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del

Memorias de familia

Noticias de otros tiempos
Foto: La Caricatura, 5 de marzo de 1938

Se dice que no hay historiador al cual su madre o abuela no le haya rogado que evite hacer búsquedas sobre sus familiares en los archivos. Acto seguido, apenas llegan al centro de referencias, las súplicas se olvidan, y aquello que se pretendía que permaneciera en el olvido, vuelve a la memoria familiar con un nuevo significado. En otras ocasiones, la parentela suele saltar de entre los documentos mientras se está localizando otro tipo de información. Esta es una experiencia única porque suele permitir una comunicación a través del tiempo, especialmente cuando las referencias sobre el familiar hallado no son muchas, y en unas cuantas líneas puede haber muchos descubrimientos.

En sus primeros años, el semanario La Caricatura incluía una columna llamada “Taurinas”, firmada por “Modestuelo”. En el número correspondiente al 5 de marzo de 1938, el autor entrevista a un personaje del cual también menciona la ascendencia, así que resulta más que identificable a pesar de no mencionar su nombre en el título y sí referirlo como “El Chino Tió, el más formidable mozo de estoques de Yucatán”.

Por supuesto, el apellido llama. Modestuelo dialoga con el lector, que seguramente vio primero el retrato al extremo izquierdo y llama su atención: “Ahí lo tenéis, es un buen mozo. ¿Verdad que sí?” Aunque ese buen mozo ya era un hombre casado, padre de cuatro hijos, dos varones y dos mujeres, que rondaban ya las dos décadas. “Cualquiera al verlo pensará que es el tercer hijo de los reyes de Inglaterra. Tal es su caché. Pues no señores, es el tercer hijo del honorabilísimo matrimonio Tió -Pérez. Sangre cubana y ticuleña por sus venas corre. Nació en Ticul, que como él dice, “después de Ticul, París”.

Y la columna no puede ser menos evidente: su contenido es sobre la fiesta brava, cuya afición se recuperaba por esas fechas, luego de que fuera prohibida por los constitucionalistas y vuelta a permitir en la década de 1920 por el general Álvaro Obregón. No olvidemos que la Plaza Mérida es una de las más antiguas en México y data de esos años. Ahora, ¿mi bisabuelo era tan aficionado? Mucho más que eso, según el autor. Baste mencionar que el mozo de estoques no forma parte de la cuadrilla del torero, “pero es la figura más próxima al matador”, mencionan portales especializados, “pues es quien le aconseja y comparte sus éxitos y fracasos”, aparte de ser quien se encarga de que el traje, capote, muleta y espadas se encuentren en excelentes condiciones, y otras cuestiones administrativas antes y después de la faena.

La entrevista se dio en la Plaza Principal de Mérida, un día a las seis de la tarde. Lamentablemente, por cuestión de estilo, el entrevistador no comparte sus preguntas con los lectores y únicamente deja puntos suspensivos entre signos de interrogación. Eso sí, la “logorrea” de Elmiro Tió -cuyo nombre no se menciona en ningún momento - pasa por varias experiencias, desde su inicio como taurino: “Sí, desde que soy muy chico jugué a los toros en el matadero viejo, y he de decirle que entre los chicos de aquel entonces siempre fui muy buen toro, pero también cuando me tocó mi suerte fui un mal torero y me dejé coger en más de una ocasión. Esto no me gustó y resolví dejar de ser torero, prefiriendo siempre ser toro, ya que las cornadas las dan éstos y las cogidas las reciben aquellos. Más de un disgusto le di a mis papás y a mis hermanos por esta mi afición desmedida, pues con ella destrocé mi alcurnia, rompí mis finos blasones y de aristócrata me hice mozo de estoques. debo decirle, entre paréntesis, que también fui soldado y estuve a las órdenes del Gral. Bravo en Santa Cruz, pero entre una matanza y otra, preferí la de la fiesta brava”.

Lo que se puede asegurar es que la alcurnia y los finos blasones de aristócrata nunca hubo nada. Es más, al emparentar con los Domingo, las tías de su esposa Guadalupe se referían a Elmiro y parentela como “los de Ticul”, en tono despectivo; así que debieron existir varios conflictos entre estos cubanos y yucatecos que presumían descender de encomenderos. La parte de haber servido en el ejército federal durante la ocupación de Chan Santa Cruz es una historia de la que ésta es la única referencia.

Pero, ¿a qué se dedicaba El Chino Tió? Había sido mecánico, y luego, gracias a su suegro, cajero de la Tesorería en el gobierno del estado. Pero como mozo de estoques tuvo otra trayectoria, habiendo servido primero a Carlos García, “quien fue el torero chipen, chipen [sic], que vistió el terno de luces después de reanudadas las corridas y en la época del Gral. Obregón”. Enganchado en el oficio, agrega, “me di a estudiar los caracteres de los diestros a quienes la fortuna me iba hacer servir”.

Y vaya que recordaba toreros, “aunque no sea en orden”: “Llaverito”, Navarro de Brenes, “Angelete”, “Rodalito”, Luis Freg, Juan Luis de la Rosa, Pedro Carranza, “Alcaraleño”, José Ortiz, “Cagancho”, “El Gallo”, y a “too aquer rasimo de ejtrella furgurante de la macha fiejta”, remataba pretendiendo imitar el acento andaluz. 

La plática siguió, criticando a quienes eran conocidos por el oficio de mozos de estoques por entonces. Se notaba que don Elmiro ya no era la figura de otros tiempos, pero eso es cosa… de enviarle un abrazo hasta donde esté, a través del tiempo.





Edición: Estefanía Cardeña


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