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El 19S fue 'un mal chiste del destino': Santiago Arau

En 2017, el fotógrafo capturó por tierra y aire los daños causados por el sismo

Exactamente hace tres años, justo a las 13:14 horas -hora en la que se registró el sismo del 19 de septiembre de 2017-, Santiago Arau se encontraba en su departamento en la Ciudad de México cuando el movimiento telúrico comenzó, sus libros, macetas y otros objetos caían al interior de su hogar, mientras que afuera algo más grande colapsaba. 

“Decidí tomar mis cosas, la bicicleta y con el dron en mano me fui a recorrer la ciudad. Y lo que me encuentro es una ciudad colapsada, una ciudad detenida con la gente en la calle, una ciudad que huele a gas, con explosiones, piedras, bardas caídas y edificios colapsados… Una ciudad de 20 millones de personas que está como un hormiguero sacudido”.

 

Calle Dr. Navarro esquina con Dr. Lucio, colonia Doctores. Foto: Santiago Arau

 

En entrevista con La Jornada Maya, el fotógrafo y cineasta recuerda el 19 de septiembre de 2017, cuando “el destino” jugó una mala broma al repetir un sismo de fuerte intensidad -de magnitud 7.1- que impactó a la Ciudad de México, justo a 32 años del terremoto de 1985, un evento que dejó huella en su historia con un saldo impreciso de miles de muertes, cuya cifra se estimó arriba de los 10 mil decesos. 

“Nadie lo esperaba, sobre todo en una fecha tan significativa como lo es el 19 de septiembre”, señala Arau. Ese día, recuerda, se realizó un macrosimulacro y diversos actos en memoria de las víctimas del 85. “Y unas horas después nadie esperaba que iba a volver a temblar, muy poca probabilidad, parecía un mal chiste del destino”.

 

Inmueble en la calle Génova 33, Zona Rosa. Foto: Santiago Arau

 

“He vivido en la CDMX toda mi vida y de cierta manera los que vivimos en la ciudad tenemos ya una relación muy cercana a los temblores. Todos los años tiembla y no sabemos en qué momento va a llegar. Esto qué representa, pues que en cualquier momento estamos en riesgo de muerte”.

“Y cuando suena la alerta sísmica uno no sabe de qué intensidad puede llegar a venir y qué es lo que puede llegar a suceder”.

 

Edificio dañado en la calle Enrique Rébsamen 241, en la colonia Narvarte. Foto: Santiago Arau

 

Arau nació en 1980 y asegura que sus primeros recuerdos son de 1985, año en que la ciudad se vio sacudida por un terremoto de magnitud 8.0. “Fui creciendo con imágenes en los periódicos de esa época, viendo los edificios derrumbados. Y cuando ves las fotos del 85, del 57 con el Ángel de la Independencia caído, pues yo mismo me cuestionaba '¿cuándo va a volver a suceder?', y fue en 2017”.

Un recorrido por tierra y aire

Tras el sismo de 2017 y guiado por “la inercia”, el fotógrafo salió a las calles en su bicicleta para tomar registro fotográfico de los daños ocurridos en la ciudad, primero en tierra con fotografía fija y después en aire con video en drones. “Cada quien salió a hacer lo que sabía hacer”, dice Arau, quien reconoce que el sismo despertó un sentido de solidaridad y apoyo entre la ciudadanía.

En su recorrido, que se prolongó por las siguientes semanas, documentó imágenes de puntos críticos como las avenidas Álvaro Obregón y Tlalpan, así como las colonias Condesa, Roma, Narvarte y Doctores.

 

Edificio en la calle Génova 33, en la Zona Rosa. Foto: Santiago Arau

 

En el trayecto de los siguientes días, Arau se enfrentó a la restricción del acceso a los espacios afectados, algunos de ellos colapsados, “hay gente que considera que esos momentos no deben ser documentados por respeto a las víctimas, entonces hay una ambivalencia en las creencias donde hay que tener mucho cuidado y ser muy respetuoso”. 

Al mismo tiempo, se enfrentó al nerviosismo tras el impacto del momento y a la dificultad misma de volar un dron sobre un edificio colapsado “hay que pensar que hay gente abajo de los escombros y que también hay gente trabajando arriba y que un dron puede sumar algún otro accidente a la situación”. 

Para poder “volar” sin poner en riesgo a otras personas, Arau realizó sus propias rutas, estudió los entornos y midió las capacidades del equipo que manipuló.

Un documental 

Dicho registro fotográfico se convirtió más tarde en material para un documental, el cual no estaba planeado y que Arau concibió en conjunto con su amigo, el escritor Diego Rabasa. En compañía de un grupo de fotógrafos, ambos documentaron por cerca de dos meses lo que en 2018 se presentó como el documental “Ciudad herida” 19 de septiembre -publicado en la plataforma de The New York Times-, el cual se distinguió por sus tomas aéreas captadas con drones.

 

Fotograma de "Ciudad herida” 19 de septiembre.

 

“Si la misma fotografía en tierra te da posibilidades infinitas, imagínate en el aire. El trabajo aéreo no solo es subir y tomar la foto, suelo jugar con las perspectivas y alturas y el abanico de posibilidades crece”.

En la grabación destaca la toma del rescate de una persona, quien es llevada por los camilleros a lo largo de la calle, se trata de un plano secuencia capturado por Roberto Hernández.

La investigación y entrevistas corrieron a cargo de Diego Rabasa, mientras que la dirección de fotografía quedó en manos de Santiago Arau, cuyo equipo lo completaron los fotógrafos Luciano Larobina, Roberto Hernández, Edgar Ardito y Víctor Ceballos.

Con un mapa de los puntos de derrumbe, el equipo tomó registro de una ciudad con más de once mil inmuebles afectados. 

 

Calle Gabriel Mancera esquina Escocia, en la colonia Del Valle. Foto: Santiago Arau

 

“Septiembla”

Hasta antes del 19 de septiembre de 2017, la generación que no vivió el sismo de 1985 escuchaba la alerta sísmica y no salía de sus casas, “y a partir de esa fecha las cosas cambiaron”.

 

Derrumbe en la tienda Soriana de Taxqueña. Foto: Santiago Arau

 

El mes de septiembre ya se conoce como “septiembla”, comenta Arau, “en la cultura popular se ubica como un mes en el que puede temblar, aunque científicamente no está comprobado así, pero despierta muchos temores en la población, mismos temores que terminan en ataques de pánico, ansiedad, incluso muchas personas escuchan ruidos pensando que es la alerta sísmica o sienten que tiembla sin que haya un movimiento sísmico”.

“Son momentos que van marcando la vida de las personas que vivimos en la ciudad”, asegura.

Hace tres años, la primera respuesta de Santiago ante la catástrofe natural fue salir a documentar “con la intención de recordar y dejar en la memoria un evento como éste”. Hoy, su respuesta ante la pandemia ha sido tomar registro del rastro que ha dejado el virus en los hospitales, las calles, el metro, en lugares públicos y privados de su ciudad.

Edición: Emilio Gómez

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