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En los interiores de la Princesa

Un ballet sincronizado es testimonio de las maravillas del ingenio humano
Foto: Margarita Robleda Moguel

Acabo de cumplir un mes navegando en el Royal Princess por los mares de Oceanía con días de frente para arribar al final del recorrido en Sídney, Australia.

Los 17 días en mar abierto propiciaron alimento a mi curiosidad e imaginación y cuando le pregunté a uno de los meseros: “¿Cuántas servilletas se lavan de los más de 3 mil pasajeros comiendo tres veces al día?” Y el señor me miró como si le hubiera hablado una marciana, decidí seguir investigando. Su cara me hizo ver cómo al vivir sin preguntas que nos sacuden, la juventud se va diluyendo, por más que los cirujanos intenten hacer magia.

Al día siguiente conocí a la responsable del lavado y me dijo que tres turnos trabajan 24 horas los siete días para surtir de toallas, sábanas, edredones y servilletas, entre otros, a las mil 780 habitaciones, ya sean cabinas o suites familiares y los camarotes de la tripulación, que luego me enteré, son de unas 60 nacionalidades.

Las preguntas comenzaron a surgir una tras otra. ¿Cómo consiguen agua? ¿Cómo se surten de víveres? ¿Cuántas toneladas por día? ¿Cómo diseñan los menús y cocinan para tantos? ¿Cuánto personal se necesita para realizar este increíble ballet que va embonando actividades una tras otra según lo programado?

En “Atención al público” me dieron información donde me enteré que la Princesa que me traslada por la Polinesia es enorme: bella por dentro y por fuera. Mide 330 metros de longitud y tiene capacidad de trasladar 3 mil 560 pasajeros y mil 345 miembros de la tripulación, alcanzando una velocidad de 22 a 23 nudos.


Foto: Facebook Margarita Robleda

Impresiona la capacidad de organización para ofrecer los alimentos que satisfarán a la gran variedad de viajeros; todos están incluidos: veganos, amantes de la carne, pastas, y una infinidad de variedades de especies y guisos, de ensaladas y frutas variadas y deliciosas. En la piscina hay helados, pizzas y hot dogs y en el piso cinco, hay un sitio donde ofrecen postres y sándwiches deli las 24 horas del día. No faltará alguien que tenga además de insomnio, hambre.

Es increíble ver circulando a los de la cuarta edad, con bastones o sillas de rueda eléctricas, solos o acompañados, gentiles y sonrientes, dispuestos a arrancarle a la vida un último suspiro. ¡Qué entusiasmo el suyo! ¡Gran ejemplo de valor y ganas de vivir!

¿Cómo llenar el día de altamar? En el App está el programa para todos los gustos, desde conferencias, talleres, bingo, hasta samba, y clases de cha, cha, cha; rompecabezas en la biblioteca, películas, concursos y casino. Los grupos musicales aparecen para amenizar con distintos géneros. Una pareja  me comentó que lleva 10 años viajando con su taller y espectáculo hawaiano.

En el piso siete donde hay tiendas, bares y sillones con ventana al mar, se encuentra la gente reunida en grupos que charlan, duermen, tejen, leen, juegan cartas. En los pisos 16 y 17, los ávidos  de sol, se tuestan sin preocupación y disfruta nadar, leer y ver películas, mientras los meseros se esmeran en servirles cervezas y margaritas.  En ese espacio se hacen fiestas de actividades y competencias como el día que cruzamos el Ecuador. 

El comedor tipo bufete, tiene capacidad para 800 personas y que, con su diseño proyecta cálida amplitud, donde la gente comparte mesa y se inician amistades mientras se disfruta la excelente comida que preparan los más de 500 chefs y ayudantes en enormes cocinas de los pisos quinto y sexto donde surten también a los restaurantes en los que se visten de gala los comensales para cenar y después se van al teatro o a bailar.

Es increíble la gentileza y ánimo del personal, siempre atentos a ayudar. El trabajo es pesado, pero hay gente que tiene más de 15 años a bordo y después de ir de vacaciones a casa, elige regresar. La mayoría son filipinos, pero también hay hindús, africanos, croatas, peruanos, colombianos y mexicanos, entre otros. Todos ellos ciudadanos del mundo con alma de navegantes, incluyendo al capitán que es italiano. 

El Royal Princess es una muestra de lo que el hombre con su talento aún es capaz de propiciar la Paz y la convivencia internacional. En este caso, todo está diseñado para hacer sentir al pasajero en casa y ciudadano del mundo. Y a mí, de mantener viva la juventud a través de mi curiosidad.
Lea, de la misma autora: Oceanía asombrosa

Edición: Fernando Sierra


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