Pablo A. Cicero Alonso


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Estrategia de inoculación en Yucatán, como maquinaria de relojería

A diferencia de otros estados, donde la vacunación a adultos mayores ha sido caótica, en Yucatán se avanza a buen ritmo, sin contratiempos. Parte de este éxito se debe, como ya se ha destacado en diversos testimonios, a la coordinación entre la Federación, el gobierno del estado y los ayuntamientos.

La estrategia ha funcionado como maquinaria de relojería; los contratiempos iniciales, registrados específicamente en las primeras horas en el hospital de campaña del Siglo XXI, sirvieron para recalibrar el proceso, que ha superado la meta de once mil hombres y mujeres mayores de 60 años vacunados al día, sólo en Mérida.  

En los centros de vacunación convergen brigadas de los tres órdenes de gobierno, cada una con una función específica. El calor que ahí se irradia es humano; también se vacuna esperanza. Llama especialmente la atención la entrega de los voluntarios, quienes con esmero guían y acompañan a los adultos mayores, ancianos que, con paciencia, hacen fila para recibir la dosis que ahuyenta a la muerte.

Muchas de las personas que peregrinan a estas sedes han estado confinadas meses, y ese paréntesis no sólo representó la oportunidad de salir sino de darle un vistazo al mundo que les fue arrebatado. Esperan ya impacientes la segunda dosis, en una vigilia menos agobiante y claustrofóbica. El miedo sigue ahí, pero la valentía igual se inocula.

Es verdad que el manejo sanitario de esta peste tiene muchos claroscuros, como la ilógica decisión de negarle la vacuna al personal médico de centros de salud privados  o la postura federal —egoísta y soberbia— sobre el uso del cubrebocas, desdén inexplicable; sin embargo, es de reconocer que este inicio de vacunación masiva es uno de los pocos episodios luminosos en la negra noche del coronavirus.

El día D de nuestra generación ya comenzó, y aunque llevará tiempo, atrás quedó el temor de las trincheras; surfeamos en la tercera ola, pero ya con la semilla de la certeza de que la marea amainará.

Llama la atención que sólo personajes vinculados a Morena —ya sea intoxicados por teorías de la conspiración, como Mario Mex, o motivados por el oportunismo y ante un discurso vacío, como Verónica Camino— han denunciado fines partidistas en este proceso. Estas posturas, en realidad, demuestran precisamente lo contrario: son ellos los que usan —y abusan— de este tema con el objetivo de cosechar votos, buitres de la necesidad, carroñeros de la miseria.

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Edición: Emilio Gómez

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