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Cecilia Lavalle
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán

Desde hace algunas semanas, la más alta jerarquía del clero católico mexicano ha encabezado uno de los ataques a las leyes mexicanas más fuertes de las últimas décadas. Yo me pregunto: ¿y el Estado laico, apá?

Bajo el argumento de “lo natural” distintos obispos, cobijados por la Conferencia del Episcopado Mexicano, han promovido discursos y acciones contra los derechos de las personas no heterosexuales.

De su mano han salido a la luz pública distintas personas y organizaciones, particularmente el Frente Nacional por la Familia, a defender la discriminación con malabares de palabras en los que aluden a los derechos humanos y nunca se asumen discriminatorios. Pero, como decía mi abuela, “es lo mismo nomás que al revés volteado”.

En principio han dirigido sus baterías contra el matrimonio entre personas del mismo sexo; pero ya encarrilados han arremetido también contra otros derechos, incluidos los derechos de las mujeres (¡faltaba más!).

Han dicho que “lo natural” es el matrimonio entre una mujer y un hombre, y que por el bien de los niños (lo dicen así, en masculino) se debe prohibir el divorcio. Sugieren incluso, que el Estado intervenga para asegurarse que todo infante tenga un hogar con padre y madre. Es decir, debería estar prohibido, según su deseo, ser madre soltera o padre soltero; conservar a a hijas e hijos si se enviuda, entre otras.

Algunos de los argumentos que he oído van de lo discutible a lo risible.

En un programa de TV escuché a un abogado decir que el matrimonio es una institución que viene del derecho romano y ahí se establece que es entre una mujer y un hombre. Por tanto, eso de los derechos humanos es un invento moderno que no tiene que ver con la ley.

Yo no soy abogada, pero tengo algunas dudas. ¿No también el derecho romano avalaba la esclavitud? ¿No en el derecho romano las mujeres no podían ocupar cargos públicos? ¿No en el derecho romano se permitía que ante el incumplimiento de una deuda el acreedor se cobrara con alguna parte del cuerpo de su deudor? Si se va a mirar con nostalgia al derecho romano, ¿desempolvamos todo o sólo una parte?

Otras afirmaciones son inauditas. Por ejemplo, el rector de la Universidad Grupo Cedip, Andrés Pascual García, subió un video a youtube en el que afirma, que el esperma de los hombres permite a las mujeres “usar sus manitas para lavar, tender la ropa, asear, atender a los niños, etcétera”.

(Yo he de ser una [i]rara avisa[/i], porque después de una “dosis de esperma”, lo que menos se me antoja es usar mis manitas para lavar y tender ropa).

De los homosexuales, Andrés Pascual básicamente afirma que son drogadictos, depresivos y asesinos. Por tanto son un problema de salud social y de salud ambiental (sic). Y sugiere que el presidente Peña Nieto tiene problemas con su identidad sexual, pero que él le puede dar clases de estimulación (doble sic, en honor de Monsiváis).

Sarcasmo aparte, estos dichos –y muchos otros– son en realidad absolutamente discriminatorios. Y no son, en modo alguno, inocuos.

Los derechos humanos son un paraguas que nos cobija a todas las humanas y a todos los humanos. Dejar fuera del paraguas, “mojándose”, a un colectivo de personas, bajo cualquier argumento o sinrazón, es discriminación. Así de simple.

Y yo no veo al gobierno mexicano poner claros los límites entre la libertad de expresión y el discurso que incita a la discriminación y el odio. No lo veo defender con absoluta claridad el Estado laico, ese en el que cabemos todas y todos.

El gobierno no debe olvidar que su mandato es cumplir y hacer cumplir la ley. Y se puede ser cómplice por acción u omisión de la Inquisición que, obviamente, está de regreso.

[b]Mérida, Yucatán[/b]
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