A sus 55 años lucha por un sueño: ser enfermera

Especial: Apóstoles de la salud
Foto: La Jornada Nacional

A sus 55 años Rosa Elena está cumpliendo uno de sus sueños: ser licenciada en enfermería, profesión en la que se desempeña desde hace 35 años. Originaria de la zona maya de Quintana Roo, cuenta cómo ha tenido que cambiar de residencia a lo largo de su vida para poder estudiar. Muchas veces, destaca, le ha tocado ser intérprete para las personas que llegan de los poblados en busca de atención y que no hablan español.

Rosa Elena Durán Chan nació en Petcacab, municipio de Felipe Carrillo Puerto, donde estudió la escuela primaria. Posteriormente realizó la secundaria en la cabecera municipal. Su deseo de seguir estudiando la llevó a dejar su hogar e irse a vivir con unos tíos a Chetumal, donde se matriculó en el Conalep en la carrera de técnico en enfermería, la cual no pudo concluir. 

“Fui a hacer mi servicio social y hacía falta gente para trabajar en el hospital general de Chetumal y allí me quedé trabajando, estuve como suplente durante un buen tiempo. Con el paso de los años me hablaron del ISSSTE y allí hice cuatro años como suplente y luego me dieron una base, para mí era una maravilla porque tenía un ingreso para ayudar a mi familia en Carrillo Puerto”, recuerda.

Al ser la mayor de cinco hermanos, narra que debió ayudar a sus padres a sacar adelante a los otros miembros de la familia. Varios de ellos terminaron por dedicarse al ramo de la salud: dos de sus hermanas son enfermeras, una sobrina está estudiando para serlo y un sobrino es químico.

Otra gran satisfacción para ella es poder ayudar a los pacientes que vienen de la zona maya y no hablan español a comunicarse con los médicos: “yo era su traductora con la doctora, yo si sé la maya, no muy bien, pero entiendo”.

Se casó “y mi carrera la dejé a un lado, dije ni modos, ya no puedo seguir. Crié cuatro hijos y me quedé en Chetumal”. Fue en el 2000 que su esposo, quien es médico, fue trasladado a Playa del Carmen y ella lo acompañó. Hace cuatro años su pareja tuvo una operación de columna que salió mal, pues quedó inmovilizado, por lo que ahora debía cuidarlo en casa. Sin embargo, en ella siempre latió el deseo de recibirse como enfermera y se matriculó en la escuela de enfermería Ignacio Chávez.

“Con las clases, mi hogar, mi esposo hay veces que digo: ya no quiero; les digo a mi hijos y ellos me responden: no mamá, siga adelante. Mi meta es terminar la escuela, quiero irme bien, con una carrera bien hecha, tener esa satisfacción de seguir estudiando y salir adelante”, destaca. 

Rosa Elena estudia los viernes en la tarde y los sábados todo el día. El resto de la semana trabaja en la unidad de medicina familiar del ISSSTE en Playa del Carmen. A los más jóvenes, les dice: “yo sé que es muy pesado, pero sí se puede lograr si uno le pone interés”.

 

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-Ts’o’ok 55 ja’abo’ob káajak u meyaj ti’al u béeykunsik ba’ax u náaytmaj: u ts’o’oksik u xookil x-áantaj ts’akyajil
 

Edición: Laura Espejo