La Jornada Maya

Fotografía: Rodrigo Guzmán
Para mi amigo, Tino Carrillo

La mamá de Nino Chaac dice que cuando nació las paredes se estremecieron con su llanto y que durante su infancia y adolescencia se solazaba, mientras cocinaba, escuchando a Chancil, Guty y Palmerín, a través de la capela que el muchacho profería desde el fondo de la casa.

Pronto los trovadores de la Plaza Grande se lo empezaron a pelear, pasó de uno a otro trío hasta que el director de la Típica, lo incorporó a sus filas como primera voz. Todo era sorpresa y bienaventuranza. Un buen día descubrió en sus manos un pase de abordar con su nombre; el viaje más largo que había hecho le quedaba lejano en la memoria, cuando de su pequeño pueblo la familia emigró hacia la gran Mérida. De pronto se encontró surcando los cielos y, ya en tierra, presa de estupor, admirando las formidables fachadas renacentistas de Florencia. Comenzó un periplo por muchos lugares y conocimiento de la gente, hasta que de regreso a su tierra, desde lo alto de su morenía, una mirada de prosapia maya lo detuvo en seco, para mostrarle, a un tiempo, el amor, la traición y el abandono. Nino Chaac, supo que el destino juega su juego de trastocación haciendo de esos dos años triunfales, antesala de una tristeza que no conoció ni cuando murieron sus más allegados ancestros. Perdió su lugar en la típica, con el consecutivo regreso a su pobreza original, por lo que tuvo que aceptar las migajas de algún funcionario cultural que mantenía la admiración por su magnífica voz, ejerciendo el oficio de fregar pisos para sobrevivir. Los años pasaron y Nino, de vez en cuando, pone en orden su melancolía con la ingesta de alguna gragea; de cuando en cuando canta con música grabada en pistas, pues se volvió hosco para trabajar acompañado de sus semejantes. Cuando canta se arroba y su mirada parece situarse en un pasado desconocido para la mayoría, pero un algo de no se sabe qué se cuela en su garganta y los oídos se estremecen con lo que parece, a veces, una tormenta y, a veces, un remanso de agua que cae.


*Editor y escritor. México, Distrito Federal. 1961. Autor del texto del libro El pueblo maya yucateco: imágenes de una cultura viva, así como coautor de "El gremio de arquitectos, historia de una gesta". Fue colaborador del semanario La Hora, de Oaxaca, del diario Plaza Mayor de la ciudad de México, y de otros medios impresos como el diario Noticias de Oaxaca y la revista Artes de México. Fue coordinador editorial de la revista Camino Blanco de Yucatán y ha editado cerca de 200 títulos de diversos géneros. Escribe para catálogos de arte y hojas de sala para exposiciones colectivas e individuales.


-->
Lo más reciente

Desbordada de Elena Martínez Bolio celebra nueve años con venta a beneficio de Lazos

La artista promueve la apertura de oportunidades para las nuevas generaciones

Astrid Sánchez

Desbordada de Elena Martínez Bolio celebra nueve años con venta a beneficio de Lazos

Yucatán: Miles de familias disfrutan del desfile cívico-militar por la Independencia

El gobernador Joaquín Díaz Mena reportó la participación de 4 mil 850 elementos

La Jornada Maya

Yucatán: Miles de familias disfrutan del desfile cívico-militar por la Independencia

Saldo blanco y fiesta: Miles disfrutan de la conmemoración de ‘El Grito’ en Yucatán

La Plaza Grande estuvo saturada de personas de todas las edades hasta la madrugada

Astrid Sánchez

Saldo blanco y fiesta: Miles disfrutan de la conmemoración de ‘El Grito’ en Yucatán

Una neuroprótesis para la parálisis permite a los pacientes comunicar palabras y gestos

Los investigadores colocaron implantes cerebrales en la corteza sensoriomotora

Efe

Una neuroprótesis para la parálisis permite a los pacientes comunicar palabras y gestos