Opinión
José Juan Cervera
19/08/2026 | Mérida, Yucatán
En días afortunados vuelven a pronunciarse nombres que las veleidades del tiempo confinan tras un muro de silencio, pese a los méritos intrínsecos de la obra que representan. En este efecto restaurador concurren factores como el cumplimiento de un aniversario significativo, la vindicación póstuma de parientes y amigos e incluso la afinidad lectora que recupera letras arrinconadas en el olvido, haciendo valer un esfuerzo que afirma tradiciones sustantivas. En contraparte, la tendencia a empañar la memoria de hechos y personas de cualidades sobresalientes tiene también orígenes reconocibles, desde una actitud que contradice criterios inclusivos y causas dignas.
Es aventurado afirmar que el tiempo de un autor ha pasado cuando acaece su desaparición física y si las referencias acerca de sus creaciones se tornan esporádicas en un contexto social que ya no es el suyo. Aquí cabe entender la cultura escrita como una suma de potencias que se nutren unas a otras en ciclos ligados mediante contenidos significativos; estos preservan su vigencia siempre que sigan estimulando el pensamiento y la continuidad de saberes.
El escritor Oswaldo Baqueiro Anduze (1902-1945) fue apreciado por contemporáneos suyos que compartieron con él una perspectiva renovadora de la sociedad y, por tanto, se deslindaron de viejos moldes ideológicos que lastran el desarrollo de las colectividades y estigmatizan el pensamiento crítico. Formó parte de una familia con raíces en Campeche, que desde el siglo XIX contribuyó a fecundar la vida cultural en la península y cuya impronta se extiende hasta los días actuales.
El periodismo es otro de los campos en que la huella familiar se hizo visible, sobre todo en el Diario del Sureste, que circuló entre 1931 y 2003, rotativo en que él y su padre Serapio Baqueiro Barrera (Parsifal) coincidieron en la página editorial, y su hijo Oswaldo Baqueiro López se desempeñó como director. Baqueiro Anduze colaboró en varias publicaciones periódicas, entre ellas Mayab (editada en la capital del país) y El Modelista; dirigió otras como Antena y Límites. Este ámbito le brindó un canal idóneo para volcar sus inquietudes con vasto discernimiento en el cometido de tratar asuntos que marcaron su época.
Su producción bibliográfica consta de cuatro títulos, dos de los cuales motivaron un libro de Leopoldo Peniche Vallado: Oswaldo Baqueiro en su obra. La ciudad heroica, mosaico histórico de Yucatán y otros ensayos (Mérida, Universidad de Yucatán, 1966), que recoge una conferencia conmemorativa de dos décadas transcurridas desde el deceso del homenajeado; aborda su estudio sobre Valladolid, Yucatán (1943, con dos ediciones más), enfocando a esta ciudad como caso representativo de la historia de la entidad en su conjunto. El otro trabajo que examina es Los mayas, fin de una cultura (1941), señalando el valor que el erudito alemán Paul Westheim atribuye a las contribuciones interpretativas del autor citado en torno a varios aspectos de la cultura de aquel pueblo milenario.
Es notable la amistad que Oswaldo Baqueiro Anduze sostuvo con un grupo de intelectuales que también se distinguieron como editorialistas del Diario del Sureste, quienes ponderaron, al evocarlo, la probidad, la agudeza y la disciplina de que hizo gala en vida. Ermilo Abreu Gómez y Carlos Moreno Medina hicieron memoria de su convivencia con él en la metrópoli donde, en sus últimos años, se hizo cargo de la Biblioteca del Congreso de la Unión. Clemente López Trujillo destaca las apreciaciones de Westheim sobre su obra y el menosprecio que padeció de parte de la prensa rival del medio informativo que constituyó su insignia periodística. Leopoldo Peniche Vallado le dedicó el libro ya mencionado, poniendo a la vista la calidad de su estilo literario y de sus afanes reflexivos.
En Muna, Yucatán, se fundó una biblioteca con el nombre de Oswaldo Baqueiro Anduze durante la presidencia municipal del profesor Leopoldo Arana Cabrera, asesinado en 1954 en ejercicio de su cargo. El Diario del Sureste, hoy transformado en semanario electrónico para reavivar su impulso editorial, ha vuelto a publicar algunos de sus antiguos artículos periodísticos en su sección Mayab; la gaceta trimestral Bibliografía Yucatanense incluyó a su vez una muestra de ellos en su número 26, de junio de 2026. Y aún queda por recorrerse un largo trecho para honrar a plenitud su figura creadora y los valores que encarnó.
Edición: Estefanía Cardeña