Juan Manuel Contreras
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Lunes 27 de enero, 2020

José de Jesús tiene 32 años y, además de tomar lecciones de folclor mexicano en la escuela de Bellas Artes en Mérida, pertenece a la orquesta típica de la academia de la maestra Xenia García, en Hunucmá. Su madre, María Esther, no puede evitar sonreír cuando platica las proezas de su hijo, quien pese a tener síndrome Down, se ha abierto camino por los estrechos senderos de la inclusión gracias a la academia Yol-Izma, que acaba de cumplir 20 años en la lucha por generar un encuentro con el arte para personas con discapacidad.

Ante la necesidad de crear espacios para este tipo de expresiones, la profesora Xenia García Bojórquez y su esposo, Raúl Uranga Arana, lucharon contra viento y marea para sentar las bases de un centro cultural al interior del estado que contribuya a alejar a los jóvenes de los vicios y permita un desarrollo personal y comunitario. Con miras a una descentralización cultural, nace Yol-Izma.

El camino no fue fácil, ya que al principio los pobladores de Hunucmá no vieron con buenos ojos a sus hijas bailando en leotardo, según relata la maestra de danza: “Imagínate, ¡en el año 2000!”, refiere todavía sorprendida por la ideología conservadora que impera en la mayoría de los municipios yucatecos.

El proyecto fue ganándose poco a poco el visto bueno de los pobladores, quienes se percataron de su seriedad. Incluso, un grupo de madres de infantes con discapacidad se acercaron a la academia ante la falta de espacios para el desarrollo de estas personas, a quienes les abrieron las puertas.

Paulatinamente, la noticia de un nuevo centro cultural con enfoque inclusivo se fue esparciendo como pólvora y no tardaron en llegar familias de poblaciones aledañas como Kinchil, Tetiz y Celestún, interesados en que sus vástagos cursaran alguna disciplina.

Los integrantes de la orquesta típica inclusiva reciben clases de danza, jazz y música. La banda la conforman 30 músicos -ocho con discapacidad- y próximamente pretenden acoger a personas de la tercera edad para que también puedan sentirse parte de esa familia musical. Su destreza con los instrumentos los ha llevado a presentarse en Playa del Carmen, Mérida y Sisal.

Para la maestra Xenia, quien es egresada de la escuela de Bellas Artes, lo más importante es que los jóvenes interesados en el ámbito artístico sientan el apoyo de sus padres, sobre todo si tienen alguna discapacidad.

Con la sensibilidad a flor de piel, la profesora lamentó que muchos padres del interior del estado todavía escondan a sus hijos con discapacidad, pues se avergüenzan de su condición. La secundó Iracema Maldonado, madre una niña con retraso, cuya vida ha cambiado luego de cursar clases de jazz; “ahora está muy motivada”, celebra.

Diana Laura Ramírez, maestra de música, relata que se trata de una experiencia gratificante: “Ver cómo crecen, no puede explicarse con palabras. Presenciar cómo se puede transformar la vida de las personas a través de la música es indescriptible”.

Aún sin el apoyo gubernamental, Yol-Izma hace sus propias olas y continúa viento en popa para contribuir a la mejora de la calidad de vida de quienes acuden a ellos en busca de superación, sin distinciones. La academia tiene varios planes en puerta, de los cuales seguramente nos enteraremos muy pronto. Mientras eso sucede, el proyecto avanza a paso firme.


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