos que históricamente fueron cercanos al PAN y al PRI y que hoy no encuentran identificación alguna con Morena. Si este supuesto se confirma, el efecto inmediato será una mayor fragmentación del voto opositor, particularmente en aquellos distritos donde la competencia suele resolverse por márgenes estrechos.
Para nadie es un secreto que la discusión central continúa girando en torno a Mérida. La capital del estado sigue siendo el principal espacio de disputa política en Yucatán, no sólo por el volumen de su padrón electoral, sino porque buena parte de la narrativa política estatal se construye desde allí. Cuando se trata de política en Yucatán, la capital del estado sigue siendo el lugar donde convergen las batallas por el poder.
En ese contexto, Cecilia Patrón permanece como el activo político más importante del PAN yucateco. Su liderazgo se basa en una realidad objetiva: gobierna el municipio electoralmente más relevante del estado. No obstante, la ventaja institucional nunca es una garantía electoral. Su trabajo en la alcaldía será evaluado por la ciudadanía con criterios mucho más cotidianos que ideológicos: transporte, seguridad, servicios públicos, desarrollo de la planeación urbana con espacios de calidad para la ciudad, etc. La capacidad de responder a sus problemas es lo que a estos votantes les importa.
En política, los liderazgos no se heredan ni se conservan por inercia. Se refrendan día a día mediante resultados. Mientras la administración municipal mantenga niveles altos de aprobación, Cecilia Patrón seguirá siendo la principal carta del panismo rumbo a 2027. Aunque simultáneamente sufrirá el desgaste político que implica gobernar.
Finalmente, tenemos a Morena, quizá enfrentando su reto electoral más importante desde que gobierna la entidad. Gobernar Yucatán modifica completamente las condiciones de competencia respecto a procesos anteriores. Por primera vez cuenta con la posibilidad de convertir la administración estatal en una plataforma de consolidación territorial. Pero esa ventaja institucional implica también mayores obligaciones gubernamentales. Gobernar también es gestionar las expectativas, afrontar problemas concretos de la vida real y asumir los costos que conlleva el ejercicio del poder. La ciudadanía vota por la esperanza de cambio una sola vez; el siguiente sufragio es para comenzar a evaluar resultados.
La pregunta inevitable es: ¿Morena logrará imponerse en Mérida? La respuesta, por ahora, es incierta. La capital sigue siendo un espacio donde el PAN mantiene una cultura política profundamente arraigada entre la población y cuya organización territorial reafirma una fortaleza de décadas. Esto no impide que Morena compita con todo su arsenal en la capital del estado, sino que significa la posibilidad de una competencia más reñida por los cargos de elección entre distintos partidos a nivel municipal que en otras zonas del estado.
Donde podrían observarse cambios notables es en la integración del Congreso local. En Yucatán, el voto suele ser sofisticado. Se ha comprobado que las elecciones legislativas suelen responder a dinámicas muy diferentes a las elecciones por poder ejecutivo (gobernador y alcaldes). La calidad de las candidaturas, el trabajo territorial, los liderazgos municipales y la evaluación diferenciada de los gobiernos pueden producir configuraciones políticas muy distintas incluso dentro de una misma jornada electoral. Hablar desde ahora de eventuales ganadores y perdedores obedece más a propaganda partidista que a un análisis sustentado.
En ese tablero, Movimiento Ciudadano no debe ser descartado. Aunque todavía no posee una estructura territorial similar a la de sus contrincantes, mantiene la posibilidad de consolidarse como una fuerza atractiva para segmentos jóvenes y urbanos que rechazan la creciente polarización política. Su verdadero desafío consiste en dejar de depender exclusivamente de la coyuntura electoral y del discurso de renovación política para construir una presencia constante y permanente entre la ciudadanía.
Las elecciones en Yucatán, desde al menos 2012, muestran que los partidos pequeños no determinan el rumbo político por sí solos, pero sí logran modificar los equilibrios de la competencia electoral. Un crecimiento moderado puede ser suficiente para alterar la distribución de diputaciones, redefinir mayorías municipales o cambiar el resultado de una elección cerrada.
Pero el dato más relevante quizá sea otro: Yucatán no es un estado políticamente predecible. La competencia ya no gira exclusivamente alrededor de dos partidos; tampoco puede explicarse únicamente mediante inercias históricas. La sociedad yucateca experimenta transformaciones demográficas, económicas y culturales que inevitablemente alteran el comportamiento electoral del estado. La elección de 2027 difícilmente se decidirá sólo por las siglas partidistas de sus competidores. Se definirá, principalmente, por la capacidad de cada fuerza política para ofrecer gobiernos eficaces, construir liderazgos creíbles y responder a una ciudadanía que hoy dispone de más información, compara con mayor facilidad el desempeño de sus gobernantes y parece cada vez menos dispuesta a otorgar apoyos automáticos.
Más que una elección de continuidad o alternancia, 2027 puede convertirse en el momento en que termine de configurarse un nuevo sistema de competencia política en Yucatán. Los partidos todavía cuentan con tiempo para influir en ese desenlace. La pregunta es si comprenderán que la sociedad yucateca de hoy ya no es aquella que impulsó una diada Estado-capital, basada en un bipartidismo PRI-PAN durante los últimos 35 años.
Zoom anatómico: Es muy pronto aún, pero tres funcionarios y una funcionaria del gobierno de Huacho ya destacan por sus credenciales y el trabajo que vienen desarrollando; cada uno desde su trinchera apuesta por el proyecto de gobierno del renacimiento maya, mientras paralelamente construye su camino propio con vías a la candidatura de 2030. Despachan en SEMUJERES, SETY y SEPLAN.
Rubén Torres Martínez, profesor CEPHCIS, UNAM.
Edición: Estefanía Cardeña