Un manifiesto por la lectura

Es un llamado a la unidad en torno al libro y su importancia
Foto: Juan Manuel Valdivia

A Irene Vallejo la Federación de Gremios de Editores de España le encargó en febrero de 2020 escribir un Manifiesto por la lectura, algo que podría asegurar resulta de suma importancia para todas las lectoras y los lectores del mundo, y más si se pretende que sea la voz que acompañe un Pacto de Estado por la lectura y el libro. Así, en plena incursión de la pandemia de Covid-19, que ya impactaba las ciudades europeas y que poco después llevaría justamente a España e Italia a convertirse durante semanas en unas de las naciones más afectadas, el encargo llegó a buen final y hoy nos permite reflexionar sobre todo aquello que nos provoca el acto de leer. 

A través de nueve breves apartados a tipo de ensayos, Irene nos presenta la utilidad de la lectura, tanto para quienes se desarrollan en el ámbito intelectual y cultural como para todo hombre o mujer que disfrute de acompañar sus momentos íntimos con una obra en sus manos sin importar el género del que se trate, ya que al fin de cuentas, la principal función de los libros es acercarnos a la diversidad de mundos que tienen lugar al interior de las mentes y sociedades humanas, reconociendo también, que si bien la gran mayoría de las personas disfruta de leer en soledad, esto no significa que practicar la lectura sea un acto solitario, debido a que en realidad lo que hace es acercarnos a la posibilidad de conocernos y comprendernos en el devenir de los siglos y las geografías; la lectura es un diálogo constantes en la historia humana.

 

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Es esta misma diversidad que nos hace tan humanos a la que se evoca al mencionarse que “nuestra auténtica fortaleza es creativa” y que “las palabras son un hechizo cargado de futuro”. La síntesis de la evolución humana descrita con belleza nos inspira para reconocer que siempre “lo imposible debe ser soñado primero, para algún día hacerlo realidad”. La lectura es también una de las herramientas más trascendentales de la utopía al aproximarnos a la libertad anhelada, el acto de leer puede ser una práctica transgresora del canon social y moral, ejemplos de lo anterior abundan en la memoria colectiva como en los propios libros, las quemas efectuadas por las dictaduras y la persecución de los escritores y escritoras y, más aún, la invisibilidad por siglos de las mujeres dedicadas al quehacer de la palabra, son señales de la relevancia que han adquirido los libros y la lectura en las diferentes épocas. Por ello, como bien se afirma en el Manifiesto por la lectura “la máquina del tiempo existe: son los libros”. 

La lectura tiene múltiples funciones para el ser humano, y aunque es un placer culposo del que no debe sentirse prejuicio al practicarse, la verdad es que su repercusión a lo largo de la historia va mucho más allá de la satisfacción individual, ya que leer ha contribuido a mantener la memoria viva de pueblos y culturas avasallados por la violencia y la negación, así como también contribuye a resarcir las heridas del alma. El Manifiesto por la lectura es un llamado a la unidad en torno al libro y su importancia, algo urgente en estos tiempos aciagos que atravesamos, en los que sin duda los libros representan la esperanza. Aunque es necesario reconocer en pleno siglo XXI, que, si bien los textos impresos siguen siendo el principal y más bello medio de interacción para la lectura, ya existe una diversidad de soportes que nos acercan al mundo de las letras, pluralizando la posibilidad del disfrute de una obra en cualquier rincón de nuestros mundos. 

En lo personal sigo disfrutando la lectura entre mis manos, como la caricia del cuerpo seducido, en algún recóndito lugar con aroma a café, al igual que valoro el intercambio de lecturas entre amigos y amores. Al fin y al cabo, en el acto de leer siempre subyacen nuestros intereses e íntimos deseos, y creo firmemente, que la lectura y los libros manifiestan la vigencia de la humanidad… 

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Edición: Ana Ordaz