Política
Óscar Muñoz
13/10/2026 | Mérida, Yucatán
En un artículo anterior, fueron referidos los 100 años de la Guerra Cristera. Sin embargo, cabe aclarar que no fue la única Guerra Cristera ocurrida en nuestro país. Si bien en 1929 terminó la Cristiada (la primera guerra), en los años siguientes ocurrió un segundo levantamiento de los cristeros en la mayoría de las regiones donde sucedió la primera guerra. En realidad, la terminación de la primera guerra fue pactada entre el gobierno nacional y la Iglesia católica, aunque sin el consentimiento de los cristeros, que eran principalmente campesinos y rancheros.
El segundo levantamiento en armas de los cristeros, luego de firmado el pacto entre el gobierno y la Iglesia, inició en 1934 (cinco años después de los acuerdos de paz) y se mantuvo hasta 1941. Este levantamiento ocurrió a consecuencia de la persecución contra los cristeros por parte del gobierno, que tenía el propósito de acabar con los líderes y, de esa manera, cerrar el caso cristero. Vale aclarar que, en esta persecución, la Iglesia católica no protestó ni defendió a los perseguidos. Por el contrario, los sacerdotes intervinieron para convencer a los cristeros de darse por vencidos.
Obviamente, los líderes cristeros no cedieron ni a la persecución del gobierno ni a la persuasión de los sacerdotes para deponer las armas. Y si los cristeros ya no defendían a la Iglesia, ¿entonces por quién luchaban? Primeramente, como ellos proclamaban, luchaban, ya no por la Iglesia, sino por Dios, y, en segundo lugar, para defenderse de las persecuciones del ejército. Esta circunstancia los obligó a buscar refugio donde fuera necesario, principalmente en la sierra. Y desde ahí, combatieron para defenderse y salvarse de la muerte.
De esta segunda Cristiada derivaron historias intensas, entre las cuales destaca la sufrida por Florencio Estrada, coronel cristero, quien anduvo escondiéndose a salto de mata por la sierra de Durango, parte medular de la Sierra Madre Occidental, una de las más grandes de América del Norte. Es relevante destacar que este jefe cristero siempre recibió el apoyo de los coras, los huicholes y los tepehuanes que vivían en la sierra.
La historia del coronel durante su persecución fue consignada años después por su hijo Antonio Estrada Muñoz en la novela titulada Rescoldo, los últimos cristeros, publicada por primera vez en 1961, la cual ha tenido varias reimpresiones. La novela narra el reinicio de una guerra que, desde su comienzo en 1926, estaba destinada a fracasar. Sin embargo, la historia resulta toda una epopeya en la que unos cuantos hombres combatieron en desventaja sólo por defender su fe y hasta las últimas consecuencias.
Juan Rulfo señaló que Rescoldo era una de las cinco mejores novelas mexicanas, independientemente de su temática. Por su parte, Ángel Arias Urrutia, académico de la Universidad CEU San Pablo, de Madrid, publicó un estudio sobre la novela de Antonio Estrada titulado Rescoldo. Los últimos cristeros, una novela extraordinaria en la Revista Intercontinental de Psicología y Educación. Este mismo texto de Ángel Arias fue incluido como parte del prólogo de la novela reeditada en 2010, junto con un texto de Jean Meyer, el historiador especializado en la Cristiada.
Cabe mencionar que el hijo de Jean Meyer, el cineasta Matías Meyer, hizo una película basada en la novela de Antonio Estrada, titulada simplemente Los últimos cristeros, sin Rescoldo, en la que da cuenta de la persecución que sufrió el coronel Florencio Estrada. A diferencia de la novela, que incluye un lenguaje ricamente serrano, espléndidamente florido, la película es más visual, con pocos diálogos, los esenciales. A fin de cuentas, es la visión del director de la película. Pero para disfrutar mejor la proyección, vale la pena la previa lectura de la novela. A mis hijos (nietos del autor de la novela y bisnietos del coronel cristero) no les gustó tanto la película. También cuenta la visión de las nuevas generaciones.
Ojalá que las editoriales, los medios de difusión, las redes sociales y hasta los libros de texto gratuitos refieran más ampliamente las dos guerras cristeras, que forman parte de nuestra historia nacional, junto con las otras guerras: la de Independencia, la de Reforma y la de la Revolución Mexicana. Ya es tiempo de develar estos conflictos sociales y hasta religiosos.
Edición: Estefanía Cardeña