Gracias a don Álvaro

Destino: Candelaria

Fernando del Moral
La Jornada Maya

Lunes 31 de julio, 2017

La historia de Candelaria no sería la misma, tal como a la fecha la conocemos –o tratamos de conocer— sin el trabajo de personas tan notables como el profesor Álvaro López Zapata, quien fue su cronista natural, como natural es el río que corre en su territorio, y por el que así se llama este apreciable y apacible confín campechano.

Gracias a la entrevista que le hizo Adriel Alejandro León Loría y que se incluye en el libro La lucha por la municipalización de Candelaria, de María de los Milagros López Oliva (gobierno del estado de Campeche, San Francisco de Campeche, 2013), en las propias palabras del cronista, es posible saber que don Álvaro nació el 2 de mayo de 1938 en Salto Grande, a ocho kilómetros y medio de Candelaria, donde vivió 50 años; que su padre se llamaba Anselmo López Meléndez y su madre María Zapata Flores, el primero de origen español y la segunda natural de Ciudad del Carmen, donde él estudió, así como en Campeche y Mérida.

En su niñez recuerda que Candelaria “era un lugar demasiado tranquilo, muy tranquilo, exageradamente tranquilo, yo diría hasta un poco aburrido, teníamos tiempo de más y abundancia de todo. El ferrocarril nos visitaba una vez al día nada más, pasaba de Campeche a Coatzacoalcos y al día siguiente regresaba el tren de Coatzacoalcos a Campeche, pero era la única vía de comunicación que teníamos, no teníamos ni carretera…”

Uno puede preguntarse, en una perspectiva dentro o fuera de este lugar, si todo era tan tranquilo, entonces ¿qué sucedía? O si decimos ¿qué pasaba?, en el sentido de lo acontecido, ¿dónde podemos encontrar la respuesta a todo eso? Pues, para empezar, en el libro de don Álvaro, Cronología de Candelaria. Historia y vida cotidiana (Secretaría de Cultura de Campeche, San Francisco de Campeche, 2013). Se trata de una obra indispensable y útil para contestarnos estas preguntas. Un libro que puede ir de la mano, en forma complementaria, con la educación básica que, más allá del entorno candelarense, todo campechano debería conocer. La afirmación no es gratuita, porque una vez que se ha leído, podemos empezar a comprender la importancia de Candelaria en Campeche, en tanto la información que don Álvaro aporta le da una adecuada contextualización.

Es la relación de los hechos que va refiriendo el cronista lo que forma una base para estudios históricos posteriores o en paralelo, según sea el abordaje y la interpretación de los mismos. Los historiadores profesionales y académicos de carrera empiezan a tomar en cuenta las aportaciones de los cronistas locales, particularmente cuando estos hacen el paciente trabajo de reunir datos y testimonios que, de no hacerlo, se perderían cuando sus poseedores fenecen, emigran o se dispersan. A menos que, por excepción, uno de esos historiadores o académicos sea, precisamente, el cronista de la ciudad o de su comunidad.

En el caso que nos ocupa, el de don Álvaro fue el trabajo ejemplar de un solo hombre, muchas veces en solitario, con una vocación que no sería exagerado valorar como la que era posible en la mística de un maestro misionero –como aquellos que dejaron huella en la educación mexicana-, si tomamos en cuenta que la misión que emprendió fue por voluntad propia y por un genuino interés personal. En pocas palabras, una decisión asumida porque no había de otra. Si él no hacía ese trabajo, ¿quién más?

Sólo así se explica su iniciativa para tratar de explicar La muerte de Cuauhtémoc. ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cuándo? y ¿Por qué? Su muerte en la cuenca del río Candelaria (H. Ayuntamiento de Candelaria 2006-2009, Candelaria, 2007), libro relevante, sin duda, porque toca una de nuestras más profundas raíces nacionales para contribuir a la historia del país, pues muy pocos mexicanos sabrían responder a las preguntas que plantea el libro en su título, pero ahora pueden ser más los que conozcan estos hechos, ciertamente fundacionales, de nuestra nacionalidad. Si nos vamos al extremo norte del país, al estado de Baja California, el escudo de la ciudad de Tijuana tiene la inscripción Aquí empieza la patria. Al de Candelaria no le hace falta una leyenda de esta naturaleza, le basta con que su tierra haya recibido en el reposo final al gran Cuauhtémoc, que ejemplifica la última resistencia ante la conquista española; un hecho que por sí solo dota de un extraordinario simbolismo a este territorio, que vamos conociendo mejor por la obra de don Álvaro.

Como suele ser a veces con el trabajo de los cronistas prolíficos -como fue el propio don Álvaro con su familia de nueve hijos, cinco hombres y cuatro mujeres-, él pagó su tributo a la tierra que lo vio nacer y emprendió el camino sin retorno en 2016, a los 78 años de edad, no sin haber escrito más de los dos libros que hemos referido aquí, pues ha dejado obra inédita que espera ser publicada por quienes den honor a quien honor merece, contando con la colaboración de sus descendientes.

No solamente la comunidad y el gobierno de Candelaria, sino el propio gobierno de Campeche están en deuda con don Álvaro López Zapata, pues él sentó un precedente como el cronista dedicado que fue, el ciudadano ejemplar que sirvió a la sociedad y el profesor que compartió generosamente su conocimiento a los demás. Se le debe un reconocimiento público, sí, pero qué mejor aún si la revaloración de su trabajo conlleva la publicación de su obra inédita. No es algo que esté fuera del alcance con los recursos de que se puede disponer actualmente, en un marco de colaboración deseable entre las partes interesadas.

La obra del cronista está destinada a trascender su tiempo y su época, como sería el caso de don Álvaro, que transitó de un siglo a otro. Le tocó vivir las transformaciones ocurridas en su tierra y advertir que nada es para siempre, con la preocupación personal de un hombre atento a las cambiantes circunstancias de la vida, que son también las nuestras. Toca a la comunidad validar la calidad del cronista que continúe este gran trabajo.