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El valor de los cuerpos colegiados en la institucionalización de la UNAM

Los órganos contribuyen a que la universidad actúe con coherencia, continuidad y responsabilidad pública
Foto: Facebook CVIC

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) constituye una de las instituciones públicas más relevantes del país, no solo por su contribución a la formación de profesionales y a la generación de conocimiento, sino por su papel histórico en la defensa de valores democráticos, la pluralidad intelectual y el interés público. Su solidez institucional no se explica únicamente por la calidad de su comunidad académica, sino por la existencia de una estructura colegiada que ordena, legitima y da continuidad a su vida interna. Los cuerpos colegiados —consejos, comités y órganos de representación— son el eje del gobierno universitario y el principal garante de que las decisiones se adopten de manera democrática, plural y conforme a principios institucionales.

La institucionalización de la UNAM es el resultado de un proceso histórico de construcción colectiva que ha permitido consolidar reglas, procedimientos y prácticas orientadas a garantizar certidumbre, estabilidad, legalidad y legitimidad. Los cuerpos colegiados son los espacios donde se definen las normas que rigen la vida académica y administrativa, se aprueban planes y programas de estudio, se evalúan proyectos, se establecen criterios de ingreso, permanencia y promoción del personal académico, y se diseñan estrategias de vinculación con la sociedad. La colegialidad no es algo accesorio, sino un componente estructural del funcionamiento universitario.

El ejercicio colegiado del gobierno universitario impide que la institución dependa de decisiones unipersonales o de intereses coyunturales. La deliberación colectiva permite construir consensos informados, incorporar distintas perspectivas y establecer contrapesos que fortalecen la institucionalidad. Así, los órganos colegiados contribuyen a que la UNAM actúe con coherencia, continuidad y responsabilidad pública, condiciones indispensables para una universidad de carácter nacional y autónomo.

La autonomía universitaria es uno de los pilares fundamentales de la UNAM y un logro histórico de la educación pública en México. Esta autonomía implica la capacidad de la universidad para gobernarse a sí misma, definir sus prioridades académicas y organizar sus funciones sustantivas sin injerencias externas. Los cuerpos colegiados son la expresión concreta del autogobierno universitario y los principales guardianes de la autonomía. A través de ellos se toman decisiones estratégicas sobre la creación o modificación de programas académicos, la orientación de la investigación y la definición de políticas institucionales. La participación de representantes de los distintos sectores de la comunidad asegura que dichas decisiones respondan al interés universitario y no a presiones externas o particulares.




La calidad académica de la UNAM se sustenta, en gran medida, en los mecanismos colegiados de evaluación y dictaminación. Los comités y consejos responsables de estos procesos garantizan que contrataciones, promociones y reconocimiento del personal académico se realicen con base en criterios objetivos y transparentes. La colegialidad protege a la institución de decisiones discrecionales y fortalece la confianza de la comunidad en los procesos de evaluación. Sin estos órganos, la calidad académica se vería comprometida y se debilitaría el prestigio institucional de la universidad.

La libertad de cátedra es otro principio esencial de la vida universitaria y un rasgo distintivo de la UNAM. Este principio garantiza la pluralidad de enfoques, el pensamiento crítico y la producción libre del conocimiento. Los cuerpos colegiados son los espacios donde se establecen y resguardan las normas que protegen esta libertad, al asegurar que los planes de estudio y las prácticas docentes respondan a criterios académicos y no a imposiciones ideológicas. Asimismo, los órganos colegiados funcionan como instancias institucionales de defensa frente a cualquier intento de vulnerar la autonomía intelectual del profesorado.

La UNAM es, ante todo, una comunidad universitaria integrada por estudiantes, académicos y trabajadores que comparten un proyecto institucional. Los cuerpos colegiados son espacios de participación y corresponsabilidad que fortalecen el sentido de pertenencia y la identidad universitaria. En ellos se ejercen prácticas democráticas que contribuyen a la formación cívica de los estudiantes y a la construcción de una cultura institucional basada en el diálogo, la deliberación y el respeto a la pluralidad.

El desconocimiento o incumplimiento de los acuerdos emanados de los cuerpos colegiados representa un riesgo grave para la vida institucional de la UNAM. Debilita la institucionalización, erosiona la confianza de la comunidad, pone en entredicho la autonomía y abre la puerta a decisiones arbitrarias o a la concentración del poder. Asimismo, afecta la calidad académica, vulnera la libertad de cátedra y fragmenta a la comunidad universitaria al deslegitimar los mecanismos de representación y participación.

Los cuerpos colegiados son pilares insustituibles de la UNAM. Gracias a ellos, la universidad ha logrado consolidar su institucionalidad, ejercer su autonomía, preservar la calidad académica y garantizar la pluralidad y la libertad intelectual. Defender y fortalecer la colegialidad no es solo una obligación normativa, sino un compromiso ético, político e institucional con la universidad pública y con la sociedad. La UNAM no puede concebirse sin sus órganos colegiados: en ellos reside la legitimidad de sus decisiones, la democracia interna y la responsabilidad histórica de la institución con el país.




Edición: Estefanía Cardeña


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