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Juan Antonio Mateos Cicero*
Foto: Captura de video
La Jornada Maya

Jueves 24 de enero, 2019

Con una buena dosis de optimismo con poca justificación, es posible ver algunos signos que presagian tiempos de cierta tranquilidad en Siria. Conforme crecen estos signos, aparece entre las brumas un Medio Oriente con una nueva correlación de fuerzas y conflictos renovados.

Con el debilitamiento del Estado Islámico, que logró aliar en su contra a tirios y troyanos cuando aparecieron en la misma canasta Estados Unidos, Europa, Israel, Rusia, Turquía, Irán y los países árabes y el posible fin de la guerra en Siria, surge un nuevo enemigo que alienta una nueva alianza non sancta entre Israel y los países árabes apoyada por Occidente. Desde hace tiempo se ha perfilado como el “enemigo preferido”, Irán.

Las intervenciones de Estados Unidos en la zona y la intransigencia de Israel respecto a Irán a lo largo de los últimos lustros, han tenido dos consecuencias obvias: fortalecer el liderazgo regional de Irán y las aspiraciones de gran potencia de Rusia. La creciente influencia de Irán ha agudizado las inquietudes de Arabia Saudita y sus corifeos del Golfo, con la excepción de Qatar. El acuerdo alcanzado entre Turquía, Rusia e Irán también es causa de inquietud para Israel y para los sauditas. Haciéndose cargo de las inquietudes israelíes, Estados Unidos abandonó el acuerdo con Irán en materia nuclear y ha mantenido las sanciones y la retórica agresiva hacia ese país en contra de la opinión de sus aliados europeos.

En este panorama, donde el enemigo común es Irán, es posible esperar, por un lado, un acercamiento de Israel con Arabia Saudita y los países del Golfo que podría culminar con reconocimientos diplomáticos y cooperación militar. Por otro lado, el apoyo de Estados Unidos a los kurdos sirios, asegura la enemistad de Turquía y su asociación con los enemigos de los estadounidenses, es decir, Irán y Rusia. La región seguirá siendo un escenario de confrontación entre Estados Unidos y Rusia, y teatro de operaciones militares entre Israel y los países árabes e Irán, Hezzbolah, Hamas y el Estado Islámico. Otra consecuencia de estos nuevos tiempos será la marginación de los palestinos, quienes, una vez más quedarán solos en su lucha histórica. Si bien todo esto cambiará el panorama político prevaleciente en el Medio Oriente con todo y el nuevo enemigo, el corazón del conflicto seguirá siendo la confrontación entre Palestina e Israel, aunque la paz siga sin aparecer en el horizonte.

*Ex embajador de México en Kenia, Israel y Marruecos.

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