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Foto: Enciclopedia de la literatura en México

Sabemos muy poco de la poeta michoacana Concha Urquiza (1910-1945), y lo que sabemos ha pasado por el tamiz de la antología que Gabriel Méndez Plancarte, un poderoso cura católico y director de la revista Ábside. Revista de Humanidades, publicó un año después de la muerte de la poeta en 1946.¹ Más tarde, Roberto Bolaño también impactó la visión de Concha Urquiza, puesto que la transfiguró en el personaje de la legendaria poeta Cesárea Tinajero en la tercera parte de Los detectives salvajes: una leyenda viva, precursora del real visceralismo que optó por el silencio antes que caer en las garras de la literatura comercial y canónica.

La vida y obra de Concha Urquiza ha resultado tan inasible y abstrusa como la de Cesárea Tinajero, si no es que más, aunque por razones que poco tienen que ver con una idealizada fidelidad a los poderes libertarios de la poesía y más con la implacable red de relaciones de género y de clase que dificultaban, y a veces de plano impedían, la existencia de una mujer escritora o poeta en el México posrevolucionario. Se dicen muchas cosas y se comprueban pocas en lo referente a su vida en general, pero concentrémonos hoy en ese viaje fundacional y estancia primigenia en Nueva York entre 1928 y 1933. Una somera búsqueda en archivos de inmigración de Estados Unidos (realizada por Elías Navarro, desde la Universidad de Houston) nos remite a una experiencia vital mucho más compleja y de resonancias más actuales de lo imaginado hasta hoy.

La narrativa oficial, que se repite hasta el hartazgo en las biografías que pululan en Internet, asegura que Urquiza “se exilió en Nueva York”, donde trabajó en la Metro-Goldwyn-Meyer, desempolvó su inglés y leyó a clásicos de la literatura estadunidense. Estas descripciones no sólo sugieren que Urquiza viajó sola, y que lo hizo por iniciativa y con medios propios, sino que su singularidad era tanta que le permitió obtener un empleo codiciado durante una de las peores crisis económicas del siglo XX: el crash de 1929. La revisión de los registros de inmigración de Estados Unidos nos devuelve una visión más atemperada de los hechos.

A punto de cumplir 18 años, Concha Urquiza llegó a Nueva York en 1928 para incorporarse a una red familiar ya establecida en la ciudad. Su madre, Concepción del Valle de Urquiza, había llegado en octubre de 1927 para reunirse con María Luisa, hermana de la poeta y esposa de Marco Aurelio Galindo, el afamado productor de cine, a su vez hermano de Alejandro Galindo, acaso el más importante cineasta de la era de oro del cine mexicano.

De acuerdo con los manifiestos de migración, en ese 1928 llegó a Nueva York una joven de familia, hispanohablante y dedicada a las labores del hogar, cuya madre le había costeado el impuesto de viaje. Su pariente más cercano era su hermano Luis, que se había quedado a vivir en Héroes 72, en la Ciudad de México, y quien, aseguran algunos, insistió en alejar a la joven Urquiza de malas influencias en la capital. El clan Galindo-Urquiza se hospedó en la calle 133 West 113th St. de la gran manzana.

Unos tres años más tarde, el 14 de marzo de 1932, en ocasión de su regreso a Nueva York vía Veracruz, Concha Urquiza es otra en los documentos de estado. La muchacha monolingüe que venía de México con una visa de inmigrante sin límite de cuota había quedado atrás, y en su lugar aparecía una joven soltera y bilingüe, que sufragaba sus propios gastos, incluso su propio hospedaje independiente, con trabajos de traducción en la compañía Thalberg, Albert & Company, asociada con la Metro-Goldwyn-Meyer, a la que seguramente tuvo acceso gracias a las relaciones de su cuñado en el mundo del cine estadunidense.² Además, una cosa fundamental: ahora era ya una residente permanente de los Estados Unidos de América.

¿Qué hay entre una poeta mística, encerrada a cal y canto en una institución religiosa, presa de la sed de Dios, y la chica moderna que vive en Nueva York mientras escribe El reintegro, un manuscrito vanguardista como el que más, que permanece inédito en los repositorios de la UNAM? Esa pregunta la contesto luego.

¹ Concha Urquiza, Obras. Poemas y prosas, edición y prólogo de Gabriel Méndez Plancarte (México: Bajo el signo de Ábside, 1946)

² Sobre la mención de “Thalberg, Albert & Company en El reintegro, véase Margarita León Vega, Concha Urquiza: de contrarios principios engendrada… (poesía y prosa de amor a lo divino), tesis de doctorado en letras (Universidad Nacional Autónoma de México, Facultad de Filosofía y Letras / Instituto de Investigaciones Filológicas, 2008), p. 153, n. 597.
Lea, de la misma autora: La mística en bicicleta


Edición: Estefanía Cardeña


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