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Rodrigo Patiño*
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán
La Jornada Maya

Jueves 22 de noviembre, 2018

A lo largo de 2018 se ha sentido mucha tensión en Yucatán por las tarifas eléctricas y en los últimos días se escuchan manifestaciones en contra de las disposiciones federales. Desde 2017, estas tarifas a nivel nacional son ciertamente designadas en un nuevo esquema por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y por la Comisión Reguladora de Energía (CRE); mientras que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) se encarga del servicio eléctrico y su respectivo cobro. Existe un mecanismo muy complejo con algoritmos técnico-económicos para designar las tarifas a un listado extenso de clientes diferentes: domésticos, negocios e industriales. Existen categorías en función del tipo de tensión eléctrica suministrada, el uso y la cantidad consumida. También pueden influir la localidad donde se consume, la época del año y el horario del día. Si bien las tarifas domésticas cuentan con un subsidio importante, además de un costo menor en la temporada de verano para regiones tropicales como Yucatán, donde el aire acondicionado se utiliza ampliamente, es importante señalar que, por la misma razón, mucha gente hace un uso inadecuado del servicio, sin medidas de ahorro o de uso eficiente de la energía eléctrica.

Ahora bien, ¿por qué Yucatán tiene tarifas especialmente altas en el nuevo esquema? Existen dos factores primordiales: uno es el tipo de plantas generadoras utilizadas en la región, y otro es el desbalance que tiene la Península entre la producción y el consumo. En la CFE, la Región Peninsular comprende los estados de Campeche, Quintana Roo y Yucatán. Toda la generación eléctrica de la Península se hace utilizando principalmente combustóleo o gas natural. El uso de combustóleo se penaliza sobre el del gas natural, pues la emisión de gases de efecto invernadero es más importante con el primero. Sin embargo, en el estado de Yucatán, a pesar de que las plantas generadoras están adaptadas en su mayoría para el uso de gas natural, en la práctica los gasoductos no alcanzan a abastecer la demanda. Dicho sea de paso, México es productor petrolero y un importador neto de gas natural, por lo que el “castigo” tarifario a quienes usan electricidad proveniente de combustóleo o diésel no parece ser una política adecuada. Es más, la generación eléctrica es cada vez menos responsabilidad de la CFE y en el estado de Yucatán está completamente a cargo de compañías privadas, por lo que los consumidores de electricidad no podemos hacer nada en cuestiones de selección de la fuente energética en el suministro de la CFE.

En cuanto al desbalance que tenemos en la Península para la generación y el consumo eléctricos, en conjunto los tres estados Campeche, Quintana Roo y Yucatán generan casi el total de su consumo eléctrico, mismo que es administrado a través de una interconexión con la red nacional para los picos diarios de variación. Sin embargo, mientras que Campeche prácticamente genera la electricidad que requiere, Quintana Roo en general no produce electricidad. Yucatán, por su lado, genera la electricidad que es consumida internamente más la mayor parte de lo que requiere Quintana Roo. En contraste, existen los datos del consumo eléctrico por persona, que pueden calcularse con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía para 2012: mientras que la media nacional fue de 2,314 kWh, en Campeche fue de 1,382 kWh, en Yucatán 1,536 kWh y en Quintana Roo 2,778 kWh. Estas cifras están relacionadas con el porcentaje de población urbana de cada estado: 74, 84 y 90 por ciento, respectivamente, aunque en el último hay que recordar que por su vocación altamente turística tiene además una gran población flotante, por cierto bastante inconsciente en el ahorro de electricidad durante sus vacaciones. No obstante, sería buena idea que los grandes hoteles, restaurantes y otros negocios fueran responsabilizándose de su demanda eléctrica, lo que además sanearía su economía.

En la región puede irse vislumbrando entonces un futuro de mayor responsabilidad en el consumo, comenzando por el ahorro y la eficiencia en su uso, la descarbonización utilizando fuentes renovables de energía, y la autogeneración a través de proyectos propios y descentralizados del sistema federal en el que el uso de combustibles fósiles exigía una dinámica distinta. Pero los grandes consumidores no son lo únicos que pueden transitar hacia procesos más sustentables, es en realidad a través de proyectos comunitarios y vecinales que se espera un mayor cambio en el aprovechamiento de los sistemas energéticos. Es un empoderamiento desde las poblaciones locales por el que se buscan mayores efectos positivos a nivel nacional o global. Sin embargo, nuestro país aún debe impulsar el desarrollo de tecnología y manufactura propia. En México no hay compañías que fabriquen, por ejemplo, celdas solares y tenemos una total dependencia de manufacturas externas. Este colonialismo contemporáneo debemos ser capaces de enfrentarlo con gran creatividad y esfuerzo.


*Investigador titular del Cinvestav - Mérida y miembro de la Articulación Yucatán

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