Texto y foto: David Espinoza y Efraín Vera
La Jornada Maya
Mérida, Yucatán
Jueves 30 de junio, 2016
Me encuentro muy triste y decepcionado. Anoche en Mérida, nuestra Ciudad de la Paz, un taxista en complicidad con un grupo de ladrones nos llevó a una calle en las inmediaciones de la ESAY, ajena a la dirección que le habìamos indicado y tres personas (si así se les puede llamar) nos golpearon a mí y a un amigo; nos robaron el celular, la cartera, todo. Al terminar su trabajo, abordaron el taxi y se fueron.
Me rompe el corazón saber que esto es Mérida, me llena de rabia que la ciudad a la que tanto quiero me haya dado tan mala experiencia, y me haya dejado tan mal sabor de boca.
Es horrible tomar un taxi, por los que tradicionalmente sentimos confianza, que debería llevarte a casa sano y salvo y que te suceda, con la complicidad del conductor, lo que nos sucedió.
Afortunadamente estoy bien, sin teléfono, sin cartera, con varios golpes. El salvajismo de la acción es lo que más enfurece y decepciona.
También hay que decir que al final hay algo de esperanza, pues un grupo de chavos nos refugiaron en su casa, después del suceso y nos ayudaron a regresar a nuestros hogares.
Hacía mucho que no usaba taxi y esta ha sido mi experiencia más reciente. Pienso en la diferencia de este taxi amarillo con blanco y el servicio de Uber que el gobierno quiere restringir. Me dirijo a levantar mi denuncia, mientras me pregunto si servirá de algo. Aquí van nuestros golpes y nuestros nombres como testimonio.
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