Opinión
Felipe Escalante Tió
09/04/2026 | Mérida, Yucatán
Para la historia, los periódicos son una fuente maravillosa porque, a través de los años, se vuelven testimonio de cómo han cambiado las costumbres, pero también cómo se transforman los grandes temas políticos, sociales y culturales en un país, una provincia o una ciudad. Lo más curioso es que lo hacen de una manera que resulta entretenida, así que ojear publicaciones antiguas puede tomarse como seguir el chisme del pasado.
Esto se da porque las líneas editoriales también pueden ser más o menos discretas, según la intención de los redactores; de manera que en algún momento es posible imaginar, mientras leemos la nota, que los protagonistas se encuentran en una situación incómoda o que para el público resulta precisamente noticiosa porque se sale de lo habitual.
En El Eco del Comercio del 6 de junio de 1905, apareció publicada una nota con varios subtítulos. La “cabeza” únicamente señalaba “Los llamados representantes de la clase obrera”, y venía seguida de frases como “Declaración de sus inmundas riquezas”, “¿Qué valen sus trabajos políticos?” y “¿Cuál ha sido su papel?” Después viene la indicación de que se trata de un texto especial: “Por telégrafo para El Eco del Comercio” y está fechada en la Ciudad de México dos días antes de la publicación en ese diario, de manera que se trata de un servicio de corresponsalía.
Lamentablemente, el estado del periódico impidió recuperar la nota completa, lo que habría revelado el nombre del corresponsal en la capital del país. Quien estuviera mandando notas para El Eco del Comercio se dedicaba a seguir al movimiento opositor a la reelección del gobernador Olegario Molina en esa urbe, particularmente a quienes editaban ahí otra publicación, llamada El Pueblo, a la que, según el mismo agente, la prensa seria no tomaba en consideración, salvo algunos de sus órganos que lo hacían “para desmentir los injustificados cargos que se hacen al gobernante yucateco”.
Y si bien la nota comienza por la situación de El Pueblo, lo que destacó El Eco del Comercio fue la presencia de ciertos personajes que se autodenominaban representantes de los obreros de Yucatán, y que eran también opositores a la reelección de Molina. Sobre estos, el reportero indica que se habían puesto en ridículo. “Son unos mestizos que traen superpuestas miras políticas; pero su labor ha resultado del género chico, en el que no falta la parte gráfica con su mise en scene respectiva pues visten el traje típico de la clase obrera de la península que brilla por su limpieza y es muy propio para Yucatán por razones de clima y costumbres; pero que aquí resulta exótico y ridículo”.
Aquí, el tono de la nota es hasta de burla, pero esto es porque en el esquema mental del autor -y debemos aclarar que este marco era compartido con la directiva de El Eco y con sus lectores- resultaba incompatible la calidad de trabajador manual con el liderazgo político. Agreguemos otra cuestión: la ley electoral yucateca era excepcional, pues desde antes del porfiriato ya contemplaba el sufragio universal masculino; es decir, cualquier varón mayor de edad podía votar e idealmente ser votado, así fuera el más pobre sirviente de una hacienda henequenera. A pesar de ello, portar “el traje típico de la clase obrera” resultaba fuera de lugar al momento de hablar en público, especialmente sobre la política yucateca.
Pero el corresponsal agregó otro factor que le parecía contradictorio: que estos “mestizos” de pantalones y filipina blancos, calzados de alpargata a pesar de las bajas temperaturas de la capital del país, afirmaran que “son riquísimos; que ellos son quienes pagan cada año durante las fiestas de carnaval, orquestas para los bailes de los obreros, cuyo importe excede de cuatro mil pesos”. Esto, se hacía constar, provenía de las cuotas que pagaban “los componentes de las diversas sociedades coreográficas de obreros”.
Las últimas líneas recuperables del tomo de El Eco del Comercio registran que estos representantes obreros se apellidaban Fuentes, Ávila, Paredes y Vázquez, y que Fuentes se ostentó como Presidente del Gran Círculo General [...] y hasta aquí llegó la información recuperable. A la distancia, la sospecha se dirige hacia Gervasio Fuentes, un líder que tuvo cierta popularidad tres años después, como uno de los impulsores de la candidatura de Delio Moreno Cantón frente a la oficial de Enrique Muñoz Arístegui.
Concluimos que la política, y en realidad todas las actividades humanas, deben abrirse a la participación de cada vez más personas independientemente de cualquier circunstancia, y que quien tenga la capacidad para destacar, que reciba la oportunidad justa en el ámbito que se desempeñe. Es precisamente el reconocimiento de las diferencias lo que nos fortalece como sociedad; en cuanto a esos intentos de burla, revelan más de quienes los expresan que de sus supuestos destinatarios; pero eso es tema de otras notas, y de otros tiempos.
Edición: Estefanía Cardeña