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Gloria Serrano
La Jornada Maya

27 de julio de 2015

Hay lugares cuya valía es independiente del acto o la festividad que en ellos se realiza. Es el caso de Sotuta, punto geográfico que del 24 al 26 de julio fue sede de la primera celebración del Túumben ja’ab Maaya, el Año Nuevo Maya. Medicina tradicional, literatura en sus diversas variantes, danzas prehispánicas, mercado de artesanías, charlas sobre antiguos saberes, proyección de películas y una boda, fueron algunas de las actividades que incluyó el programa. Sin embargo, el proyecto encabezado por Geni Otilia Blanco Gómez, la presidenta municipal, fue sólo un buen pretexto para atraer la vista de los viajeros, e incluso de los propios habitantes, hacia un sitio que en sí mismo tiene un épico relato que contar.
Sotuta (Agua que da vueltas) es uno de los 106 municipios que conforman Yucatán y su historia está inevitablemente ligada a Nachi Cocom, último gobernante maya o halach uinik descendiente de los cocomes, que resistió hasta el final a ser arrastrado por el cauce del violento río que significó la Conquista. También aquí, en Sotuta, nació y vivió Justiniano Carrillo Pasos, padre del político y periodista motuleño que se rehusó a abandonar a “sus indios”, el mayahablante Felipe Carrillo Puerto. Hoy, el hogar de don Justiniano se ha convertido en la naciente sede de la Casa de Cultura El Venado, espacio que transmite el genuino deseo de dar cobijo a las distintas manifestaciones culturales de los pobladores. De ello habla Teodoro Lira Vera, el gestor cultural detrás de las sonrisas de quienes se han reunido para celebrar su identidad.

“Históricamente esta zona ha sido muy aguerrida. Sotuta fue un importante bastión de la resistencia maya durante la Guerra de Castas. Hay un sinfín de historias alrededor de Nachi Cocom, considerado por muchos un hombre sanguinario y cruel, aunque también se reconoce su gran valentía. Esta casa tiene una historia fascinante que seguimos descubriendo. Cuando llegamos encontramos vestigios mayas y estamos en proceso de buscar sus antecedentes coloniales. Sabemos que fue sede de la primera oficina del Partido Socialista Obrero de Yucatán, encabezado por Carrillo Puerto. En la época moderna funcionó como centro turístico, hasta que quedó en el abandono y estuvo expuesta al vandalismo. En esta nueva etapa, cuando la adquieren los propietarios del rancho Los Siete Cenotes, se le da un enfoque cultural con el que se pretende traer otros beneficios a la comunidad.”

Yucatán es tan vasto en riqueza natural como en expresividad del pueblo maya que, sin importar el rumbo que se tome, uno puede tropezar repentinamente con pequeños hallazgos arqueológicos, narraciones extraordinarias o paisajes sorprendentes. Podría tratarse de cualquier localidad, pero en esta ocasión es Sotuta, el pueblo donde la señora Margarita diariamente prepara alimentos dignos de un nacom (jefe militar o guerrero) y donde vive Morelia, la hermosa anciana de magnética mirada que no recuerda su edad porque para eso está su hermanita. La memoria de esta octogenaria mujer sólo la habita un hijo, el suyo, recién operado, por el que pide a los paseantes algunas monedas.

Podría ser cualquier plaza en la que se instala un sencillo tianguis artesanal; cualquier grupo de niños recuperando el legado de sus ancestros mediante las narraciones que atentos escuchan del poeta Jorge Cocom Pech; cualquier centro cultural de la periferia que exhibe la obra del pintor y escultor yucateco Andrés Hernández Calderón o cualquier otro recinto en honor a un líder indígena, donde el profesor Delio Che Tzab describe la cosmogonía maya y su relación con un reptil mágico, la serpiente, o cualquier explanada en la que se presentan los cuatro performances creados por el bailarín y coreógrafo Octavio Pech Alfaro: Inicio, Renacimiento, Nachi Cocom y Fuego Nuevo.

El intenso calor del mediodía, las bancas alrededor del palacio municipal, los árboles que bordean el centro, el vestir y los decires de la gente son como los de cualquier otro rincón del sureste. Al escritor Juan José Millás le parece que “en los periódicos hay una ausencia escandalosa de cualquieras, por eso se agradece cuando sacan a uno”. Tal vez el trabajo de periodistas, cronistas y fotógrafos está, precisamente, en ir tras la belleza de lo simple para mostrar a la gente que todos esos “cualquiera” somos nosotros mismos, los que con modestia le damos fuerza corporal y anímica a una sociedad. Y esto, como pueden ver, no es cualquier cosa.


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