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Sociología: una advertencia desde Florida y una oportunidad para la UNAM en Yucatán

La eliminación de los cursos busca censurar los contenidos relativos a la desigualdad, raza y género
Foto: Raúl Angulo Hernández

En momentos de polarización política, crisis de legitimación de las instituciones y profundas desigualdades sociales, la Sociología no es un lujo académico, sino una necesidad para comprender y cambiar el mundo. Dos hechos recientes ilustran este planteamiento. Por un lado, la Universidad del Estado de Florida retiró la sociología de las disciplinas a cursar por los estudiantes de su currícula obligatoria; por otro, el fuerte avance a nivel global de la licenciatura en Sociología de la UNAM en los rankings internacionales. Lo que la ubica entre los campos de conocimiento más influyentes del mundo. Entre ambos extremos emerge la necesidad de reflexionar sobre el papel de instituciones como la UNAM y, en particular, de proyectos como el de la ENES Mérida, donde se imparte dicha licenciatura, en su modalidad de “aplicada”.

La eliminación de los cursos introductorios de Sociología del plan de estudios general que ocurrió recientemente por parte de las autoridades educativas de Florida no es solo un reajuste en sí mismo, sino un reajuste ideológico que tiene implicancias a largo plazo. La medida tiene como objetivo censurar los contenidos relativos a la desigualdad, la raza y el género que se entendían bajo la consigna de la corrección política de la sociología.

El problema subyacente es de una naturaleza completamente diferente. La confusión del carácter crítico y analítico de la sociología con la militancia ideológica que, a veces, se asocia erróneamente con esta disciplina. De hecho, por su misma naturaleza y definición, la sociología se basa en el riguroso examen de cómo las estructuras de poder, las desigualdades que atraviesan la sociedad y las complejas dinámicas sociales que regulan nuestras interacciones humanas. Por lo tanto, la eliminación de esta disciplina del núcleo formativo de los estudiantes priva a estos jóvenes de herramientas analíticas críticas para comprender y analizar fenómenos contemporáneos significativos, como la migración masiva, la violencia estructural, la pobreza sistémica y la crisis climática imperiosa enfrentando el planeta. 

Mientras Florida retrocede, el mundo académico avanza en sentido contrario. Los rankings internacionales muestran que las ciencias sociales —preponderantemente la sociología— ocupan un lugar central en las universidades más prestigiosas del planeta. De acuerdo con el QS World University Rankings 2026, las universidades más influyentes del mundo no están reduciendo la Sociología, sino fortaleciéndola. ¿Por qué? Porque entienden que las transformaciones globales —desde la inteligencia artificial hasta las crisis migratorias— no pueden abordarse sin comprender sus dimensiones sociales.

En este contexto, la UNAM es un caso paradigma y emblemático del vasto panorama latinoamericano. La UNAM ha considerado a las ciencias sociales no solo una disciplina académica en particular, sino una parte inherente y esencial de su misión institucional en general. La UNAM se caracteriza por formar a ciudadanos críticos y reflexivos y por producir conocimiento relevante y pertinente acorde con las necesidades y desafíos del país. Al mismo tiempo, la Sociología en la UNAM no es solamente un análisis teórico y abstracto; está profundamente entrelazada con los problemas concretos y tangibles de la vida social, como la desigualdad urbana, la exclusión social, la pobreza estructural o la gobernanza territorial. Este enfoque aplicado y práctico es especialmente evidente en los espacios innovadores y vanguardistas, como la ENES Mérida, donde la Sociología Aplicada deberá jugar un papel estratégico y crítico en el intento de encontrar soluciones efectivas y sostenibles a muchos desafíos de la sociedad moderna.

Dada su orientación interdisciplinaria, manifestada en la combinación de varias áreas de conocimiento, esta propuesta de Sociología Aplicada ayuda a articular las ciencias sociales, ambientales y tecnológicas y lograr un enfoque completo y profundo de las problemáticas regionales complejas que afectan a la sociedad. Por lo tanto, en un sentido amplio y dinámico, la Sociología Aplicada cumple algunas de las funciones más importantes que son fundamentales para el desarrollo y comprensión de las dinámicas sociales en el nivel local. Tales como: a) Diagnóstico territorial, análisis de desigualdades urbanas, conflictos por el uso del suelo y procesos de gentrificación; b) Intervención social, diseño de políticas públicas locales basadas en evidencia; c) Vinculación comunitaria, trabajo directo con poblaciones, especialmente en contextos de vulnerabilidad; d) Sostenibilidad, integración de dimensiones sociales en proyectos ambientales. Este enfoque rompe con la falsa dicotomía entre teoría y práctica. La sociología aplicada no abandona el rigor analítico; lo traduce en acción concreta.

La decisión de Florida no debe leerse como un hecho aislado, sino como un síntoma de una tendencia más amplia: la politización de la educación superior y la desvalorización del pensamiento crítico. Los riesgos son múltiples: 1) Formación incompleta, profesionistas sin herramientas para comprender contextos sociales complejos; 2) Políticas públicas deficientes, decisiones basadas en intuición o ideología, no en evidencia; 3) Debilitamiento democrático, ciudadanos menos capaces de analizar discursos, desigualdades y estructuras de poder; 4) Desconexión global, rezago frente a sistemas universitarios que sí priorizan las ciencias sociales.

En términos históricos, la reducción de disciplinas críticas ha estado asociada a contextos de control ideológico. No es casual que la Sociología —como campo que cuestiona estructuras— sea una de las primeras en ser atacadas. La comparación entre Florida y las tendencias globales es reveladora: mientras unos buscan simplificar la realidad eliminando herramientas críticas, otros reconocen que el mundo contemporáneo exige precisamente lo contrario. En este escenario, la UNAM —y particularmente la ENES Mérida— tiene una oportunidad histórica: consolidar un modelo de Sociología Aplicada que no solo forme académicos, sino actores capaces de intervenir en la realidad. Defender la Sociología no es una cuestión corporativa ni disciplinaria; es una apuesta por una educación superior que forme ciudadanos críticos, profesionales competentes y sociedades más justas. Porque, en última instancia, una universidad sin Sociología es una universidad que renuncia a entender el mundo que la rodea. Y eso es un riesgo que ninguna sociedad debería estar dispuesta a correr.



Edición Estefanía Cardeña


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