Opinión
La Jornada Maya
12/08/2026 | Mérida, Yucatán
La idea de la juventud está asociada, por lo menos desde hace dos milenios y medio, a varios ideales que los griegos dejaron plasmados en su mitología y esculturas: belleza, vigor, fortaleza, armonía. Muchos años después, aunque también es un tema antiguo, Amado Nervo sintetizó el carácter pasajero de esta etapa de la vida. Sin embargo, por mucho tiempo, ser joven iba de la mano con la percepción de que todo era transformable para lo mejor.
México, y muchos otros países, enfrentan hoy otro desafío: los jóvenes se van haciendo cada vez menos. Todavía a la “generación X” se le decía en los libros de texto que este sector de la población era el mayoritario y la tendencia era hacia el incremento. En algún momento a partir de la década de 1990, la dinámica cambió de dirección, y el resultado es que la pirámide poblacional se está invirtiendo, y esto tiene muchas causas, pero los efectos son todo menos una mejor calidad de vida para quienes todavía tienen mayor esperanza de seguir en este mundo.
En el marco del Día Internacional de la Juventud, el Observatorio de la Juventud en Iberoamérica, en colaboración con Fundación SM, dio a conocer los resultados de la encuesta Jóvenes en México 2026, los cuales resultan desconcertantes, por decir lo menos: Aquellos que hoy tienen entre 15 y 29 años, es decir, prácticamente todos los nacidos en el presente siglo, enfrentan un proceso de “desafiliación” o desvinculación de instituciones que hasta hace poco eran consideradas clave para el desarrollo individual: familia, escuela, empleo, hasta las relaciones de pareja y amistad.
La medición indica que al menos cuatro de cada 10 jóvenes “no se hallan en ninguno de estos espacios”. Pareciera que estas instituciones ya no ofrecen respuestas, o resultan tan atrasadas, fuera de época, como aquellas a las que recurría, en 1988, el grupo El Personal: “Me busqué en el directorio, me busqué en la enciclopedia, me busqué en el padrón electoral, me busqué en la filosofía oriental. No me hallo”.
Pareciera, por otra parte, que la actualidad es una etapa avanzada de la modernidad, entendida como el proceso histórico en el cual se va desarraigando al individuo de aquello que le concedía identidad: el terruño, la ocupación familiar y la religión primero, y ahora la familia, la estabilidad laboral y cualquier oportunidad de desarrollo. Aquello que anteriormente parecía sólido, hoy se desvanece en el aire; y con ello todo aquello que se asociaba con la seguridad en un futuro, como que la siguiente generación podría alcanzar mayores índices de satisfacción y bienestar.
La desvinculación tiene consecuencias, comenzando por la afectación directa a la salud mental de las personas. ¿Qué puede pedírsele a una persona que por más que intente, incluso contando con estudios profesionales y hasta posgrados, no encuentra empleo formal? Pongamos que logra insertarse, momentáneamente, gracias a una beca de Jóvenes Construyendo el Futuro, pero una vez que concluye este apoyo, se le arroja nuevamente al mercado informal. Lo que le queda es reducir sus expectativas, resignarse a sobrevivir experimentando continuamente soledad y tristeza, y esto lleva al desaliento a participar en prácticamente cualquier organización. Se acaba la idea de que la juventud puede transformar al mundo.
Resulta llamativo que la familia sea, todavía, una institución que se considere adaptable a los cambios sociales y que aún se le considere refugio. Porque también puede hablarse de una crisis cuando es en este espacio donde se da la mayor incidencia de delitos sexuales contra niños, niñas y adolescentes.
Con todo, la familia sigue siendo una gran red de apoyo, lo que revela su alto valor como espacio formativo y al cual se recurre, lo que también explica que 76 por ciento de la población participante en la encuesta siga en la familia de origen. Es necesario reconocer que los jóvenes que hoy destacan en el deporte, con un récord de más de 400 medallas en Juegos Centroamericanos y del Caribe, contaron con el apoyo de esa red desde la infancia. Urge, entonces, revertir las condiciones que están llevando a la desvinculación entre individuos e instituciones.
Edición: Fernando Sierra