Foto: Donald Davesne

Nombre científico: Anhinga anhinga
Hábitat: Humedales, lagunas, cenotes y zonas de manglar
Dieta: Principalmente peces
Amenazas: Urbanización, desarrollo turístico y contaminación del agua
Característica distintiva: Su cuello largo, delgado y flexible.

En los humedales costeros de Tulum, donde el agua dulce y salobre se entrelazan con los manglares, habita una de las aves más singulares y poco conocidas de la región: la aninga americana (Anhinga anhinga). A pesar de su discreta presencia, especialistas la consideran un indicador clave de la salud ambiental de estos ecosistemas.

De acuerdo con Juan Flores Valadez, coordinador del Programa de Aves Urbanas de Cancún de la NABCI-Conabio, esta especie forma parte de la riqueza natural del Caribe Mexicano y es, incluso, un ave insignia de los humedales de la zona. “Es una especie poco conocida, pero fundamental para entender el equilibrio ecológico de estos ambientes”, señaló.

La aninga americana destaca por su peculiar anatomía. Su cuello largo, delgado y flexible le da una apariencia similar a la de una serpiente cuando se desplaza en el agua, lo que le ha valido el apodo de “ave serpiente”. También es conocida como anhinga americano, pato aguja americano, corúa real o cotúa agujita, nombres que reflejan tanto su forma como su técnica de caza.

El dimorfismo sexual es evidente: el macho presenta un plumaje predominantemente negro con reflejos brillantes, mientras que la hembra combina tonos oscuros con áreas más claras en la cabeza y el cuello. Esta diferencia permite distinguirlos con relativa facilidad en su entorno natural.

Dio a conocer que la aninga habita principalmente en humedales, lagunas, cenotes y zonas de manglar, ecosistemas característicos de Quintana Roo. Prefiere aguas tranquilas y poco profundas, donde la vegetación acuática le proporciona refugio y abundancia de presas. Su presencia en estos sitios no es casual. Esta ave depende de cuerpos de agua limpios y bien conservados, por lo que su permanencia es un indicador de ecosistemas saludables. 

En Tulum, su avistamiento se ha vuelto una señal alentadora frente a las crecientes presiones del desarrollo turístico. La dieta de la aninga americana se compone principalmente de peces, aunque también puede alimentarse de anfibios e invertebrados acuáticos. 

Su método de caza es particularmente llamativo y eficiente. A diferencia de otras aves acuáticas, la aninga no captura a sus presas con el pico como pinza. En cambio, utiliza su cuello como una especie de resorte o lanza: se sumerge sigilosamente y, con un rápido movimiento, atraviesa al pez con su afilado pico. Posteriormente, emerge a la superficie, lanza la presa al aire y la ingiere de cabeza. Este comportamiento ha contribuido a su nombre común de “pato aguja”, aludiendo a la precisión de su ataque.

El experto añadió que otro rasgo distintivo de la aninga es su hábito de secar sus alas al sol. A diferencia de muchas aves acuáticas, sus plumas no son completamente impermeables, lo que le permite sumergirse con mayor facilidad, pero la obliga a posarse posteriormente con las alas extendidas para eliminar la humedad.



Foto: Mayela y Ramón

Llega a mostrar una imagen con las alas abiertas sobre una rama en medio del manglar, lo que es una de las postales más representativas de los humedales del Caribe Mexicano.

A pesar de su amplia distribución en América, la aninga enfrenta diversas amenazas en México. La pérdida de hábitat, derivada de la urbanización, el desarrollo turístico y la contaminación del agua, representa el principal riesgo para sus poblaciones.



Foto: Ayuntamiento de Tulum


Señaló que en regiones como Tulum, el crecimiento acelerado ha puesto presión sobre los humedales, reduciendo los espacios disponibles para esta y otras especies. Asimismo, la contaminación por residuos y descargas afecta la calidad del agua y, por ende, la disponibilidad de alimento.

El especialista subrayó la importancia de conservar estos ecosistemas no solo por la aninga, sino por la biodiversidad que albergan. La protección de manglares y cuerpos de agua es clave para garantizar la supervivencia de esta ave y de muchas otras especies.

Expuso que, aunque es poco conocida por el público en general, la aninga americana representa un símbolo del equilibrio ecológico en los humedales. Su presencia confirma que aún existen espacios donde la naturaleza mantiene su ritmo, a pesar de las presiones humanas. Dijo que, para los expertos, fomentar su conocimiento y valoración es fundamental.



Foto: Enéas V. Gouvêa Junior

“Es importante que la gente reconozca estas especies y entienda su papel en el ecosistema. Sólo así podremos avanzar hacia una verdadera conservación”, concluyó Flores Valadez.

Explicó que en un entorno donde el desarrollo avanza rápidamente, la aninga sigue deslizándose entre los manglares, silenciosa pero esencial, como guardiana de los humedales del Caribe Mexicano.


Como cada viernes, La Jornada Maya te invita a conocer la fauna endémica del sureste mexicano. Aquí te compartimos la colección que tenemos hasta el momento. ¡Disfrútala!



Edición: Estefanía Cardeña


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