El Salvador Alvarado a sus 80 años

La práctica del deporte era una visión del Presidente Lázaro Cárdenas

Katia Rejón
Fotos: Archivo Pedro Briceño
La Jornada Maya

Mérida, Yucatán
Martes 24 de septiembre, 2019

El primer día de febrero de 1939 entre 12 y 14 mil personas de todos los niveles económicos ocuparon los recién inaugurados asientos del estadio Salvador Alvarado, una unidad deportiva ubicada en la Colonia Yucatán que abre todos los días, incluso domingos y feriados.

Gaspar Gómez Chacón, editor del libro 75 años del estadio Salvador Alvarado. La gran casa del deporte en Yucatán, dice en entrevista que como institución deportiva ha cumplido una función muy importante para más de 20 generaciones, y sobre todo para la juventud.

La jornada inaugural fue histórica e inolvidable, según algunos medios. Varios corredores en relevos llevaron una antorcha desde Chichen Itzá hasta esta unidad.



De acuerdo con el mismo libro, la construcción se había terminado en un tiempo récord de siete meses en aproximadamente tres hectáreas, a un costado de la carretera a Progreso, "en tierras que alguna vez formaron parte de la antigua hacienda Tanlum de Pedro Peón Contreras".

"La prensa de la época documenta este evento, cómo salieron de diversas partes de la ciudad las filas de jóvenes y familias que iban a conocer las nuevas instalaciones. Los siete mil asientos disponibles no fueron suficientes", agrega.

Más que un simple estadio

No era un simple estadio, sino todo un complejo de los que no había muchos otros en el país. En todas partes e incluso en una placa de la unidad deportiva, dice que la obra fue realizada por el gobernador de Yucatán en esa época, Humberto Canto Echeverría. Gaspar Gómez apunta que esta no es toda la historia.

"Las unidades deportivas estaban contempladas en el plan sexenal del presidente Lázaro Cárdenas, y Humberto Canto Echeverría era el jefe de obras públicas cuando inició el sexenio cardenista. Al instalar el proyecto de Reforma Agraria en Yucatán, Cárdenas encomendó el proyecto y por razones administrativas se trasladó al jefe de obras públicas. Por eso se dice que él lo construyó pero ahí está reproducido el espíritu del cardenismo", cuenta.

El proyecto tenía como fondo un interés en desarrollar a las clases trabajadoras. La práctica del deporte como superación personal era una visión de Cárdenas. "Si iba a un lugar de ríos, se levantaba a las cinco de la madrugada para nadar. Era un hombre con una disciplina deportiva de tipo militar que nació precisamente de su práctica militar", apunta Gómez.

Primeros Juegos Deportivos Peninsulares

Esto coincide con el mismo discurso inaugural de Humberto Canto Echeverría ese día de febrero. En los videos que se tomaron en esa jornada, el ex gobernador de Yucatán habla del estadio como un impulso a la fuerza, salud y la alegría de los trabajadores. El estadio arrancó junto con los primeros Juegos Deportivos Peninsulares para el desenvolvimiento de la cultura física "que nuestro pueblo ama y desea".



En el libro, rescatan que hubo quien criticó al gobernador por haber gastado 300 mil pesos viejos en el Campo Deportivo Salvador Alvarado, "cuando en Yucatán había otras necesidades urgentes que reclamaban la atención". Sin embargo, los editores del libro afirman que el gobierno, además de atender el presente, debe tener la capacidad de trabajar para el futuro.

Al preguntarle a Gaspar Gómez si el objetivo se cumplió, contesta que "en exceso", pues incluso se mandó como director de educación a un promotor del deporte, Alfredo Palacios, para supervisar los trabajos.

Gaspar Gómez aprendió a nadar en la alberca del estadio Salvador Alvarado a los seis años, y desde entonces la estructura original continúa, aunque han habido remodelaciones y adecuaciones como la pista de tartán para los corredores.

"Los materiales que se pasaron al estadio son los que se habían utilizado en el parque de La Américas en un área que quedó inconclusa. Toda esa arquería perimetral es exactamente la misma, no se ha modificado", asegura.

El impacto en los jóvenes de Colonia Yucatán y García Ginerés

Pedro Briceño tiene 61 años y la primera vez que fue al estadio Salvador Alvarado tenía cinco años de edad. Toda su vida ha vivido en la colonia García Ginerés, una colonia bastante cercana al estadio, y ha hecho deporte, en específico fútbol. Estas dos cosas las relaciona como causa y consecuencia.

Antes, dice, se podía entrar con auto al estadio; ahora está restringido y el área de estacionamiento desapareció. La colonia ha cambiado "tremendamente", cuenta que la colonia Yucatán tenía un club de fútbol y practicaban en el estadio desde que volvían de la escuela hasta la noche.



"Eran las escuelas de David Viva Romero y la Morelos de la colonia Yucatán. Llegabas a tu casa, hacías la tarea y te ibas al estadio hasta que la luz aguante", recuerda.

Los de la colonia Yucatán dejaron de ir al estadio desde que hicieron el parque de la Mestiza, el único parte de esa colonia. "Esa fue la tumba del fútbol en la colonia Yucatán, aprendieron otras cosas que no te quiero decir y se alejaron del deporte", opina Pedro Briceño.

'El Pirata' Bojórquez

Uno de los jugadores que salió de estas colonias fue El Pirata Bojórquez, quien debutó con el Atlante. "Le dedicaban mucho tiempo, pero a raíz del parque dejaron de ir; los de la García Ginerés, seguíamos yendo", afirma.



Pedro Briceño jugó en la tercera división profesional, en una época en la que el fútbol estaba centralizado. Los únicos equipos que destacaban eran los del centro del país hasta Monterrey; en el sur no era rentable por las distancias. El nivel existía, asegura, y la prueba es Carlos Vela, un cancunense que representó a México con la Liga Europea en la Selección Nacional. También veía entrenar con admiración a Miguel Canto, primer yucateco campeón mundial del boxeo, a las cinco de la mañana en el estadio.

En verano, recuerda que las puertas del estadio se cerraban para recibir a extranjeros que llegaban con sus trailers a vacacionar en la ciudad. También apunta que hace 20 años aproximadamente, tiraron dos torres pararrayos de la unidad deportiva. "No sé cuántas veces jugamos bajo la lluvia. Esos pararrayos se pusieron con mucha inteligencia, no sé por qué los tiraron, para mí es como si taparan un drenaje", agrega.

No hace falta que lo diga, porque se nota, pero Pedro Briceño asegura que no tiene ninguna dolencia en los tobillos ni en las rodillas. Se siente fuerte y orgulloso de que el deporte convierta a las personas en “soldados de paz” que se alejan de malos hábitos.

Las unidades deportivas deben estar en todas partes

Tanto Gaspar Gómez como Pedro Briceño opinan que deberían haber más unidades deportivas en otras colonias por el impacto positivo que tienen en la comunidad cercana.



"El estadio pide a gritos que las autoridades privilegien unidades deportivas de por lo menos 10 hectáreas de propiedad pública, para que sirvan también como pulmones verdes en una ciudad que está caminando aceleradamente sobre bases de cemento, lo que está cambiando el microclima que viven los meridanos", sentencia Gómez.