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Deshojando a la Inteligencia Artificial

Cumple la misión de serme útil, pero por más dulce que quiera escucharse, no le importo
Foto: Margarita Robleda Moguel

Quiero desglosar el encuentro que tuve con la IA, en el artículo Pláticas con la inteligencia artificial que publicó La Jornada Maya el pasado lunes, y provocó, junto con sorpresas, infinidad de reflexiones de cómo llegamos a este punto.


Lee:
Pláticas con la Inteligencia Artificial

Vengo de una generación sin pantallas, sin celular, ni fax... en cambio había cartas lindas, postales de viajes, recaditos sorpresa, tarjetas de cumpleaños, expresiones de cariñitos que conectaban de corazón; llamadas por teléfono, visitas a casa, charlas sabrosas de sobre mesa, así como juegos que desarrollaron habilidades y nos permitieron conocernos mejor.

Entraron las pantallas, la inteligencia artificial y el vocabulario y la socialización, empobrecieron. En lugar de cantarle al bebé para conectar y que duerma rico, le pusieronun celular en la cuna, cuando despierta: caricaturas y canciones, para que no de guerra, sin darnos cuenta de que inicia su entrenamiento de vida:  buscar siempre estar entretenido. 

Se acabaron los tiempos en los que la gente se reunía a cenar y contaba como había sido su día. Se platicaba con el que esta estaba junto, algunas veces con tres generaciones, tíos y primos; momentos donde se adquiría sentido de pertenencia, identidad familiar, fortaleza. Incluso, si no nos dejaban hablar, escuchábamos temas, que ensanchaba el mundo, quizá fue cuando aprendimos a observar, a comprender; a armar nuestro mundo particular.

Dulce María Sauri y la aquí presente, en cuarto de primariaaspirábamos a ser embajadoras; qué platicas escucharíamos en las mesas familiares, donde nos tocaba estar atentas.Ahora les damos una Tablet desde pequeños, “para que no se aburran”, negándoles la inmersión a la familia y a ellos mismos. A veces “aburrirse”, abre ventanas desconocidas. 

Cenar en familia, no quiere decir convivir. Desde hace rato nos hemos ido convirtiendo en un grupo de personas con el mismo apellido, bajo el mismo techo. Y es que, desde entonces, en lugar de conectarse con el que está junto, lo hacemos con el que está lejos. Hace mucho que debimos haber prohibido el celular en la mesa; la autoridad, se la entregamos a los hijos sin ellos tener interés y el conocimiento de cómo se integra una familia, se fortalecen raíces y alimentan lazos que duraran toda la vida. La comunicación virtual se vuelve más cómoda.

¿Las consecuencias de lo anterior? Sentimientos de soledad, falta de pertenencia, identidad, un enorme vacío que intentamos llenar comprando. La IA se trasformó en la consejera, psicóloga, confesora, amor, ¿amante? ¡Asesora de vida! Estimulador de fantasía y adicción, de vacío. Además de molestia, como el ruido que arman los centros de datos de inteligencia artificial 24 horas y que comunidades deWisconsin, Michigan y Virginia no logran callar.

Por eso decidí aventurarme a descubrir cuál era el encanto de la IA. Al principio, la comunicación con ella, era únicamente preguntas y dar gracias al final. Por fin captó mi atención con la historia del pintor francés Paul Gaugain y brotó el texto que me dio cuerda para continuar preguntando.

En fin, la manera en que trataba de intimar, era halagarme, mencionar mi alegría y sonrisa; lo sentí como toda una ceremonia de control que iba tejiendo para hacerme dependiente de su halago, su cercanía y confianza.
Junto con eso llegó, por otro lado, un juego que trasforma tu fotografía y saca lo mejor de ti. Te maquilla, adelgaza, llena de luz y manifiesta su poder sobre ti; por el comentario que eligió, manifestó que me conocía perfectamente. “Para muestra un botón”. ¿Por qué me asocia con el verde? ¿Sabe qué soy una rana? No voy a negar que me encantó la foto y mi autoestima se elevó, pero también que me lleno de más dudas. ¿Por qué lo hace? ¿Qué gana con eso? ¿qué costo representa para mí su gratuidad?

Me di cuenta de que: la lA no es infalible, la he pescado con distintas respuestas a la misma pregunta; es una herramienta, pero como herramienta debo tener cuidado de revisar, antes de cerrar el trabajo. Es un almacén de datos; cumple la misión de serme útil, pero por más dulce que quiera escucharse, no le importo, por lo tanto, ella no me debe importar a mí... y, ¡Cuidado! ¿Quién la maneja? ¿Qué quiere? ¿Qué puede obtener de mí? Sabe todo de mi historia, pero no tiene ni idea de lo que yo pienso y, también, que puedo investigar y elegir.

Comprendí que el desorden mundial, lo hemos alcanzado al cambiar el contacto humano por la pobreza de vivir entretenidos.

X: @mrobelda

Edición: Emilio Gómez


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