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Foto: Víctor Camacho

La Ciudad de México vivió el pasado fin de semana una jornada de protestas contra la gentrificación en algunas de sus zonas, como las colonias Condesa, Roma o Chapultepec. La marcha del viernes incluyó expresiones xenófobas y ataques a negocios que ayudan en muy poco a exponer el problema real y los intereses que han provocado la expulsión de miles de personas de sus lugares de residencia.

Culpar a los extranjeros o a los nómadas digitales del desplazamiento de la población originaria es quedarse en la superficie del problema. Detrás del aumento desmedido de la demanda y el incremento artificial de las propiedades en renta están grandes intereses económicos que incluso superan a las plataformas digitales a través de las cuales se ofrecen departamentos, casas, y no solamente recámaras o “un colchón de aire y el desayuno”.

El tema de la gentrificación es mundial. Ahí están Madrid y Barcelona, con toda una generación de profesionistas “mileuristas” a quienes no les alcanzan los ingresos para alquilar un piso, y encuentran atractiva la opción de volverse “okupas”; es decir, invasores de predios, con todos los riesgos que esto conlleva.

El golpe de realidad conduce a concluir que las plataformas que surgieron como una opción de economía colaborativa como Uber y ahora AirB&B se desvirtuaron muy pronto y ahora son más una opción para prestar un servicio paralelo al formal, y sin las obligaciones fiscales y laborales que deben ofrecer los gremios de taxistas y el sector hotelero.

Este lunes, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo indicó que “hay mucha especulación inmobiliaria por la renta de vivienda a través de plataformas digitales” y que esto no es aceptable. Y necesitamos hablar, entonces, de que esa especulación no es solamente en la capital del país, sino que está en todo el territorio nacional, haciéndose sentir en los principales destinos turísticos y en estados como Yucatán, donde el adjetivo “mágico” empleado para describir un asentamiento se ha vuelto sinónimo de gentrificado.

En Mérida, es posible recorrer varias cuadras del primer cuadro y hallar por lo menos seis casas a cada lado de la vía, con los característicos candados que identifican a la propiedad como afiliada a la plataforma AirB&B. Esto significa que los vecinos de los seis barrios del centro histórico se han ido de ahí, abandonando lugares identitarios como los mercados, templos religiosos, cantinas tradicionales, y hasta escuelas tanto públicas como privadas. Si en la Ciudad de México, el Café Trevi, en la Alameda Central, cerró por la gentrificación (aumento a las rentas en el edificio donde estaba ubicado), el futuro parece muy similar para otros negocios queridos por los yucatecos.

La xenofobia no hará más difíciles las cosas para quienes buscan lucrar con las rentas. A fin de cuentas, a los grandes fondos que están detrás de las plataformas les importa muy poco el deterioro social de las colonias y barrios; el idioma que hablan es el del capital y los rendimientos, y de esto, los habitantes originarios tienen algo de culpa: hace 20 años, la conversación en torno al centro histórico de Mérida era de los muchos edificios en ruinas, de cuántas casonas se encontraban intestadas o era sumamente complicado convencer a los propietarios para que participaran en el programa municipal de recuperación de fachadas. Luego, estos mismos pusieron sus esperanzas en que “un gringo compre mi casa en Santiago”, lo que dio pie a un conflicto que continúa latente, en cuanto a la vida en los barrios meridanos.

La misma especulación se ha trasladado a la costa yucateca y a las comisarías del norte de Mérida, y en nombre de la descentralización económica del estado, ya ronda los municipios cercanos a la capital yucateca. 

Abrir el espacio social a la convivencia entre personas de distintos orígenes, siempre que ésta se dé en un ambiente de respeto mutuo, será enriquecedor para todos. Lo que está ocurriendo es que quienes ven en plataformas como AirB&B, Booking.com o Expedia la oportunidad de obtener dólares o euros muy fácilmente, y cuentan con más de una propiedad disponible para tratar de conseguir un ingreso a través de rentas supuestamente vacacionales, y sin pagar ni siquiera licencia de funcionamiento.

No es lo mismo recibir quienes huyen de guerras o persecuciones, que a quienes buscan el mayor rendimiento de sus ingresos, aprovechando el tipo de cambio, ya sea para trabajar desde su residencia en el extranjero o como jubilados. Exigir que estos retornen a sus lugares de origen no resolverá nada. Al contrario, las demandas deben dirigirse a regular las rentas y que la autoridad verifique que se cumpla con que éstas sean realmente vacacionales, y en su caso, cuando se trate de toda una casa y no una habitación, aplicar las tarifas de uso de suelo correspondientes.

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Edición: Estefanía Cardeña


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