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Daniela Tarhuni
Foto: Mike Fleshman
La Jornada Maya

Jueves 27 de octubre, 2016

Pese a los [i]negacionistas[/i], el cambio climático es una realidad: incremento de la temperatura, ocurrencia de eventos climatológicos extremos, prolongadas sequías que provocan la pérdida de cultivos, lluvias extremas que desembocan en inundaciones, ondas de calor y ondas gélidas por igual, son pruebas que día a día se acumulan y ratifican, sin lugar a dudas, que la principal causa del cambio climático es la liberación de dióxido de carbono en la atmósfera, producto de la quema de combustibles fósiles generada por diversas actividades humanas.

Por lo menos desde hace tres millones de años, la concentración de este gas nunca había sido tan alta en nuestra atmósfera. El pasado 25 de octubre, la Organización Meteorológica Mundial (OMM), anunció que en 2015 se rompió el récord simbólico al que jamás hubiéramos deseado que se llegara: A nivel global, se superó la marca de 400 ppm (partes por millón) de concentración de dióxido de carbono (CO2).

Aunque desde 2012 se detectó que el CO2 había alcanzado estas concentraciones en algunas partes del mundo, siempre se había logrado estar, en general, por debajo de las 400 ppm, sobre todo cuando el dióxido de carbono descendía debido a ciclos estacionales.

En pocas palabras: las alarmas que se han encendido e indican que todos los esfuerzos por controlar las emisiones de dióxido de carbono han fallado.

Este gas, que posee una larga vida en la atmósfera, generará algo que ya nos resulta familiar: el aumento de la temperatura ambiental en aproximadamente 2° centígrados, lo que traerá como consecuencia daños irreversibles en el sistema climático.

Y, aunque no ignoramos las consecuencias, la inacción de los gobiernos nos lleva a hacernos a la idea de que podemos vivir con ellas. En muchos países, las comunidades que hacen frente a la pérdida de cosechas, inundaciones o sequías, viven en una especie de adaptación forzada al cambio climático.

Pese al gran desarrollo de las energías limpias, éstas aún no están suficientemente difundidas, para frenar el aumento de la concentración de CO2 y de otros gases de efecto invernadero, como los hidrofluorocarbonos (HFC).

Si el optimismo dominó la COP21 de París, cuando los países establecieron el objetivo de reducir las emisiones de CO2 en un 50 por ciento para el 2050 y al 100 por ciento para el año 2100 y quedó de manifiesto el compromiso de Estados Unidos y de China para reducir sus emisiones, la COP22, que inicará el próximo 7 de noviembre en Marruecos, representa un gran desafío en tanto la evidencia científica continúa indicando que seguimos sin hacer lo suficiente para reducir nuestras emisiones de dióxido de carbono.

Nos acercamos cada vez más a este punto de no retorno, en el que las consecuencias del calentamiento global afectarán a todos por igual, incluidos los propios negacionistas que en estos días tienen en Donald Trump a su principal vocero. Éste llegó a decir en Twitter que: “El concepto del calentamiento global fue creado por y para los chinos, con el fin de que la producción en Estados Unidos no sea competitiva”.

Desde hace varios días, tanto la Semana Nacional de Ciencia y Tecnología en todo el país como la 19ª Feria de Ciencia y Tecnología en nuestra entidad, están enfocadas a tratar el tema del Cambio Climático bajo el lema “Piensa globalmente, actúa localmente”. Este debe ser un punto de inflexión, antes de que sea demasiado tarde.

Mérida, Yucatán

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