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Ana Ramírez
29/01/2026 | Cancún, Quintana Roo
La toxicidad laboral se ha consolidado como uno de los principales riesgos para la competitividad empresarial en México; estudios de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advierten que hasta 85 por ciento de las empresas operan bajo entornos laborales tóxicos, marcados por estrés crónico, acoso, mala gestión del liderazgo y desgaste emocional, compartió Ana Estrada, directora de la agencia de comunicación y marketing Brújula Interior.
"Más allá del impacto humano, el fenómeno representa un alto costo económico al reducir la productividad, incrementar el ausentismo y elevar la rotación de personal", indicó.
Una proporción significativa de trabajadores, dijo, ha experimentado síntomas de estrés relacionados con su empleo, como jornadas extensas, comunicación deficiente, falta de reconocimiento y liderazgos poco empáticos se han normalizado, convirtiendo la cultura organizacional en un factor de riesgo constante.
El resultado son colaboradores en “modo supervivencia”, con menor capacidad de concentración, innovación y toma de decisiones. La especialista afirmó que en el desarrollo de relaciones laborales la toxicidad suele surgir cuando una figura de autoridad “tiene la capacidad y en ocasiones el deseo de destruir emocionalmente al colaborador”, ya sea de forma abierta o sutil.
“El primer indicador es claro: el trabajo te hace sentir mal contigo mismo… A ello se suman síntomas físicos asociados al entorno laboral, como dolor de cabeza, problemas de sueño, alteraciones en la alimentación y el deterioro de las relaciones personales fuera del trabajo”, apuntó.
Desde una perspectiva de negocios, la consecuencia es directa. La exposición prolongada a ambientes tóxicos eleva los niveles de estrés y activa respuestas de “pelear o huir”, reduciendo la capacidad cognitiva del empleado.
“En ese estado, lo último que hace una persona es producir. La empresa pierde compromiso, creatividad y resultados, especialmente cuando el origen es un liderazgo tóxico con influencia sobre equipos completos”, aseveró.
Para eliminar la toxicidad, la especialista enfatizó que identificarla a tiempo es el primer paso. Para los colaboradores se recomienda reconocer señales, buscar apoyo profesional y establecer límites. Para las organizaciones la solución es estructural: definir conductas no negociables, capacitar a líderes, habilitar canales anónimos de denuncia y actuar con coherencia.
“Cuando una empresa comunica que no tolera prácticas tóxicas y lo demuestra con acciones, la confianza y la productividad se recuperan... En un entorno económico competitivo, erradicar la toxicidad no es solo una cuestión de bienestar: es una decisión estratégica”, confió.
Las empresas, finalizó la especialista, que apuestan por culturas laborales sanas protegen su talento, fortalecen su desempeño y aseguran crecimiento sostenible.
Edición: Estefanía Cardeña