Paul Antoine Matos
La Jornada Maya

Puerto Progreso
27 de julio, 2015

En el mar la vida es muy tranquila, hasta que te asaltan. Parecía que las historias de piratas y bucaneros se habían congelado en el tiempo, pero el sábado 11 de julio regresaron a las aguas de Yucatán.

Cerca del arrecife Alacranes, 140 kilómetros al norte de Puerto Progreso, dos embarcaciones fueron asaltadas. Del barco Propemex 41 los piratas se llevaron 900 kilos de langosta, con valor de 600 mil pesos.

Sentado en la silla de una oficina portuaria, vestido con camisa blanca, manos callosas y huellas de su paso por la vida, Francisco Javier Pech Pech, patrón del navío asaltado por piratas, narra a La Jornada Maya los angustiosos momentos que vivieron los 14 tripulantes.

De 60 años de edad, el pescador nunca había vivido momentos tan dramáticos. “La vida en el mar es tranquila, hasta que te asaltan. Nos pasamos todo el santo día en el agua. Desde las ocho de la mañana nos vamos a pescar en lanchitas, hasta que volvemos al barco, como a las cinco o seis de la tarde.

“Llevábamos 11 días de trabajo. Estábamos contentos porque retornaríamos al puerto con ganancias; sólo nos faltaban tres días para volver.

“Aquel día, 11 de julio, salimos en nuestras lanchas a las ocho de la mañana, dos pescadores en cada una. Fue un día calmado para la pesca y regresamos a las cinco de la tarde.

“Alrededor de las siete de la noche, todos cenamos tikin-xiic' mientras la puesta de sol nos ofrecía un atardecer naranja y morado. El pescado se abre por el lomo, se le pone tomate, cebolla, chile, varios condimentos y se mete a la caldera. Cuando está cocido le ponemos mayonesa y queda delicioso. Los sabores combinados dejan en el paladar una sensación que nos recuerda la comida que se prepara en nuestros hogares.

“De noche nos fuimos a dormir y sólo el cocinero se quedó despierto para lavar los trastes. Le gusta hacerlo así “Algunos ya dormían cuando el cocinero llegó precipitadamente y me dijo: “ahí te buscan”.

“Me levanté y recibí a los visitantes. Dijeron que era una inspección de rutina, situación a lo que estamos acostumbrados porque la Marina y Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación (Sagarpa) realizan esa tarea para asegurar que no transportemos en las neveras cosas prohibidas, como peces en veda.

“Subieron tres hombres al barco, vestían uniformes similares a los de la policía estatal, chalecos antibalas botas e iban encapuchados. Portaban pistolas tipo revolver. Era la primera vez que ocurría un hecho de esa naturaleza en la embarcación, incluso el logotipo.Se disfrazaron bien.

“Lo primero que hicieron fue cortar las comunicaciones de radio. En ese momento nos dimos cuenta de que no se trataba de una inspección. Era un asalto. Después llegaron otros cuatro encapuchados con machetes; vestían camisa, sudadera, pantalón de mezclilla y tenis. Todos eran jóvenes y de complexión regular. Tendrían entre 20 y 25 años; el mayor rondaba los 35.

“Cuando abordaron el barco, nos obligaron a tirarnos al piso, nos maniataron y nos encerraron en la cocina.

“A mí, y a otros dos pescadores nos obligaron a sacar los 900 kilos de langosta, producto de dos semanas de trabajo en alta mar. Nos apuntaron con las pistolas y los machetes, y con mentadas de madre ordenaron que pasáramos el producto a las tres lanchas en que ellos navegaban.

“Al terminar, nos ataron de piernas y brazos y nos metieron al tambucho, donde acostumbramos dormir. Se trata de un lugar completamente aislado. Entonces los piratas se robaron los motores de las cinco lanchas en las que salimos a pescar. Permanecimos amarrados más de una hora, hasta que uno de nosotros logró zafarse.

“Con cautela, un pescador salió a ver qué ocurría y se percató de que otro barco, bautizado Luis René, también era asaltado por los modernos piratas.

“Como nos cortaron la comunicación no pudimos solicitar apoyo ni navegar de noche. Nos encontrábamos en un angosto tramo formado por arrecifes y corríamos el riesgo de dañar el barco y naufragar.

“Alrededor de las cuatro de la mañana se acercó el otro barco y tuvimos que esperar a que amaneciera para regresar a Alacranes.

“Arribamos como a las siete u ocho de la mañana y de inmediato reportamos los hechos a las autoridades del puerto y a los propietarios del barco.

“Las autoridades ordenaron que volviéramos al puerto. Más tarde recuperamos cinco lanchas que dejamos abandonadas y nos dirigimos a Puerto Progreso.

“Durante el regreso hablé por teléfono con mi hija y le platiqué todo. Ella estaba angustiada porque se enteró del asalto. No todas las familias de los pescadores sabían lo que ocurrió en alta mar. El patrón no quiso darles la noticia a quienes vivían en Timucuy.

“Cuando llegamos al puerto comenzaron los interrogatorios. Nos hicieron muchas preguntas, algunas sin sentido y sin que tuvieran relación con el suceso.

“Pronto volveremos a salir a pescar. No tenemos otra opción. Es nuestro trabajo y lo único que sabemos hacer.

“Las autoridades nos aseguraron que ahora sí habrá seguridad en alta mar. Pero nos sentiremos seguros hasta que cumplan su palabra.”


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