La Jornada Maya

Homenajean a Alfredo Barrera Marín expandiendo y enriqueciendo sus conocimientos

Consideran urgente devolver el conocimiento científico a las comunidades mayas

Homenajean a Alfredo Barrera Marín expandiendo y enriqueciendo sus conocimientos
Foto: Astrid Sánchez

A 100 años del natalicio del etnobiólogo y botánico yucateco Alfredo Barrera Marín, admiradores y promotores de su trabajo aprovecharon para hacer un llamado urgente a devolver el conocimiento científico a las comunidades mayas y reconocer que la biodiversidad no puede entenderse sin las voces, la lengua y la experiencia de quienes han habitado el territorio durante siglos.

En el homenaje, realizado en las instalaciones de la Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones Regionales Dr. Hideyo Noguchi, se destacó que el legado de Barrera Marín no fue sólo una obra académica dedicada a la etnobotánica y la taxonomía sino una forma de entender la relación entre naturaleza, cultura y memoria comunitaria.

Fidencio Briceño, lingüista y antropólogo, sostuvo que gran parte del conocimiento recopilado por Alfredo Barrera Marín y Alfredo Barrera Vásquez permanece todavía disperso, inédito o incluso en riesgo de desaparecer, pese a su enorme valor cultural y científico.

Recordó que en 1984, mientras trabajaba en la entonces Academia de la Lengua Maya de Yucatán, descubrió cientos de fichas lexicográficas que inicialmente parecían “basura arrumbada”, pero que en realidad contenían registros sobre flora, lengua y conocimiento tradicional maya.

“Ahí empezó a llegar a mi cabeza que lo que tenemos en maya no son palabras, sino conceptos que engloban lo lingüístico y lo cultural”, expresó.



Foto: Astrid Sánchez


Para el investigador, uno de los grandes pendientes es transformar ese conocimiento especializado en herramientas vivas para las comunidades actuales, especialmente para las infancias y juventudes mayas.

Explicó que, junto con integrantes de la Academia de la Lengua y Cultura Maya de Quintana Roo y el Jardín Botánico Regional Dr. Alfredo Barrera Marín, comenzaron a desarrollar proyectos de “vivencialidad”, un concepto que busca que las nuevas generaciones no sólo aprendan sobre plantas y rituales, sino que los vivan desde la experiencia comunitaria.

Parte de este trabajo incluyó la creación de señalética en lengua maya, español e inglés dentro del jardín botánico, así como talleres con niñas, niños y personas mayores para recuperar saberes sobre plantas medicinales, rituales y clasificación tradicional de especies.

Briceño señaló que la clasificación maya de las plantas no se limita a describir características físicas, sino que incorpora funciones curativas, rituales y simbólicas.
El antropólogo también cuestionó la división occidental entre naturaleza y sociedad, al señalar que, desde la cosmopercepción maya, ambos elementos forman parte de un mismo sistema.

En otra de las participaciones centrales del homenaje, el ecólogo y exfuncionario ambiental Rafael Robles de Benito compartió una semblanza personal sobre Alfredo Barrera Marín, a quien describió como uno de los científicos que ayudaron a construir la política ambiental moderna en México.

Robles de Benito recordó su formación como estudiante de biología en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y cómo Barrera Marín dirigió su tesis sobre huertos tradicionales en comunidades de Morelos.

Más allá de la investigación científica, dijo, el etnobiólogo le enseñó a observar el territorio desde una perspectiva integral, donde la biodiversidad y la cultura son inseparables.

“Me enseñó que el saber de la ciencia convencional de Occidente no es el único”, relató.

El ex secretario estatal de Ecología destacó que Barrera Marín impulsaba un diálogo entre conocimientos científicos y saberes comunitarios mucho antes de que esos debates se volvieran comunes en la academia ambiental.

También recordó que el investigador insistía en reconocer el papel de las mujeres rurales en la conservación de la biodiversidad, pues son quienes resguardan conocimientos sobre plantas medicinales, semillas, alimentos y manejo del traspatio.

“No podemos entender la biodiversidad ni la relación que nuestra especie tiene con las demás sin escuchar lo que las mujeres saben”, señaló.

Durán sostuvo que una de las principales enseñanzas de Barrera Marín fue entender que la investigación científica debe partir de preguntas abiertas y del reconocimiento de otros sistemas de conocimiento.

Ambos colaboradores de La Jornada Maya coincidieron en que el conocimiento biocultural maya no puede permanecer únicamente en archivos académicos o publicaciones especializadas, sino que debe regresar a las comunidades para fortalecer la lengua, la memoria y la relación con el territorio.

“Lo que necesitamos es que el conocimiento que traemos de las comunidades pueda servirnos para hacer una nueva ciencia”, concluyó Briceño.



Edición: Estefanía Cardeña


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