Opinión
Francisco J. Rosado May
07/09/2026 | Chetumal, Quintana Roo
En la Asamblea General de la ONU del pasado viernes 4 de septiembre se aprobó un nuevo mapamundi, resultado de una iniciativa de Togo y miembros de la Unión Africana. Solo un país votó en contra, Estados Unidos, y seis se abstuvieron; fue una votación con abrumadora mayoría de 164 países a favor.
El resultado no es vinculante, es decir, no obliga a los países a usar el nuevo mapa, pero se espera que poco a poco se estén actualizando los mapas actuales en todo el mundo. El mapa con el que estamos familiarizados se conoce como mapa de Mercator, usado desde el siglo XVI, había acumulado varias críticas, especialmente de África, porque muestra este continente con un tamaño similar al de Groenlandia, siendo que es 14 veces más grande.
El mapa votado en la ONU se conoce como “Equal Earth” (tierra igual). Fue desarrollado por un grupo de cartógrafos en 2018. En este nuevo mapamundi, Estados Unidos, Canadá, Rusia, los países nórdicos y toda Europa reducen drásticamente su tamaño; especialmente Groenlandia deja de verse gigantesca. En contraste, todos los países del continente africano aumentan de tamaño en forma notable, de modo que se puede percibir que puede albergar a Estados Unidos, China, India, Japón, México y Europa juntos. Asimismo, países de Latinoamérica (como México, Brasil o Argentina) y del sur de Asia incrementan su percepción visual de tamaño. Oceanía es otro continente que recupera relevancia y proporción real.
Detrás de la representación del tamaño de los países y continentes existe una discusión bastante amplia relacionada con la historia y el poder. Los mapas hechos por y para los navegantes europeos del siglo XVI distorsionaban no solo la geografía, sino la percepción del país o continente, representándolo con un tamaño menor. El representante de Togo dijo a la Asamblea que “los mapas moldean nuestra comprensión del mundo, guían la educación, alimentan la imaginación e influyen en las percepciones colectivas”.
Es importante señalar también que la propia resolución de la ONU reconoce un problema fundamental que ninguna votación puede resolver. Ninguna proyección puede reproducir perfectamente la superficie curva de la Tierra en un plano. Cada opción de mapa sacrifica algo (superficie, forma, distancia o dirección) y cada opción es adecuada para fines diferentes.
Punto y aparte.
A principios de septiembre, la revista
Frontiers in Public Health publicó un artículo de Boedeker y colaboradores que confirmó lo que muchas organizaciones gubernamentales y no gubernamentales, formal e informalmente, han estado sosteniendo por mucho tiempo: el uso de pesticidas en la agricultura causa afectaciones, incluyendo envenenamiento, no intencionadas, indirectas, no solo a insectos (como las abejas) o animales silvestres (pájaros), sino también a humanos. Desde 1990, un grupo de trabajo de la Organización Mundial de la Salud estimó que hubo alrededor de un millón de afectaciones por el uso de pesticidas, incluyendo unas 20 mil muertes. En 2020, el número de afectaciones subió a 385 millones. No es una situación sostenible; hay que desarrollar alternativas. El artículo se puede encontrar en
https://doi.org/10.3389/fpubh.2026.1825899.
Es cuanto.
Edición: Estefanía Cardeña