Opinión
Óscar Muñoz
19/01/2026 | Mérida, Yucatán
Las consecuencias de fortalecer el cerebro a través de la lectura son tan variadas, que habrá que referirlas por grupos: primeramente, leer favorece que las diversas zonas cerebrales se conecten unas con otras, reduciendo así los riesgos de padecer Alzheimer; enseguida, estimula la empatía y las emociones mediante los textos literarios, y, por si fuera poco, ofrece un mejor rendimiento escolar al desarrollar la capacidad de aprendizaje. Esta última circunstancia, a su vez, repercute en diversos aspectos de la formación de las personas.
La mayoría de la gente sabe muy bien que la lectura proporciona conocimientos diversos, que, según el tipo de textos, pueden ser históricos o científicos. Esta situación muchos la refieren como “leer te hace más culto”, y están en lo cierto: la lectura es el mejor medio para saber de unos y otros contenidos, y se puede regresar a ella cuando sea necesario, sin menoscabo de recurrir a videos y otros medios, aunque estos servirían ya sea para confirmar los conocimientos obtenidos en la lectura o para despertar interés de saber más en los libros.
Otro aspecto que se ve beneficiado es el lenguaje de las personas. Si bien a través de los textos el lector obtiene conocimientos de todo tipo, no deja de hacerlo a través del lenguaje. El texto de un libro está hecho de palabras, lo cual repercute, se quiera o no, en el conocimiento del lenguaje escrito. En consecuencia, el lector ampliará inevitablemente su vocabulario y sabrá cada vez más la ortografía de las palabras. Muchos especialistas en la materia, afirman sin dudas que la mejor manera de aprender la ortografía de las palabras y la sintaxis de oraciones es a través de la lectura.
Derivado de lo anterior, los lectores habituales generalmente son más precisos en la escritura de sus textos. Además de ello, llegan a ser más elocuentes en su comunicación verbal, es decir, cada vez que hablan con alguien en particular o ante un público, logran hacerlo con la suficiente claridad y la fluidez necesaria, y llegan a ser muy convincentes y persuasivos al hablar. Habrá que tener en claro que la elocuencia no significa complejidad, sino todo lo contrario: sencillez, además del impacto que provoca y la conexión emocional ante los demás.
Por otra parte, leer textos extensos permite entrenar el pensamiento en la reflexión, algo que no sucede cuando son leídos los mensajes de WhatsApp. La lectura de mensajes implica una especie de escaneo, por lo que casi siempre impide la cavilación. Además, la lectura incrementa la imaginación, que sucede principalmente con los textos literarios, ya sean novelas, cuentos o poemas. Por lo que, si el pensamiento y la imaginación son entrenados en la lectura, las personas podrán encontrar con mayor facilidad soluciones ante los diversos problemas que se les presenten.
Ahora bien, el alejamiento actual de la lectura se debe, principalmente, no a la falta de disciplina personal, sino al mundo tecnológico en el que todo mundo está inmerso. En primer lugar, el cerebro de la mayoría de las personas está sobre estimulado: durante el día, la gente recibe infinidad de mensajes y notificaciones, las cuales revisa cada vez que tienen la oportunidad de hacerlo, lo que provoca una adicción a los dispositivos electrónicos. Esta es una de las razones que impiden a alguien que se tome un tiempo para la lectura: el cerebro no puede cambiar tan rápido de escanear mensajes a leer un texto completo.
Por lo anterior, las personas tendrán que enfrentar decididamente las dificultades que les impide tomarse el tiempo necesario para leer, tales como revisar mensajes de WhatsApp, subir un post en Facebook, subir imágenes en Instagram, ver la temporada de Netflix, etc. Así que habrá que decidir, leer, y leer donde sea (no en el mejor espacio, que no existe) y en cualquier momento (no el mejor instante, que nunca llegará). Leer no necesita planeación ni condiciones especiales, sólo requiere crear una especie de ritual, en el que habrá que apagar el teléfono para desconectar el cerebro de la sobre estimulación, y no habrá, entonces, más que leer.
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Edición: Estefanía Cardeña