La temporada decembrina, enmarcada por las reuniones familiares y con amigos, la llegada del tan esperado aguinaldo, la celebración de la Navidad, las grandes comilonas, los regalos, entre otras, para muchos hace de este mes uno de los favoritos del año. Un mes marcado por los buenos deseos, la esperanza del augurio de un próspero año y el comienzo de nuevos propósitos; sin embargo, ¿qué tanto impactan esos buenos deseos de esperanza y prosperidad en el medio ambiente? ¿prosperidad para quién? y ¿cómo impactan en el acuífero de Yucatán?
Diciembre es una temporada del año en la que también se acostumbran a hacer balances sobre ciertos tópicos que, para cada interés, son relevantes. Para el equipo de ambiente y sociedad del ORGA, la gobernanza y la calidad del agua en Yucatán han sido ejes centrales de análisis, por lo que en estas líneas se plasma un breve recuento sobre la tensión entre la contradictoria del discurso de la prosperidad para la industria avícola y su impacto en el acuífero de Yucatán para el cierre del año 2025.
De acuerdo con información de Jaltún (2025), a inicios de este año se registraban 3 tiradores clandestinos de desechos avícolas en el poniente del Estado de dos de las grandes productoras avícolas que se han establecido en la entidad, Bachoco y Crío. Estos espacios son el sitio de disposición final al que arriban camiones volqueteros con cadáveres de aves que, son dispuestos a cielo abierto sin ningún tipo de tratamiento o control fitosanitario, lo que se traduce en un daño para la salud pública y ambiental.
Los vertederos clandestinos operan pese a que, en lo que va del año, se han realizado 6 denuncias por colectivos vecinales y organizaciones defensoras del territorio contra Bachoco y Crío. Al cierre de este año, tan solo en la cercanía de Kinchil se ha localizado al menos 8 tiraderos ilegales, que han sido señalados por pobladores y colectivos, que ven sus señales iniciales en el hedor a podredumbre en el aire y el agua, la proliferación de moscas que causan un impacto negativo en las milpas tradicionales y apicultores locales que se suman a las y los afectados. La situación es crítica, ya que, hasta el momento, pese a las denuncias y movilización, no ha habido medida alguna que clausure estos sitios que reciben hasta 8 camiones volqueteros con alrededor de 10 toneladas de desechos por día. En contraste con la inminente contaminación generada por estos espacios de impunidad, Bachoco registró en el primer semestre del año ventas por 51 mil 700 millones de pesos.
La narrativa de la prosperidad no puede seguir midiéndose solo en cifras de producción o en dividendos corporativos, mientras los cuerpos de agua que sostienen la vida en Yucatán se degradan sin consecuencias para quienes lucran y se sirven del daño ambiental. Resulta imperativo propiciar una gobernanza del agua entre todos los sectores involucrados. El cierre de 2025 nos exige repensar qué entendemos por desarrollo, prosperidad y bienestar. No puede existir una economía próspera sobre un ecosistema enfermo. Hablar de esperanza en estas fechas debería implicar también la esperanza de un territorio que respire, de un acuífero que sane y de comunidades que puedan construir su futuro sin miedo a beber la contaminación. La verdadera prosperidad será aquella que reconcilie al agua con la vida, no la que la convierta en su vertedero.