José Juan Cervera
Foto: Facsímil del libro [i]Musas del manicomio[/i]
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Miércoles 28 de septiembre, 2016

Los médicos que han incursionado en el terreno de la literatura son numerosos, unos con mayor acierto estético que otros, algunos sin desligar de su escritura los temas y motivos de los que su vocación los provee. Las condiciones mismas de su desempeño profesional suelen llevarlos a exponer contenidos que pudieran considerarse escabrosos, lo que conduce a muchos de ellos a identificarse con modelos realistas y naturalistas, sobre todo cuando se acogen a los géneros narrativos, valiéndose de una aguda capacidad de observación que resulta, a la vez, uno de los elementos básicos de sus apreciaciones clínicas.

Al amparo de la letra, su obra recrea también la atmósfera cultural de su tiempo, algo que no todos sus contemporáneos suelen lograr más allá de los testimonios de los que hacen acopio en el restringido círculo de su vida familiar y de su entorno inmediato, que pocas veces alcanzan una proyección menos doméstica. Y si bien es cierto que los registros escritos no son depositarios de una fórmula que les asegure la perdurabilidad absoluta, el hecho de que se conserven ejemplares de ellos en acervos públicos favorece la continuidad de su significado histórico.

Alejandro Cervera Andrade (1900-1988) asumió de manera explícita el papel de cronista de su época en el libro El teatro regional de Yucatán, que a su primera edición de 1947 suma la que en 2009 auspició la Secretaría de Educación de Yucatán, en un volumen que incluye ensayos de otros autores acerca del mismo tema. En otros impresos, en cambio, registra de un modo más indirecto preocupaciones que inquietaban a un sector de los yucatecos cuando avanzaba la centuria pasada. Musas del manicomio. Sinfonía patológica es un opúsculo en verso que publicó en 1969 y firmó con el acrónimo Alcerán, mediante el cual se dio a conocer en otras publicaciones.

El título del impreso es elocuente, y su contenido aborda las diversas modalidades que pueden asumir los trastornos psicológicos, cuyos efectos rastrea también entre las conductas que se vuelven habituales en la vida social, señalándolas como prácticas viciosas y costumbres que sustituyen las de las generaciones del pasado.

Es inevitable emparentar temáticamente esta obra con el poemario Manicomio, del también yucateco Ernesto Albertos Tenorio (1897-1959), el cual circuló inicialmente en una reducida edición que dieron a la luz los parientes de este autor en 1967, y que en 1996 volvió a publicar Rubén Reyes Ramírez con el sello de la Universidad Autónoma de Yucatán. Sin embargo, uno y otro texto difieren en sus recursos formales y en el matiz que imprimen a sus creaciones, pues aunque ambos echan mano de la ironía y refieren con crudeza los asuntos de su interés, sus respectivos estilos se distinguen con claridad, lo que amerita especial atención en cada caso.

Los versos de Cervera Andrade son de composición ligera y evidencian un espíritu festivo; en ellos, el médico y escritor recurre a varios neologismos y términos propios de su campo profesional, algunos muy técnicos. Sus medidas silábicas tienden a la brevedad, en tanto que prodiga rimas asonantes y consonantes en el conjunto de sus poemas, combinándolas a veces en una misma composición. Así como da muestras de cierto prosaísmo, intercala referencias al ambiente regional que aprecia como parte original de las costumbres retratadas en sus versos. De este modo, en su poema “Declaración de amor”, compuesto de cuartetas bisílabas, destacan los vocablos de origen maya y, sin embargo, incluye una frase en francés.

Acorde con el plan general de su obra, el escritor juega con la idea de la disociación del yo, sugiriendo la emergencia de una personalidad escindida desde el momento en que inserta una nota introductoria que rubrica Alex Cervera Andrade para referirse a los escritos “de su amigo” Alcerán. Insiste en la noción que atribuye a los literatos el padecimiento de desórdenes mentales, que hace extensivo a todos los sujetos que la vida moderna ha enajenado de sus valores tradicionales.

Conviene destacar que, como ejemplo de la vigencia de otras producciones suyas, en el Festival de Teatro Wilberto Cantón 2015 volvió a representarse un sainete de Cervera Andrade titulado Aquí va a salir un pajarito, que dirigió y adaptó Blanca Marín Ayala, cuyo estreno se remonta al 11 de febrero de 1946. Así queda de manifiesto que su memoria no ha sido engullida por la bruma desoladora del abandono y del desarraigo.

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