La identificación como recurso en casa de fieras, de David Serrano

Hasta el 29 de enero la exposición estará en el Centro cultural la Cúpula
Foto:

Johanna Martin Mardones

Arista Visual

Investigadora y Crítica de Arte

Foto: Centro cultural la Cúpula

Encierro, laberinto, cautiverio, jaula son algunos conceptos que asoman como quién narra un cuento en “Ménagerie”, propuesta artística presentada por David Serrano del 28 de noviembre al 29 de enero en el Centro Cultural La Cúpula. Un personaje central ocupa el espacio en una extraña condición que podríamos nominar, apoyándonos en el título, cautiverio, jaula de animales o casa de fieras, una suerte de prisión en analogía al encierro vivido en tiempos de pandemia. Somos un animal enjaulado, prisionero. La pregunta que surge es ¿de qué somos prisioneros?

La obra se moviliza cuando el artista pone en entredicho el estado de identificación de los personajes en una atmósfera circense y bufonesca. Para ello, la obra plantea una dualidad entre identificación simbólica e identificación real. Así su propuesta divaga-transita entre ambos estados. 

En la identificación simbólica el personaje que muta a sujeto se construye a partir de sus miedos y es ese sentimiento el que lo traslada al mundo real, territorio en el que se conceptualiza la obra. Los conceptos son trabajados a partir de la construcción de figuras como el payaso, el bufón y diversos seres mitológicos siempre cubiertos por algún elemento, también en el orden de lo simbólico como: la jaula, la máscara, el antifaz, los anteojos, el maquillaje, la mascarilla, sombreros y vestimenta extravagante. La puesta en escena es teatral y dinámica plagada de simbolismos donde los pájaros ocupan un lugar significativo de agresión y, al mismo tiempo, sumisión. 

Serrano hace un llamado de atención, busca que observemos el encierro desde nuestra propia reclusión, que recorramos el laberinto desde la confusión individual. El personaje-sujeto, a partir de la identificación simbólica, se desplaza hacia otro territorio perdiendo su condición, y es esa acción-movimiento la que lo convierte en sujeto, el instante en el que la obra logra su máximo tensión, es decir, el personaje entra en un estado de enajenación dando paso a “Los cobardes”, “El farsante”, “El descarado”. 

Los personajes, en la dinámica que propone Serrano, pierden su condición primera, asumiendo todo el peso existencial del mundo: “El miedo”, “El baile de la incertidumbre”, “La trampa”, El “Caos”, “Las atrapadas”, por citar nombres de sus obras  como ejemplo representativo. La tensión, en este pasaje procesual, traslada la escena al territorio de la identificación real, el personaje deja de ser payaso, bufón o figura mitológica para convertirse en el sujeto que asume los dolores, la angustia del ser humano, de ello dan cuenta la obra “El farsante” y “El señor de la melancolía”. 

El artista (re)crea un laberinto por el que deambula el personaje, ahora sujeto, confrontado con la incertidumbre, la desesperanza, el dolor, la frustración, el encierro. “En el principio las colecciones de animales exóticos en cautiverio eran propiedad de la aristocracia reinante. El propósito era coleccionarlos y para esto eran puestos en jaulas que no tenían el espacio adecuado y su mantención era cara. Meses atrás, fue claro que algunos estábamos en la misma situación”. En la cita el artista establece una analogía entre el animal y el hombre enjaulado que sugiere la tematización del cautiverio como laberinto existencial. 

De esta manera, Serrano, bajo esta lógica pictórico-gráfica diseña un aparataje conceptual que navega entre identificación simbólica e identificación real del que somos parte desde un territorio otro, que asume, a su vez, nuestros propios conflictos o, más acertado, los conflictos del artista en su propia reclusión que, como señala: “Esta colección tiene como propósito contar la historia del animal más extraño y exótico, que es la imaginación. La imaginación en cautiverio. Como si fuera una fiera que no se comprende del todo”. 

Edición: Elsa Torres