Vital la temprana detección de síntomas del TDAH: neurosicólogo

Básica, colaboración entre padres y especialistas, indica facultativo
Foto: Fernando Eloy

Para diagnosticar a una persona con TDAH se requiere de una observación clínica previa, que debe cumplir con ciertos criterios, y pese a que es el siquiatra quien tiene la última palabra, la sicología juega un papel fundamental en este proceso, así lo explicó el neurosicólogo Alejandro Herrera González, quien cuenta 20 años de experiencia en este campo.

Diagnosticar a un niño con TDAH puede ser un procedimiento relativamente rápido por la manifestación de síntomas, aunque en otros casos estos no son tan evidentes, y se suele recurrir a los sicólogos para que, a través de estudios neurosicológicos, aporten datos que permitan clarificar esta evaluación.

“A través de estos estudios podemos ver cómo está impactando el déficit de atención en ciertas habilidades cognitivas, y a partir de ello comenzamos el desarrollo de una serie de programas de intervención a fin de que mejoren en la escuela y sus habilidades para la vida diaria”, explicó.

El doctor Herrera subrayó la importancia de la detección temprana de esta condición, pues mientras más pronto se tenga conocimiento de ella e intervenga de manera adecuada, disminuirán sus posibles consecuencias, desde que se trata de una afectación neurobiológica que afecta la conectividad cerebral.

“Normalmente los infantes tienen mucha plasticidad cerebral, y si nosotros a través de los apoyos médicos y escolares elaboramos una estructura facilitadora del desarrollo de sus habilidades, también utilizamos esa plasticidad para que pueda desarrollar hábitos que permitan manejar el TDAH en diversos ámbitos de su vida”, detalló.

El experto aclaró que detectarlo no necesariamente significa diagnosticarlo, ya que en muchas ocasiones esto ocurre cuando el niño se encuentra en edad escolar, pero percatarse de bajos niveles de atención en edad preescolar, por ejemplo, puede ser de gran ventaja. 

Inatención, hiperactividad e impulsividad

Herrera González expuso que uno de los tres síntomas del TDAH es la inatención, lo que provoca que los pacientes se distraigan; que no puedan seguir una explicación en el aula o que no hagan caso a sus padres en la casa, lo que evidentemente detonará problemas en su desarrollo.

La hiperactividad es otro síntoma que causa que el infante tenga “un motorcito interior” que impide que permanezca sentado por mucho tiempo, que necesite estar corriendo o haciendo actividades, sobre todo en momentos cuando necesita estar tranquilo. No es que no quiera estarlo, sino que no puede.

Finalmente está la impulsividad, que provoca reacciones rápidas en los infantes y puede ser catalizadora de conductas emocionales muy marcadas, tales como berrinches intensos, responder antes de que se le termine de preguntar algo, e incluso que reaccione de forma agresiva.

De igual forma hay un grupo entre los TDAH que puede presentar tics. Cuando esto sucede, lo que deben tener pendiente los profesionales es que esta característica no forme parte de algún otro síndrome. Muchas veces presentan conductas obsesivas, pero éstas pueden pertenecer a otra condición.

Aceptación y colaboración

Una vez emitido el diagnóstico, los padres pasan por un período de aceptación. Hay quienes, al recibirlo, se sienten aliviados, porque se preguntaban qué es lo que no hacían bien como tutores. “Estos papás habitualmente, cuando les damos el diagnóstico, se vuelven muy colaboradores para trabajar y hacer actividades requeridas por sus hijos”, precisó.

Hay otro grupo de padres, apuntó, a los que lleva más tiempo aceptar el diagnóstico, y al informarles no lo reconocen o tardan mucho en hacerlo, porque no les gustaría que su hijo tuviera algún problema y temen que sean etiquetados de forma negativa.

“Hay quienes incluso pueden llegar a negarlo y comienzan a buscar alternativas que pueden ser causantes de que el niño no reciba la atención adecuada”, advirtió.

El doctor Herrera especificó que los diagnósticos son aproximativos, como todos los dictámenes sicológicos y médicos. Son probables y en esa probabilidad aumenta la oportunidad de aproximarse al trastorno si se siguen todos los protocolos para este fin.

Eternos peregrinos

En su desesperación ante la falta de resultados, no son pocos los tutores que “peregrinan” de consultorio en consultorio en busca de la terapia que “corrija” a su hijo. El doctor Herrera aclaró que, tras el diagnóstico, los padres siempre son informados que la situación implica un trabajo largo y constante, entonces los apoyos deben ser continuos.

Se debe involucrar a los papás y a la escuela, consideró, ya que habitualmente los niños con TDAH requieren ser tratados de forma multidisciplinaria. Muchos (padres) llegan a desesperarse porque el trabajo desde lo científico no arroja resultados de manera inmediata, sino a mediano o largo plazo.

“Todo lo que trabajamos va a hacer que el niño desarrolle una serie de recursos. A lo mejor en el día a día no muestra cambios significativos, pero a la larga la terapia derivará en acciones mucho más positivas para el niño y su familia”, abundó.

En ese sentido, señaló la importancia de comprender que pueden no existir cambios muy inmediatos como en el caso de los medicamentos, aunque este último tampoco transforma los hábitos. 

La exasperación que presentan varios tutores puede llevarlos a buscar otras alternativas a las que el profesional de la salud denominó como “mágicas”, pues ofrecen cambios rápidos, pero aclaró que estas prácticas no cuentan con sustento científico, ni están avaladas por las asociaciones dedicadas al tema.

Los adultos y el TDAH

Herrera González reiteró que el TDAH es un trastorno perteneciente a la clasificación del neurodesarrollo, y como tal, comienza en la infancia, se prolonga en la adolescencia, y en la gran mayoría de los casos prevalece hasta la edad adulta.

“Todos hemos conocido adultos que consideramos inmaduros, que no tienen trabajos estables, o relaciones familiares o de pareja. Muchos de ellos son personas que desde pequeños tenían déficit de atención, pero no fueron diagnosticados y son vulnerables a caer en problemáticas como alcohol y drogas cuando no reciben la ayuda”, acotó.

Cuando un adolescente recibe la ayuda y sigue un tratamiento sistemático, al llegar a la edad adulta, muchos han logrado desarrollar todo un conjunto de estrategias que les permitirán sobrellevar su condición y contar con elementos para afrontar los retos de una vida adulta, a diferencia de quien no la recibió.

El trabajo, los apoyos, el tratamiento necesario y su continuidad, contribuirán en gran medida a que cuando lleguen a la edad adulta, cuenten con los recursos para afrontar los retos que se le presenten en esta etapa de su vida.

Los adultos con TDAH llegan a los consultorios por sí mismos ya que en ocasiones se sienten identificados con los síntomas de la condición. Al tener conciencia del problema, suelen volverse colaboradores en relación al quehacer del trastorno, lo que propicia resultados más prontos incluso que en los niños.

Bajan su autoestima

El TDAH no sólo genera problemas conductuales o cognitivos, sino emocionales cuando el niño y su familia no comprenden lo que está sucediendo. Un niño inquieto y que reprueba sus materias suele recibir regaños, etiquetas negativas -como flojo, tonto- y cuando empieza a tener mayor conciencia, es común que presente problemas de autoestima.

Estos niños, que habitualmente tienen una inteligencia promedio o incluso superior al promedio, se dan cuenta que se esfuerzan mucho, pero el resultado es muy pobre. Esto desde luego impacta en su autoconcepto, refirió el experto.

“Imagínate alguien que estudia toda la tarde para un examen, se sienta, lo presenta, siente que sacó un 9 o 10, y cuando le entregan los resultados la calificación es reprobatoria”.

No es raro que, si no reciben comprensión, terminen con una autoestima muy baja y vulnerables en la vida, sobre todo al llegar a la adolescencia o edad adulta, cuando son candidatos a caer en abuso de sustancias, relaciones lastimosas, entre otros.

“Por eso es importante que reciban apoyo emocional. Trabajar con la familia para notar sus aspectos positivos y fortalecerlos. La mayor parte de ellos son muy creativos, pueden tener áreas muy buenas en lo artístico y deportivo. Es cuestión de canalizar sus habilidades”, argumentó.

Información vital sobre medicamentos

Pese a no ser los que los recetan, el sicólogo subrayó la importancia de que los profesionales se informen y conozcan el uso de medicamentos. Los niños con TDAH necesitan un tratamiento médico, pues padecen un desbalance neuroquímico que afecta la conectividad cerebral.

Al ser algo micro, no se ve, y muchos entran en duda sobre si se debe o no medicar al infante, pero aclaró que el medicamento genera una condición biológica que no puede generar por sí mismo para autorregularse. 

El medicamento por sí solo no va a lograr su objetivo; acompañarlo con el tratamiento neurosicológico es lo que propiciará, por lo que es vital que los terapeutas comprendan la necesidad del fármaco y no lo perciban como algo que afecta de manera negativa a sus pacientes.

“Nos topamos todavía con muchos colegas que no creen en estos métodos y cuando llega el infante lo primero que hacen es retirárselo. No lo ayuda, sino hacen que tarde más en alcanzar objetivos favorables para su desarrollo”, aseveró.

Consciencia en aumento

En cuanto a los avances, Herrera González remarcó que se trata de una condición cuyas características se conocen desde hace siglos, pero fue hasta mediados de los años 70 que se le nombró y denominó como trastorno. Pese a ser relativamente nuevo, siempre ha existido. 

“Actualmente con el desarrollo de las neurociencias, nos queda claro en qué consiste, pues nos han dado una visión amplia de cómo funciona el cerebro de un niño con TDAH. Opera diferente a alguien que no lo tiene, sobre todo en ciertas regiones, como en la frontal, que se relaciona con la capacidad de planeación y regulación de la conducta”, dijo.

Celebró que cada vez sean más los sicólogos -y profesionales en general- conscientes del impacto emocional que el TDAH puede generar en quien lo padece y sus allegados, lo que sin duda ha detonado la voluntad de crear ambientes que faciliten la comunicación.

El trastorno por déficit de atención es real, y si no se aborda, quien terminará por pagar las consecuencias será el niño. Si lo comprendemos y nos informamos, hay mayores posibilidades de cubrir sus necesidades y procurarle una calidad de vida óptima, como la de cualquier otro infante.

 

Edición: Enrique Álvarez


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