Opinión
Ornela De Gasperin Quintero
21/01/2026 | Mérida, Yucatán
El discurso de los medios de comunicación hegemónicos es que el Sur Global está en ‘vías de desarrollo’ y está ‘alcanzando’ al Norte Global. Según esta narrativa, cada nación es independiente y su riqueza o pobreza depende de sus decisiones y de las capacidades de sus instituciones.
Este discurso gringo-euro centrista termina echándole la culpa a las naciones en situación de pobreza de su pobreza, y exime a las colonizadoras de su pasado y su presente.
Empezando por la colonia, Europa y Estados Unidos robaron materias primas y trabajo humano. Por ejemplo, al final del comercio de esclavos, hasta 15 millones de personas africanas fueron trasladadas a Estados Unidos (cerca de 2.5 millones de personas murieron en el viaje). Los Estados Unidos se beneficiaron con más de 220 millones horas de trabajo gratuito entre 1619 y 1865, o con 97 billones de dólares, considerando el salario mínimo de Estados Unidos.
Además, las naciones colonizadoras explotaron terreno de las colonizadas. Por ejemplo, Gran Bretaña tuvo alrededor de 12 millones de hectáreas para plantar algodón en sus colonias (el doble de la tierra cultivable en Gran Bretaña). La tierra y el trabajo robados les permitió dirigir su capacidad económica hacia la industrialización.
Las instituciones financieras fundadas por los países del núcleo económico, castigaron a las naciones que recién obtenían su independencia. Cuando Haití se independizó en 1825, Francia demandó una indemnización de 150 millones de francos, por ‘perder’ esclavos e infraestructura. Los pagos que hizo Haití equivalen a 560 millones de dólares actuales. En 2004, EUA y Canadá orquestaron un golpe de estado en Haití, y el año pasado, el huracán Melissa, potenciado por el cambio climático generado por el Norte Global, destruyó comunidades enteras en Jamaica, Cuba, República Dominicana y Haití, donde dejó a seis millones de personas afectadas.
Haití sigue siendo la nación más pobre de América Latina; se encuentra entre los cinco países con mayor inseguridad alimentaria a nivel global, con más de 5,7 millones de personas sin suficiente comida diaria.
Mas allá del pasado, los medios ignoran u olvidan el presente.
Después de que las naciones colonizadas lucharan por su libertad, y se incorporaron a la economía global, fueron sometidas a ser exportadoras de materias primas, pero los productos eran manufacturados en países europeos. Esto obligaba a las naciones a comprar bienes industrializados caros como acero, productos químicos, o equipo eléctrico. Un ejemplo claro es la gasolina; por años México exportaba petróleo e importaba gasolina.
Los materiales ya procesados se cotizaban y se cotizan en monedas ‘fuertes’ como en libra esterlina o dólar americano, no en quetzal guatemalteco. Al no tener la capacidad de transformar materias primas en bienes industrializados, muchas naciones tuvieron que pedir préstamos a las instituciones financieras internacionales al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional, sobre todo en las décadas de los años 80 y 90 del siglo pasado.
Para dar préstamos, el BM y el FMI demandaban ‘ajustes estructurales’, que incluían privatizaciones, liberalización del comercio (quitar regulaciones de gobierno), reducción de impuestos a empresas, y apertura a la inversión extranjera. Además, los préstamos venían con intereses compuestos (en donde los intereses generan intereses), lo que hace que las deudas siempre crezcan y se vuelvan ‘impagables’. Estas políticas han llevado a que las naciones que en su momento fueron colonias, hoy estén esclavizadas por deudas. Hoy en día, 3.3 mil millones de personas, casi la mitad de la población humana, vive en países que gastan más en ‘deuda’ que en salud/educación.
Estos ajustes estructurales han permitido que empresas extraigan materias primas y hayan trasladado su producción industrial al Sur Global, aprovechándose de los bajos salarios de esos países. Esto ha llevado a que los salarios del Sur Global sean entre 87 y 95 por ciento más bajos que los del Norte para trabajos de igual cualificación. Los trabajadores del sur aportan 90 por ciento del trabajo que impulsa la economía mundial, pero solo reciben el 21 de los ingresos globales.
Al final, el flujo de dinero se da del sur al norte: por cada dólar que va del Norte al Sur Global en forma de ‘ayuda’, treinta dólares van del sur al norte.
¡No hay justicia climática sin justicia social!
Edición: Fernando Sierra