A medida que la Copa Mundial de la FIFA da comienzo el 11 de junio, con Egipto, Irak, Jordania, Qatar y Arabia Saudita entre las naciones árabes que competirán, el futbol sigue siendo una pasión y una lucha para muchos palestinos en la Cisjordania ocupada por Israel.
La selección palestina estuvo a punto de clasificarse para el torneo, pero no logró entrar en la fase de grupos de 48 equipos. Aun así, el Mundial será seguido de cerca en Cisjordania, donde, para muchos jóvenes palestinos, el futbol representa una vía de escape tanto de las presiones diarias como de la cruda realidad que los rodea.
En la aldea beduina de Umm al-Khair, en la región de Masafer Yatta, al sur de Hebrón, los niños juegan en una pequeña cancha rodeada por alambre de púas, una instalación colocada por colonos israelíes del cercano asentamiento de Carmel. Durante un partido reciente, un balón lanzado hacia la portería cayó fuera de la valla cuando pasaban unos jóvenes colonos. Estos confiscaron el balón, dando por terminado el encuentro.
Los residentes afirman que estos incidentes son frecuentes. La comunidad ha perdido decenas de balones. Intentar recuperarlos puede acarrear enfrentamientos con colonos y, en ocasiones, con soldados israelíes.
Más al norte, en Nablus, niños y adolescentes de una academia local entrenan en un campo municipal en mal estado. A los lados del campo, palestinos de Gaza que tenían permisos de trabajo en Israel antes de la guerra observan los entrenamientos mientras tienden la ropa para secar. Atrapados en Cisjordania desde que estalló la guerra en octubre de 2023, muchos han improvisado viviendas en los vestuarios del estadio, según el administrador de las instalaciones, por temor a ser obligados a regresar a Gaza.
La Federación Palestina de Futbol ha suspendido los partidos de liga durante toda la guerra, alegando la precaria situación de seguridad en Cisjordania, donde el ejército israelí realiza frecuentes redadas y ha instalado numerosos puestos de control. Los estadios de futbol, antaño bulliciosos, están prácticamente vacíos, y algunos incluso abandonados.
En el Estadio Internacional Faisal Al-Husseini de Al-Ram, sede de la selección nacional palestina, jugadores aficionados se reúnen para entrenar. En Tulkarem, jóvenes futbolistas, algunos con la camiseta de la selección, hacen lo mismo. La FIFA ofreció financiación a la Asociación Palestina , pero trasladó los partidos de local de la selección a otros países, como Jordania, Qatar y Malasia, por motivos de seguridad.
Ante la ausencia de partidos de liga regulares, las sesiones de entrenamiento se han convertido en uno de los pocos espacios que quedan para hacer ejercicio, interactuar socialmente y recuperar una sensación de normalidad.
Sigue leyendo:
Edición: Estefanía Cardeña