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Ricardo E. Tatto
La Jornada Maya

28 de julio, 2015

A pesar de que se estrenó en 2013, hasta hace poco vi el documental Oasis (México/Finlandia), pues durante todo julio se proyectó en la Cineteca Nacional. Me sorprendió que fuera tan poco comentado y la escasa repercusión que tuvo a escala nacional y local, porque en el ámbito internacional formó parte de numerosas muestras y festivales.

El documental, producido por el director mexicano Alejandro Cárdenas, narra la historia de tres homosexuales de origen maya diagnosticados como seropositivos, que viven con la enfermedad en el albergue Oasis San Juan de Dios, en Conkal, único lugar en el que encuentran ayuda y confort.

Así nos enteramos de la vida de Gerardo Chan Chan, quien fue diagnosticado en 1999 y durante su juventud sufrió vejaciones y castigos familiares debido a su orientación sexual. Ya no vive en el albergue, pues gracias al apoyo recibido se recuperó, aumentó su autoestima y se reintegró a la sociedad, en compañía de su pareja.

Otro caso es el de uno de tantos pobladores de Yucatán que emigra a Quintana Roo para trabajar en la Riviera Maya. Se trata de Reyna Patricia, quien por las noches, en su calidad de travesti, se dedica a la prostitución. En su recorrido por las calles oscuras cuenta las historias violentas, tristes y depresivas que conlleva esa vida.

El tercer personaje, Déborah Sansores, también ofrece servicios sexuales los fines de semana. Se inició a temprana edad en la prostitución y declara ante las cámaras que “los travestis en Yucatán están condenados a realizar sólo tres tipos de trabajo: estilista, imitadora de cabaret de poca monta o prostituta. No hay más”.

Así es como estas historias se entrelazan durante el mediometraje, reflejando un inframundo poco conocido y asociado con personas de origen maya, cuya diversidad sexual, por vivir en una sociedad conservadora, de doble moral e hipócrita, es condenada al ocultamiento y hacinamiento en uno de los escasos albergues humanistas que a pesar de la carencia de recursos brindan ayuda incondicional. Tal es el caso de Oasis San Juan de Dios que pervive gracias a colectas y donaciones.

Oasis se estrenó el 24 de enero en el Festival DocPoint de Helsinki, Finlandia. También se proyectó en Estonia y Rusia. En Yucatán se estrenó en 2013 en la Casa de la Cultura Elena Poniatowska, de Mérida; pero, al margen de ello, ha sido poco difundida en esta ciudad, a pesar de que el tema central es precisamente la sociedad yucateca; la verdadera, no la de los folletos turísticos ni la de la propaganda gubernamental.

Tal vez el documental resulte incómodo por los temas que aborda: abandono, discriminación y crítica social. Sus imágenes realistas, por momentos sórdidas y crueles, conmueven y muestran de manera descarnada cómo es la vida en ese abismo del sida, sobre todo en un estado que se ubica en los primeros lugares con seropositivos. Aunque, en aras de las buenas conciencias y costumbres, gobierno y sociedad lo han logrado enmascarar.

El documental, con una duración de 52 minutos, pone el dedo en la llaga al mostrar lo terrible de la enfermedad, más perniciosa que el propio VIH, que es la negación y cuyo principal síntoma consiste en dar la espalda a nuestros semejantes, máxime si son paisanos y homosexuales, en una península llena de contrastes que, como un oasis en medio de un paraje desierto, tiene mucho de mito y poco de realidad.


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