Opinión
Óscar Muñoz
05/10/2026 | Mérida, Yucatán
Como preámbulo, habrá que aclarar que, luego de emprender la búsqueda de algún secreto literario entre los escritores en Mérida, me encontré un vacío, es decir, no encontré algún texto que hubiera sido escrito por dos o más autores, y que fuera un secreto, ya que el tema de la Semana Cultural de la Filey, que ocurrió realmente en octubre, fue el de los secretos.
En la búsqueda de esta curiosidad literaria, representada por lo que algunos llaman “literatura a cuatro manos”, sólo localicé publicaciones en las que aparecen distintas obras de varios escritores y que son las antologías, pero no hallé textos elaborados por dos escritores. Así que me puse a indagar las razones por las que no hay en Mérida textos hechos por dos o más escritores. Al parecer, hay una razón que, si bien no impide directamente la creación de un texto por dos, sí cuenta mucho al momento de escribir entre dos, y es el llamado ego del escritor.
Es sabido que el ego del artista, sea pintor, músico, escritor, etcétera, es un asunto por naturaleza humano, ya que cada quien tiene su visión muy particular de percibir el mundo y su peculiar manera de expresar esta visión a través de las artes. He aquí el secreto que prevalece en Mérida, como en muchas otras partes del mundo: el ego del escritor es una de las pocas cosas que se logran ver desde fuera, y no es tan fácil detectarlo; solo se sabe que existe.
¿Que cómo se manifiesta este ego del artista? Generalmente, el escritor está enamorado de su obra y la cita en cada oportunidad o la refiere de distintas maneras a los demás o comparte lo que sabe con otros especialistas o quiere enseñar a los principiantes, y un sinfín de formas. Es lo más normal en las artes, aunque a veces hay los discretos, pero también los ostentosos.
Ahora bien, ¿cuál sería, entonces, la manera de vencer (o, por lo menos, dominar) el ego del artista? Aquí revelaré el secreto: dos estamos metidos en la creación literaria que nos ha obligado a dominar el ego del artista: escribir en estéreo, sí, en dos canales al mismo tiempo. Digamos que, en el canal derecho, se escribe una historia contada por uno de nosotros y, en el canal izquierdo, la misma historia es relatada por el otro. No sólo esto, sino que la versión de la historia que es contada en uno de los canales está basada en la visión personal de uno de nosotros, en tanto que, en el otro canal, el relato está basado en el enfoque individual de la otra autora.
Esta circunstancia de escribir a cuatro manos nos ha obligado a dominar el ego de cada quien, cada uno desde su visión personal, cediendo ante una narrativa a dos voces. Además, como los relatos han sido creados por dos, en estéreo y con dos narradores por canal, ha venido a bien incorporar música durante la narración, música estereofónica que los lectores podrían escuchar inmediatamente después de leer cada versión de la misma historia o, incluso, antes o al mismo tiempo que es leído el relato estereofónico.
Claro que escribir a cuatro manos no es asunto nuevo; existen textos escritos por dos autores, que es lo más generalizado. Son los casos de Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, de quienes destaca la obra Seis problemas para don Isidro Parodi, de 1942. Otros han sido Douglas Preston y Lincoln Child, reconocidos por sus novelas de misterio, como El ídolo perdido, de 1995. Y más recientemente, en 2008, las escritoras Mary Ann Shaffer y Annie Barrows escribieron juntas una novela epistolar, entre algunas otras experiencias, muy pocas.
Y como colofón de esta confesión, fue presentado uno de los relatos estereofónicos que hemos escrito los involucrados, que gira en torno de El Fantasma de la Ópera, una novela gótica de Gaston Leroux. Cabe aclarar que la versión de Erik, el fantasma, fue escrita por un servidor y la versión de Christine, la protagonista femenina de la obra, fue creada por Claudia Berea. Habrá que destacar que, al final de la lectura, fueron invitados los lectores a escuchar las dos interpretaciones de The Phantom of the Opera por parte de la banda sueca de metal sinfónico Nightwish, una cantada por Tarja Turunen y la otra, por Floor Jansen.
Queda, pues, el reto a los escritores de narrar a “cuatro manos” para dominar el ego y gozar esta experimentación, y, a los lectores, de disfrutar en estéreo dos versiones de una historia, acompañados de la música implicada.
Edición: Estefanía Cardeña