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Astrid Sánchez
05/05/2026 | Mérida
A pesar de que existen numerosos textos que recapitulan lo acontecido durante la Guerra de Castas, uno de los episodios menos contados es aquel cuando el Segundo Imperio Mexicano realizó una campaña contra los mayas orientales para dar fin a este enfrentamiento, un periodo que ha quedado plasmado en la obra del investigador José Koyoc.
“Hidra feroz. Los mayas orientales frente al Segundo Imperio Mexicano" recorre Kampocolché, Dzonot y Tihosuco, lugares claves para la resistencia indígena que aparecen en los miles de informes militares consultados por Koyoc para poder construir las historias que se cuentan en el libro.
El libro revela la dimensión de un conflicto mucho más complejo de lo que suele imaginarse. En las expediciones contra los mayas no solo participaron tropas imperiales: hubo prisioneros de guerra republicanos, mandos enviados desde el centro del país, población peninsular obligada a construir fortificaciones e incluso presencia de migrantes chinos.
“En en el proyecto de historia pública K’ajlay hace mucho tiempo que hablamos de la Guerra de Castas y habíamos identificado en general que no hay muchos estudios que se enfoquen a estos términos de la historia de la guerra, no solo de las tácticas militares, de las estrategias, sino también de la experiencia de los combatientes y de los no combatientes, que esa parte es muy importante. Una de las premisas de este libro, es un poco compartir cómo vivían los combatientes, estas movilizaciones que luego se suelen recordar como estos combatientes heroicos, pero ¿qué pasaba con la población en general que vivía en la zona de la frontera?, ¿qué pasaba también con las familias de los soldados y de los trabajadores que eran obligados a ser movilizados a la a la frontera?” se cuestiona el autor.
Bajo esa premisa, Koyoc destaca el Diario del sitio de Tihosuco, escrito por Daniel Traconis, donde describe, desde un punto de vista militar, cómo era estar sitiado por los mayas insurgentes.
Una de las imágenes más potentes es la de los militares enfrentando a un enemigo que no podían ver porque los insurgentes mayas utilizaban la selva como estrategia: se dispersaban entre la vegetación y atacaban.
“Una de las cosas que más me impactaba de leer las partes militares de las personas que fueron enviadas a luchar en los alrededores de Tihosuco era que parecía que combatían a un enemigo invisible, porque la táctica de los insurgentes mayas era dispersarse entre la vegetación para desde ahí atacar a estas columnas del Ejército Imperialista… Hay muchas frases que se cuelan en los informes, como por ejemplo que muchos de los sonidos que nosotros actualmente asociamos con los animales, como pudieran ser pisadas entre la vegetación, eran leídos por estos militares como ataques inminentes”.
Además, el libro también contrasta la idea arraigada de que los mayas insurgentes eran combatientes improvisados porque detalla que estaban organizados y, en muchos casos, uniformados, probablemente con indumentaria adquirida del ejército británico en Belice.
Durante tres años, el autor trabajó en la construcción de este libro y fue gracias al acceso al Archivo Histórico del Arzobispado de Yucatán que pudo abrir nuevas rutas de investigación.
El libro va acompañado de ilustraciones realizadas por el arquitecto Miguel Matos, quien se encarga de plasmar los pueblos cubiertos por trincheras, torres de vigilancia y baluartes que hoy han desaparecido del espacio urbano.
También destaca la labor de Capulín Editorial, responsable de la edición, que lanzó el material en formato de risografía, una técnica semiartesanal que reivindica el libro como objeto en tiempos digitales.
La obra está disponible en Mérida en la librería Sempere y la cafetería Silvestre y en Ciudad de México en Volcana.