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De vuelta a clases

Editorial
Foto: Reuters

Luego de varias semanas en las que las cifras de contagios, de hospitalizaciones y fallecimientos por el coronavirus se han mantenido a la baja, han empezado los preparativos para la reactivación de las actividades educativas presenciales en todos los niveles de la enseñanza en la mayor parte del país, empezando por Campeche, Coahuila, Chiapas, Veracruz, Tamaulipas, Nayarit y posiblemente Jalisco, en tanto que la Universidad Nacional Autónoma de México ha anunciado el regreso paulatino a clases presenciales “para los próximos días”.

Debe señalarse, por principio de cuentas, que la suspensión de la enseñanza en los planteles, adoptada el año pasado, fue una decisión fundamental con el objetivo de reducir la movilidad de la población en general, en la medida en que sacó de las calles y edificios públicos a maestros, alumnos y ciudadanos que, en su calidad de padres y madres de alumnos, debían realizar diversas tareas fuera de sus domicilios.

La disposición fue contundente, además, con el fin de preservar de los contagios a millones de menores y de jóvenes que habrían podido infectarse en sus centros escolares.

La suspensión de las actividades presenciales educativas ha sido, por cierto, desastrosa para la preparación de los educandos. Ni México ni ningún otro país estaban preparados para mudar las clases al ámbito virtual, pero aquí la pobreza, las carencias de infraestructura de telecomunicaciones y el hacinamiento de muchos hogares multiplicó las dificultades para cumplir los programas de enseñanza.

Para los estudiantes, niños, adolescentes y jóvenes, el saldo negativo del confinamiento no se ha limitado a lo pedagógico. La prolongada pausa del universo escolar los privó de su principal espacio existencial y derivó para muchos de ellos en problemas de equilibrio emocional y de rispidez o violencia en el ámbito familiar.

Así pues, es incuestionable la urgencia de retomar a la brevedad posible, y en tanto las condiciones sanitarias lo permitan, las clases presenciales en escuelas y universidades. Incluso en la lógica de impulsar la reactivación económica, el país necesita a sus estudiantes en las aulas.

El vasto trabajo empieza por culminar la vacunación de poco más de un millón de personas (de un total de tres millones) que se desempeñan en el sector educativo y aún no han recibido la inoculación, una tarea que se inicia hoy en la Ciudad de México. Pero se requiere también el diseño y la aplicación cuidadosa de normas sanitarias y la preservación de las medidas de distancia social para prevenir un rebrote de la pandemia, acciones de limpieza y mantenimiento de los planteles y su repoblamiento ordenado.

En suma, la reactivación de las actividades educativas representa un desafío nacional de primer orden, porque debe realizarse pronto, pero sin arriesgar a la población a una nueva oleada de contagios. Por el bien del país, cabe esperar que las autoridades educativas de todos los niveles y entidades, los propietarios de escuelas particulares, los cuerpos de profesores y el personal administrativo, los padres de alumnos y los propios estudiantes logren la coordinación y la colaboración requeridas.

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Edición: Ana Ordaz 


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