Omar González Morales
Jaime Sabines (Tuxtla Gutiérrez, Chipas, 1926-1999) dijo a sus hijos, en el último día de su vida, que “el amor es lo más importante del mundo”. El 25 de marzo se cumplirá un siglo del natalicio del “poeta amoroso”, considerado uno de los exponentes del verso más importantes del siglo XX. Para conmemorarlo, se realizarán homenajes con obras de teatro, danza, un billete de lotería, una ceremonia en el Palacio de Bellas Artes y en la Cámara de Diputados, y la presentación de un poemario inédito aún sin nombre.
En entrevista con La Jornada, su hija, Judith Sabines, agregó: “A mi papá le daría gusto saber que sus lectores podrán conocer un poco más de su obra, algo que nunca se haya visto.
“Tenía varios cuadernos grandes con poemas que nunca publicó, porque quería revisarlos a fondo, pero todo lo que saldrá a luz lo eligió él.
“Este nuevo libro está conformado por 70 poemas que datan de entre 1965 y 1968. Tenemos mucho material inédito y queremos que salga antes del natalicio, el 25 de marzo, pero no tenemos una fecha clara.
“Era muy exigente para escribir, por eso a lo que él no haya dado visto bueno no será publicado. Sufrimos porque la letra de mi papá es muy difícil de leer, y escribía en una libreta de contaduría, mientras estaba acostado, lo que nos complicó transcribirlo, pero ya estamos casi listos”, aseguró.
En 1952 regresó a Tuxtla Gutiérrez y un año después se casó. Ya era un poeta reconocido por su libro Horal, publicado dos años antes. Trabajaba de dependiente de una tienda de ropa perteneciente a su familia, y en sus tiempos libres escribía sus poemas en largas libretas de contabilidad.
“Me di cuenta de que era poeta cuando iba en secundaria. Leía a Manuel Gutiérrez Nájera y a Rubén Darío, y dije: ‘esta frase la decía mi padre’. Él tenía una memoria privilegiada y le encantaba declamar. De niños nos decía muchos versos que no sabíamos que lo eran. Se aprendió tomos completos, nos procuró y nos compró nuestros primeros libros”, comentó la hija del autor de Yuria.
Compartió que “en las reuniones familiares le fascinaba declamar poesía. Tenía muy buena voz y daba recitales en nuestra preparatoria. Nos hablaba del amor y de la muerte. Ya adulta le comenté que no entendía por qué estaba tan centrado en eso. Yo encontraba en sus letras aprecio por la vida, y me dijo: ‘¡por supuesto, es el amor a la vida lo que me hace pensar en la muerte!’”
Jaime Sabines se enfrentó a dos grandes pérdidas que transformaron sus letras. La primera fue la de su cotidianidad en la capital, interrumpida por su retorno a Chiapas en 1952, periodo al que dedicó el poemario Tarumba (1956), un espejo de su frustración al considerar que no pudo expandir más sus horizontes literarios. La segunda pérdida fue la de su padre, Julio, a quien dedicó Algo sobre la muerte del mayor Sabines (1962).
“Escribió Tarumba el año en que nací. Al leerlo me di cuenta de que estaba agobiado. Ya le habían ofrecido una beca para ir a estudiar a Francia, pero la rechazó por estar con su familia, y todas las ínfulas de escritor se le apagaron. Él escribía por las tardes, acostado, luchando contra la cotidianidad y el aburrimiento del comercio familiar”, relató la hija del poeta.
“Sus versos no tenían correcciones. Él reflexionaba mucho antes de escribir. Es maravilloso, porque otros autores están acostumbrados a hacer rayones y modificaciones, eso nos permite conocer que cambian de opinión. Y mi padre no, lo que él escribía así se quedaba en su corazón y en su mente, aunque no quiere decir que no se arrepintiera de algunos versos. Si no le gustaba el poema, lo tachaba por completo”, comentó la entrevistada.
En 1959, la familia vendió sus negocios y se trasladó a la Ciudad de México. El poeta Sabines se enfocó aún más a sus hijos. “Nos llevaba al parque, a la feria, jugaba juegos de mesa. Nos hizo extraordinariamente sensibles. Quizás hasta tímidos, porque siempre nos enseñó a leer y a estar más enfocados en la calma que en lo extrovertido”, explicó.
Tras la muerte de su padre, Jaime Sabines dejó incompleto el poema que le dedicó y enmudeció su creatividad. Pasaron años para que se decidiera a enfrentar el duelo. “Cuando salió el poemario, en 1973, las críticas no tardaron en caer: le recriminaron hacer ‘sonetos a la mitad, fallidos’. Al respecto mi papá me dijo: ‘no saben que están incompletos, porque yo mismo estoy roto’.
El 12 de noviembre de 1989, mientras visitaba a su cuñada en Chiapas, el poeta tropezó en la entrada del domicilio y se fracturó el fémur izquierdo. A esto se sumó que contrajo una infección durante su hospitalización en Tuxtla Gutiérrez, lo que deterioró aún más su salud. A pesar de múltiples cirugías, los resultados no fueron positivos y tuvo que depender de una silla de ruedas.
Sabines enfermó de cáncer poco después, lo que motivó su posterior reclusión en casa. Esa enfermedad lo arrebató de este plano el 19 de marzo de 1999. Fue sepultado en el panteón Jardín; sus restos yacen junto a sus padres, Julio y Luz. “Lo recordamos con mucho cariño sus hijos y sus lectores, pero sobre todo los jóvenes enamorados. Su búsqueda siempre fue dirigida hacia ellos, al amor, a la vida y a las formas de sentir. Para él, la poesía era un puente entre las almas”.
En la Ciudad de México, la Cámara de Diputados rendirá un homenaje en honor de Jaime Sabines el 26 de marzo a las 18:30 horas, en el salón Legisladores. Se le dedicará otra ceremonia y un conversatorio en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, el domingo 29 a las 12 horas. La Universidad Nacional Autónoma de México publicará dos nuevas ediciones de Crónicas del volcán y Material de Lectura. Poesía.
Actividades en Chiapas y un billete de la Lotenal
Su estado natal no podía desatender la efeméride: este 2026 fue nombrado por el congreso local como el Año de Jaime Sabines; también se remodelará el centro cultural que lleva su nombre en Tuxtla Gutiérrez, donde se realizarán presentaciones de libros, lecturas en voz alta, conferencias, documentales y entrevistas sobre el escritor.
Asimismo, se prepara una exposición de fotografías y pinturas denominada Cien años de Jaime Sabines en la galería de arte contemporáneo de ese recinto, aseguró Angélica Althuzar, directora del Consejo Estatal para la Cultura y las Artes de Chiapas (Coneculta).
“Ya tenemos aprobada la emisión de un billete de Lotería Nacional (Lotenal) en el que aparecerá su figura, aunque falta la fecha de publicación.
“También trabajamos, junto con la Secretaría de Educación estatal, en una edición especial de sus obras, que distribuiremos de forma gratuita en escuelas y centros culturales, sumado a otra edición gratuita con fotografías y una selección poética.
“Fue un hombre sencillo que usaba el lenguaje cotidiano y lo transformaba en poético, era asiduo a leer su obra en público, en grandes recintos, los cuales se abarrotaban para escucharlo. Ahí está esa ocasión en la que llenó el Palacio de Bellas Artes, donde hasta corearon su nombre. Queremos que su voz se escuche nuevamente en todo el país”, comentó la funcionaria. El programa completo de actividades se podrá conocer a finales de febrero en las redes sociales del Coneculta.
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