Katia Rejón
Foto: José Luis Fajardo Escoffié
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Jueves 10 de agosto, 2017


[i]En entrevista, la investigadora del Departamento de Ecología del Cinvestav en Mérida destacó que se requieren permisos de pesca comercial y un mayor apego a la ley en zonas costeras de Yucatán. Asimismo, puntualizó en que Holbox y Chiquilá deben ser tratados en programas de políticas públicas como un espacio simbiosis y no únicamente como cruce de peatones.[/i]


La doctora Julia Fraga Berdugo actualmente es investigadora titular en el Departamento de Ecología Humana del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del Centro de Investigaciones y Estudios Avanzados del Instituto Politécnico Nacional (Cinvestav) en Mérida. Tiene una amplia experiencia en comunidades costeras y pescadores en la costa de Yucatán, sobre todo en los procesos de migración de campesinos hacia la actividad pesquera.

En entrevista con [i]La Jornada Maya[/i] platicó acerca de la necesidad del turismo sostenible como una “promesa económica, social, cultural y ecológica para no dañar los recursos naturales y ecosistemas”. Como ejemplo a los problemas sociales y ecológicos que puede ocasionar el turismo en algunas zonas costeras está el reciente caso de Holbox y San Felipe.

[b]¿Cuáles son las similitudes entre el puerto de Holbox y San Felipe en términos de ecología y economía?[/b]
Ambos basaron su economía en la pesca comercial en los últimos cincuenta años y dependen de un turismo basado en la naturaleza para continuar con sus medios de vida de cara al mar. También son muy vulnerables a los huracanes y corrientes marinas del mar Caribe dispersando no solamente especies marinas, sino contaminantes de los cruceros que incrementan su volumen y capacidad de desechos.

En lo económico, tanto San Felipe como Holbox atraviesan la masificación del turismo por la calidad de sus paisajes, la demanda de agua potable y la gestión incipiente de los desechos sólidos. Son comunidades humanas con altas capacidades de atracción de población en busca de medios de vida que ya Cancún y Playa del Carmen con sus cadenas hoteleras concluidas no satisfacen. Por sí solas son comunidades que atraen con su cultura pesquera para el caso de San Felipe y su cultura open air para el caso de Holbox.

[b]En ocasiones anteriores ha hablado acerca de la necesidad de regularizar la pesca de estas zonas, debido a la transición de la actividad primaria a la terciaria, ¿en qué consistirían esas regularizaciones?[/b]
Principalmente en los permisos de pesca comercial y un mayor apego a la ley. Considero que éstos aún son tibios y los espacios no están claramente definidos de acuerdo con la ley y la normatividad pesquera entre la Sagarpa y la Semarnat, así como Sectur y sus órganos desconcentrados.

Deben establecerse zonas especiales para la pesca deportiva, recreativa, así como actividades de pesca comercial para satisfacer la demanda de mariscos por el turismo. La demanda tan alta lleva a la pesca ilegal y furtiva.

[b]La actividad económica de los municipios pesqueros[/b]

Me pregunto por qué han fracasado tanto las iniciativas de cultivos de peces en los estuarios o zonas donde puede producirse para el autoconsumo y para la venta.

Holbox se pobló desde 1960 con campesinos de origen maicero. San Felipe atrajo a muchos campesinos de las haciendas henequeneras. Ambos fomentaron organizaciones pesqueras por una bonanza que ya terminó. Tienen que experimentar nuevas formas de trabajo, diversificarse.

Muchos de los que consiguieron tierras solamente piensan en la ganadería extensiva y no en producir huertos de abastecimiento de frutas, legumbres, hortalizas, palma de huano, animales de traspatio, entre tantas cosas. Piensan que el único futuro asegurado es la educación de los hijos, convertirlos en profesionales. Ahora eso es ya casi imposible de pensar en un mundo con menos posibilidad de empleos.

[b]El destino de San Felipe[/b]

San Felipe tiene mucho que aprender de Holbox para no repetir errores. Una ventaja que tiene este puerto es que aún viven muchos de los pescadores que comenzaron iniciativas de organización pesquera que puede llevar a un diálogo interno comunitario para evaluar las ventajas y amenazas que tienen ante las actividades terciarias.

Por su lado, Holbox puede aún recuperar ciertas ventajas de la acuacultura para producir en cautiverio especies marinas que cubran la demanda de los restaurantes locales y regionales. Ahora se importa mucho del pacífico norte y de Asia. Holbox y Chiquilá tienen que tratarse en los programas de políticas públicas como un espacio simbiosis y no solamente como cruce de peatones, turistas o de receptores de trabajadores que finalmente están tratando de buscar medios de vida o huir de las ciudades de cemento.

[b]¿Sería posible el turismo sustentable en el contexto de la península de Yucatán?[/b]

Todos estamos pagando por mundos de fantasía que también se han convertido en negocios de consumo. Estamos tan imbuidos de confort por la tecnología que lo queremos es llevar nuestra casa en cada viaje que hacemos, así sea a una hora de distancia. La materialización de nuestros logros implica la muerte de nuestra propia naturaleza interna y de la que nos rodea.

La desidia prima y de siempre es esperar que alguien venga a dar el ejemplo, cuando eso sucede y se marcha quedan peor que antes. Por eso han aumentado las fundaciones de todo tipo de empresas. Ya sean de turismo, transporte, telecomunicaciones, cementeras, educativas. Cada familia ha perdido su propia conexión con la naturaleza, la cultura, el entorno y sobre todo, con sus antepasados, todo esto ha quedado a merced de los festivales organizados por el gobierno o las empresas. Podríamos pasarnos horas hablando, pero en síntesis te comento que para que tengamos turismo sostenible, por lo menos en Yucatán, debemos dejar de pensar tanto en las ganancias y más en las inversiones desde nuestra casa.

[b]¿Hay algunas otras zonas que estén en peligro de pasar por las mismas situaciones que Holbox y San Felipe?[/b]

Sí, principalmente en lo que queda de los pueblos pesqueros de Yucatán y Campeche, debido al rápido crecimiento urbano de la Ciudad de Mérida y Campeche. Los conflictos sociales tenderán a agudizarse en la medida que exista presión sobre los recursos naturales y sobre el cierre de accesos litorales. Este es un fenómeno de planeación del espacio marino-costero que a pesar de los ordenamientos ecológicos territoriales, son rebasados por los negocios, empresas inmobiliarias y segundas residencias que se construyen tanto en lo ancho como en lo alto del territorio costero.


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