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La despedida de las ánimas

Cauces del Tiempo
Foto: María del Carmen Castillo

En Yucatán, el culto a las almas de los difuntos tiene su origen en dos festividades católicas introducidas durante los primeros años de la Colonia: el Día de Todos los Santos y el Día de los Fieles Difuntos. Con el paso del tiempo, los pueblos mayas adoptaron, resignificaron y apropiaron todo esto hasta convertirlo en una práctica profundamente arraigada en su cosmovisión: El tiempo de finados. Esta tradición se basa en la creencia de que, durante esta época del año, las familias reciben la visita de los pixanes, o almas de sus parientes difuntos.

La creencia en el retorno anual de las almas se reconoce como una tradición heredada de los abuelos, a quienes se atribuye el origen de esta práctica ritual. Desde esta perspectiva, mientras las personas viven, deben recordar a sus finados, pues se considera que existe una relación de reciprocidad entre vivos y muertos. De acuerdo con la oralidad, las almas salen de noche mientras el cuerpo permanece en el cementerio, y avanzan en procesión hacia el pueblo con velas en las manos y cantos dedicados a la Virgen.

El Tiempo de Finados comprende un ciclo de aproximadamente un mes, organizado en etapas que siguen un calendario ritual específico. Este calendario considera dos momentos principales: la recepción de las almas, con días determinados para la exposición de ofrendas, y la despedida al final de noviembre, cuando se preparan alimentos que servirán de bastimento a las ánimas durante su viaje de retorno.

Durante el Tiempo de Finados hay días considerados principales o especiales, en los que se acostumbra ofrecer comida a las almas de los difuntos. Estas fechas —31 de octubre, 1, 2, 8 y 30 de noviembre— se relacionan con la clasificación de los pixanes entre niños y adultos, así como con las etapas del ritual: recepción, visita al cementerio, octava y despedida. El 31 de octubre está dedicado a los chichan pixano’ob, o almas de niños; el 1 de noviembre, a los pixano’ob, o almas de adultos; el 2 de noviembre corresponde a la visita al cementerio; el 8 de noviembre se conoce como “la octava” o bix; y el 30 de noviembre marca “la despedida”, cuando se honra el retorno de todas las almas.

Dentro de esta festividad, la despedida de las ánimas constituye un momento central del ciclo ritual. El 30 de noviembre se realizan rezos y ofrendas de comida para acompañar respetuosamente el retorno. Los alimentos se preparan de manera especial para que sirvan durante el viaje de regreso. Suelen evitarse las comidas con caldo y se elaboran nuevamente tamales como los chachak waajo’ob o el pib, ofrecidos con solemnidad. Después de retirar la hoja de plátano con la que fueron cocinados, los alimentos se envuelven en servilletas nuevas y se colocan en la orilla de la mesa junto con frutas, panes y dulces.

En 2008, resultado del interés del Estado mexicano en esta manifestación y con el aval de la UNESCO, la expresión entró en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. A partir de dicha declaratoria, fue oficialmente denominada “Fiesta del Día de los Muertos”, adquiriendo mayor visibilidad y proyección internacional como una tradición de los pueblos indígenas de México. Desde entonces, esta celebración se impulsa cada año entre finales de octubre y principios de noviembre a lo largo del país.

En Yucatán, a esta institucionalización se le ha denominado Festival de las Ánimas que inicia el 24 de octubre y se realiza en diversos municipios del estado durante una semana. En este periodo, escuelas y ayuntamientos presentan actos festivos bajo el argumento de promover la valoración y el rescate del culto a las ánimas de los difuntos. Sin embargo, en muchas ocasiones estas actividades se desarrollan con un conocimiento limitado del ritual tradicional que les dio origen. El evento resulta relevante para el gobierno estatal por su potencial para proyectar a Yucatán en el ámbito turístico nacional e internacional, además de generar beneficios para la economía regional. En ese sentido, el día de Muertos y su expresión festiva en el Festival de las Ánimas distan mucho del tiempo de finados maya. Esto se debe a que el ritual tradicional comprende un ciclo prolongado que no se ajusta fácilmente a los requerimientos del mercado turístico, el cual privilegia eventos breves, taquilleros y de fácil promoción, dejando en segundo plano el ritual de despedida. Si bien dicha selección responde a la construcción de eventos festivos breves y atractivos para el turismo, reduce la complejidad simbólica del Tiempo de Finados como parte de un ciclo ritual completo.


Lourdes Rejón Patrón es antropóloga social del Centro INAH Yucatán.

Coordinadora editorial de la columna: 
María del Carmen Castillo Cisneros, antropóloga social del Centro INAH Yucatán




Edición: Estefanía Cardeña



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