Manuel Iris, el papá poeta

'Lo que se irá' es el reciente poemario del escritor peninsular
Foto: Rodrigo Díaz Guzmán

Aída López Sosa 

 

Todo el que tenga un hijo ha experimentado con su nacimiento cambios en la percepción del mundo. Las prioridades se reconfiguran, los miedos se concientizan, nuevos temores aquejan, el sueño ya no es igual, la vida es otra. Manuel Iris poetiza estas transformaciones desde su paternidad amorosa: Olivia es su musa. En un ejercicio de introspección reflexiona acerca de sus aprensiones por el mundo que habitará, un lugar con desigualdades e injusticias, horrores que ella irá descubriendo sin opción. Su nena y la escritura son “Dos poemas”: “…el poema de silencio se completa” cuando la tiene sobre su pecho adormecida con los latidos de su corazón.

Lo que se irá (Cuadrivio, 2021) es el reciente poemario del escritor peninsular desde el extranjero -Cincinnati, Ohio- o The Parting Present. Aborda la muerte, migración, teología, trabajo e identidad.  El miedo se conoce cuando sabes que tu muerte ya no es solo tuya, dice Manuel, quien revela cómo sus espacios físicos se fueron transformando durante la espera, pero lo más significativo es la nueva dimensión que ha tomado su escritura. “…yo sería capaz de renunciar a la poesía a cambio de tener dentro de mí a mi hija…”  escribe en el poema “Testigo”, ante tal imposibilidad se conforma con observar el misterio de la gestación, “…un milagro tantas veces repetido es un milagro y nada menos”.

Al poeta le preocupa el racismo y la migración, por el color de piel pueden dejarte morir o enjaularte, “…pero resulta que a veces la muerte es el consuelo de los inmigrantes…” escribe en el poema “Elegía y bienvenida para mi padre, a cuyo entierro no pude acudir”: “Papá, esta mañana no te despertaste y yo no me despido”.

Manuel Iris es un escritor disfrutando su paternidad, Olivia ocupa su mente y sus ojos; lo tiene colonizado, dice. “El amor recién descubierto no me dejaba otra opción”, explicación a las pausas que se permitió en la escritura para contemplar sus manitas. Es un papá comprometido que le escribe a su hija desde su presencia cariñosa, tema ausente en la literatura sin explicarse el motivo; ignorado también en la academia. “Terrible pérdida para la Literatura, el cuidado de los hijos podría ser un subgénero de la poesía amorosa ¿por qué la paternidad ejercida con amor se escapa tanto de ser escrita?, al respecto cuestiona si no es un reflejo que va más allá de la página.

Manifiesta la urgencia de que la palabra “amor” sea refundada, si bien en el caso de las madres escritoras sí existe un puente entre las letras y la crianza, no sucede lo mismo con los escritores. En este sentido considera que es momento que el género masculino inicie la búsqueda desde su rol. Justifica la ausencia de ternura en la palabra escrita del hombre por el patriarcado que la ha cercenado para ocultar su vulnerabilidad por ese amor sin erotismo: “La conquista de la ternura es una expresión de libertad creativa que no debe seguir aplazándose”, afirma.

Manuel Iris, con libertad creativa, explora lo matices de la progenitura. Está en la búsqueda de respuestas entre las antípodas de la realidad: la felicidad y el horror. Hoy su beba está contenta pero no tardará en descubrir que “no es igual, aunque lo sea” (“Una niña saluda desde un balcón y el mundo le contesta”). Posee “un escritorio donde a veces sucede la poesía, incluso este verso, pero respuestas, no” ante las crueldades cotidianas.

Después de Lo que se irá el escritor confiesa que quedó vacío, el poema abrió la herida y ha brotado el silencio.

 

Edición: Laura Espejo