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De nuevo el fracking

No hay argumentos para apoyar una práctica insostenible con el medio ambiente
Foto: Reuters

Se dice que el tema del fracking es una falsa controversia. Es cierto del todo: por más vueltas que demos, no hay argumentos que permitan sostener que sea una práctica sustentable, ni que sea inocua para las poblaciones aledañas. Por el contrario, hay una montaña de evidencias científicas que demuestran contundentemente que esta técnica genera impactos ambientales inadmisibles y que ocasiona daños diversos en las personas. Tratar de justificar un proyecto de fracking en función de generar soluciones de ingeniería, desdeñando consideraciones ecológicas y sociales es una salida que resulta poco satisfactoria. Tampoco resulta suficiente emprender actividades de extracción de gas natural mediante fracking en función de la soberanía energética.

El discurso soberanista suele ser seductor. A nadie le resulta atractivo depender de las decisiones de otros para satisfacer nuestras necesidades. Pero las vías con que se puede alcanzar la ansiada soberanía no son apropiadas por ese simple hecho: no resulta mejor generar la energía que demanda el país a costa de deteriorar el patrimonio natural. En el arreglo actual de cosas, México depende del fracking realizado en Texas para importar buena parte del gas natural. Pareciera que la solución soberanista atraviesa por la vía de fragmentar la roca madre nacional para obtener un recurso finito a costa de perder agua, deteriorar el entorno y poner en riesgo la salud. La ecuación, vista así, parece un tanto simplista.

Me atrevo a poner sobre la mesa algunos rasgos que salen a relucir con frecuencia en los medios, o con amigos y colegas. Todo indica que la situación financiera de Pemex no es saludable: pierde más dinero del que genera y el Estado se ve en la necesidad de orientar recursos para subsidiarla. Al parecer persiste un problema importante de robo de petróleo y combustible. La cantidad que esto importa es incierta, incluso si se revisan los datos oficiales. Depende de quién explica las cuentas. Afortunadamente, ya nos explicaron que, fuera de las refinerías de Pemex, no hay en el país un proceso de refinación ilegal o clandestina, sino que se trata de “sitios irregulares de procesamiento de combustibles”. Más allá de que esto suena un poco como aquello de que los trenes no descarrilan, sino que las ruedas pierden contacto con los raíles, la verdad es que entran al mercado gasolinas que no pasaron antes por las vías formales de producción o importación, en detrimento de las finanzas nacionales. Las instalaciones de la industria petrolífera muestran una cantidad creciente de problemas, atribuidos a causas muy diversas, que desembocan en explosiones en las refinerías (incluso en la nueva de Dos Bocas) o en el cierre de pozos de extracción tras derrames de petróleos de diferentes magnitudes.

La utilización de combustibles fósiles como medio principal para la generación de energía incrementa el efecto invernadero; pero antes que buscar vías que nos dejar de depender de la extracción de petróleo y gas, permanecemos empeñados en aprovecharlos hasta que se acaben o que durarán, en el mejor de los casos, unos cuantos años. La postura del gobierno me resulta un tanto confusa. Las conclusiones del comité convocado por el gobierno federal y encabezado por Rosaura Ruiz no recomiendan proyectos de fracking. De hecho, la doctora Sheinbaum decía que se antepondría la evaluación de disponibilidad de agua. Pero al día siguiente nos ha indicado que se evaluarán las formas más adecuadas para extraer el gas de algunas de las cuencas que parecen alojarlo, lo que parece contradecir las recomendaciones de su comité.

Vuelvo al punto inicial: no hay controversia. El fracking contribuye muy poco a la soberanía nacional y mucho al deterioro del ambiente y la calidad de vida de las poblaciones. ¿Por qué no abandonar de plano una propuesta que sabemos problemática e insustentable, y poner de nuevo el acento en la búsqueda de formas de generación de energía alternativa y de ahorro de energía mediante la adopción de soluciones basadas en la naturaleza?

Lea, del mismo autor: Chuburná es un botón de muestra

Edición: Fernando Sierra


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