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Cuando un colega se va

Noticias de otros tiempos
Foto: S. Bolio, El Escorpión, 1870

Una de las costumbres de los periodistas del siglo XIX que se han perdido es la mención de cortesía a los colegas. Ocurría que, siendo pocas las imprentas y también el público lector, y las comunicaciones poco desarrolladas, los periódicos establecieron el mecanismo del canje, lo que les permitía obtener noticias que otros compañeros habían publicado, de manera que la necesidad de contar con información conducía a la actividad social, al diálogo entre las publicaciones.

Así, era sumamente frecuente encontrar saludos y bienvenidas a quienes ingresaban al escenario de la prensa, anunciando también que se establecía el canje, y aunque poco menos, también se daba el caso de periódicos que dieron cuenta del cierre y consecuente desaparición de otros.

Un ejemplo lo da el periódico El Escorpión, que salió de la imprenta de Mariano Guzmán, en Mérida, en 1870. Lamentablemente, tal vez por ser el primer número, hay una errata imposible de ignorar: su fecha de publicación está incompleta, pues no indica el mes; solamente señala “sábado 26” y el mencionado año. Para agravar la tragedia, solamente se conserva esa entrega, por lo que tampoco es posible saber si el semanario disfrutó de larga vida.

La novedad de El Escorpión, que se identificaba como un “periódico crítico-político, burlesco, satírico, observador, pendenciero. jocoso, charlatán y chismoso”, fue el uso de la caricatura, que llevaba casi 10 años de ausencia de la prensa yucateca, luego de la desaparición de La Burla en 1861. Su redactor en jefe fue Diego Bencomo, y del ilustrador solamente contamos con su firma: S. Bolio.

En este número, El Escorpión hizo referencia a la desaparición de El Iris, periódico del cual no encontramos mayor referencia en los repositorios documentales de Yucatán, y en apariencia su contenido era mercantil.

El cierre de El Iris fue comparado con una defunción. Tanto en la nota que dio cuenta de su desaparición como en la caricatura se le dio este tratamiento. La primera llevó por título “La muerte de El Iris” y la segunda fue nombrada “Nuestros colegas en los funerales del Iris”.

¿Por qué desapareció El Iris? Ya suficiente tema es que su rastro haya sido eliminado, privando a los investigadores de una fuente documental. El Escorpión indica que había surgido a mediados del año anterior, lo que indicaría entre mayo y julio de 1869, “como llovido del cielo anunciando a todos la bonanza”, esto al parecer porque El Iris utilizaba una frase a manera de anuncio: “Signo de paz, de amor y de esperanza, El Iris nos anuncia la bonanza”. Y según continúa, en efecto, la consiguió al menos para su propietario:

“Sus relaciones mercantiles se extendieron por todo el Estado, de una manera tan rápida, que hasta él mismo lo extrañaba a veces, no sabiendo a qué atribuir tan favorable acogida. Al fin ofuscado por los inmensos favores que la fortuna le prodigaba, y creyendo que todo el monte era orégano, se echó en brazos de la bonanza sin recordar que esta es precursora de la tempestad. Pero basta de explicaciones, lo diremos de una vez: a nadie más se debe la muerte de este infeliz comerciante que a D. Francisco Solís Bolio, que se empeñó en obsequiarlo con aquellos panes que bautizó con el nombre de Iris. Y tanto le agradó al difunto esa clase de panes que llevaban su nombre, que a fuerza de hartarse de ellos le produjo una relajación intestinal en tales términos, que fueron vanos los esfuerzos que hizo la Revista por arrebatarlo de las garras de la pelona, donde se verá que hay accidentes que no están a los alcances de la medicina”.

Vaya que la descripción de la vida de El Iris resulta críptica, pero sí nombra a un responsable de la ruina. En cuanto a la caricatura, lo que se observa es un velorio. El litógrafo Solís parecía tener algún talento, pero sí se nota que sus dibujos no guardan proporción entre sí. En la imagen se aprecian, en el sentido de las manecillas del reloj, alegorías de La Revista de Mérida, ya desde entonces identificada como un periódico católico; le sigue Cuba, que era órgano de la Junta Patriótica Cubana establecida en Mérida; al centro, El Periquito, periódico dirigido a la niñez; después sigue La Razón del Pueblo, que era la publicación oficial del estado, y finalmente, un curioso conejo antropomorfo con una enorme trompeta, que resulta ser La Caridad, otra revista de corte religioso que sí tuvo una vida larga, pero de la que únicamente sobrevive un ejemplar de 1876. En otras palabras, de las presentes en la imagen, únicamente la mitad llegó como colección a las hemerotecas.

Los motivos de la desaparición física de estas colecciones, esos posiblemente no llegaron a ser nota, y le pertenecen a otros tiempos.



Lea, del mismo autor: De cómo entender el periodismo


Edición: Estefanía Cardeña


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